trabajador de Luz

EL ESPEJO DEL COVID-19

El presente episodio de crisis sanitaria que estamos viviendo puede verse como una oportunidad. Esta visión se está popularizando cada vez con mayor firmeza. Una oportunidad para reinventarnos, redescubrirnos. Pero hablar en estos términos es estar hablando de futuro, de deseos, de resultados. Y del futuro nada sabemos. Por definición ni existe, de modo que el barro que salga de estos lodos ya lo veremos.  Eso en primer lugar. En segundo, no puede haber reinvención, redescubrimiento si primero no disponemos de la materia prima sobre la que moldear. Sin tomar conciencia del punto del que partimos.

Para mí, lo que el presente episodio de crisis sanitaria sí es, es un espejo. Un espejo del presente, que está mostrando fielmente, sin trampa ni cartón, el retrato de cuáles son los valores y pilares en los que se fundamenta nuestra vida y nuestra sociedad. Cómo es de verdad el mundo en que vivimos.

Resulta fácil hace el listado. El voraz Sistema macroeconómico pretendiendo seguir devorando, como aquel Saturno de Goya, a sus hijos, aquellos a los que decía “es por tu bien”. Las estructuras políticas de supuesto hermanamiento y unidad común dando la espalda a los otros. Gentes con quejas buscando tretas para seguir manteniendo sus vidas, a costa de la de los demás y de la suya propia. Al otro lado del puente, los esfuerzos de quienes siempre estuvieron ahí, fuera del Sistema, ignorados por el Sistema o maltratados por el Sistema. Las manos silenciosas, las vocaciones verdaderas, el Amor al Otro y la sociedad consciente, la del Abajo, sostenedora del brillo de los valores puros, aquellos que de verdad nos hicieron avanzar como Sociedad y siguen siendo los pilares en los que se sustenta la esperanza y la Humanidad.

Resulta difícil no entrar en el juego. Que la mente o la emoción los grandes distorsionadores de la realidad no deformen este espejo para hacernos ver, en cóncavo o convexo, su propia visión interesada. La mente, en realidad, no puede salir de ella y teje siempre su lana con los colores que únicamente tiene. De la emoción, qué decir… Nos la proporcionan los colores de la mente, “la loca de la casa” que decía santa Teresa. Sin embargo si anteriormente hablábamos de no jugárnosla a una proyección de futuro de la que nada sabemos, tampoco nos quedemos mirando hacia afuera. El exterior simplemente observémoslo. Con la distancia que da ver el mundo desde el cristal del balcón y saber que la vida está en casa. Sin valores, sin juicios, sin proyecciones, conectemos con nuestra Presencia. Es el verdadero valor del confinamiento. El de la mirada hacia adentro. Sin posibilidad de huida.

El espejo ha sido puesto, no para que le preguntes sino para que te preguntes. No para observar sino para que te observes. Es tu reflejo el verdadero tesoro que debes escudriñar y eres tú el mapa que ha de llevarte hacia él. Todas las cartas están sobre la mesa. Qué te ves. Qué sientes. Qué te dices. Qué congruencia o incongruencias hay en tus pasos, en tus palabras, en tu entorno. ¿A qué realidad perteneces?  ¿Qué realidad te pertenece?

Date por seguro que jamás habremos vivido un retiro espiritual mayor.

Acuario está más vivo que nunca. Ahora, año 2020, las teorías que has leído en libros, oído en conferencias, esas que a veces has asumido como una realidad mitológica paralela, ahora se han convertido en realidad. Y toca ver dónde está cada uno. La disquisición bipolar del mundo está más viva que nunca. Luz y Oscuridad frente a frente. Es la hora. La hora del nuevo mundo. Nada volverá a ser igual a partir de ahora, por que nada puede volver a ser igual. Por ello ya no es la hora de los tibios, de los que se ocultan tras éticas blancas de medio pelo, de quienes esperan la acción del otro. La partida se juega a blancas o negras. Toca arremangarse y ser proactivos para que el lugar al que queremos ir sea el lugar hacia el que vayamos.

Es Trabajo de Luz debe alcanzar su máxima expansión, manifestándose de facto en todos los órdenes de la Tierra. Es la hora del Hombre, la Humanidad y el Humanismo. En estos dos años se sembrará la nueva etapa, pero el camino marcado habrá de recorrerse, y no será un paseo precisamente. Pero si no nos volcamos en coger el timón desde abajo hacia arriba, los derroteros hacia los que nos dirigiremos a medio plazo, a una velocidad que ni pensamos, resultarán absolutamente oscuros.

Mírate, por favor. Mírate al espejo. Y di: ¿qué mundo quieres?

Gabriel Padilla

2020. Hacia el Hombre de Acuario

  Llegamos al 2020. Sin duda uno de los años más vibrantes de cuantos hemos vivido hasta la fecha, junto con el ya casi olvidado 2012. Porque por un lado supone el colofón del proceso evolutivo que se abriera en aquél. Por otro, porque ya es la antesala del nuevo horizonte que habrá de ser el norte y guía de nuestra labor de Luz, aquí en la Tierra, en los años venideros.

  Vayamos por pasos.

  El presente 2020 cierra el ciclo de cuanto ha supuesto la andadura por este primer escalón de Acuario.

  Desde que entráramos en la Era, allá por los años 60, no es hasta 2012, como sabemos, que las energías Acuario se asientan definitivamente en la Tierra, apoyadas especialmente por la conjunción del portal 12/12/12 – 21/12/12 gracias al cual nuestra realidad 3D asumió rasgos propios de cuarta y quinta dimensión. A partir de este, no solo se anclan las nuevas directrices acuarianas sino que estas se ven facilitadas por un escenario existencial más ligero, menos denso, que permite permeabilizar como nunca antes había ocurrido las capacidades de Luz. Es el primer paso definitivo hacia el futuro hombre de Acuario. El hommo celestis. El hombre que coexiste en perfecta comunión (y conciencia) con su realidad de Luz.  Y a partir de ahí se abrió el proceso que iniciaría la andadura hacia él. Un proceso que tendría lugar entre el mismo 2012 y el presente 2020, aunque alcanzando también el futuro 2021, como puente hacia el siguiente nivel.

  Quienes me seguís a través del presente blog (pido disculpas por la falta de atención que he tenido a lo largo del presente año), o de youtube, o quienes habéis leído mi libro sabéis que este período se denominó la Llamada del Guerrero

  Han sido siete años dedicados al trabajo interno. Siete años en los que las dinámicas anuales colectivas se constituían en apoyo para dicha labor. Siete años en los que se nos ha instado y ayudado a ver todo cuanto malmetía en nuestro interior, todo cuanto comprometía la conexión con nuestra esencia, todo cuanto desviaba la manifestación de nuestro Ser. Esa es la verdadera y única batalla de todo Guerrero de Luz. Se nos instaba a pulir nuestro interior. A tomar conciencia y ser resolutivos al respecto. Fuimos llamados a recorrer las tres fases del Camino del Guerrero de Luz (vid. video.). A ser libres, el primer paso. De limitaciones, malos aprendizajes, patrones, inferencias externas, dinámicas internas… A ser conscientes, el segundo. Solo cuando hemos apartado los velos que oscurecían nuestra visión del mundo podemos se puede tomar conciencia de cuál es la realidad real en la que habito. Y ahora, finalmente, tercer paso, a ser activos. Es la clave del presente 2020. El Guerrero de Luz (transformación del interior) debe pasar a obrar como Trabajador de Luz (transformación del exterior). La Luz interior alcanzada debe manifestarse externamente en actos, pasos y palabras.

  La propia numerología resulta muy reveladora, respecto de la dinámica del año actual.

  El dos, es el número que nos trae la idea de dualidad, de lo que hay a un lado y otro del velo. El Cielo y la Tierra. El Yo Terreno y el Yo Superior. La verdad y la Verdad. Un velo que a lo largo de estos años hemos debido trabajar para descorrerlo, para que no nos mostrase realidades parciales o distorsionadas. En el presente año esta labor cobra un protagonismo definitivo por integrar definitivamente las sombras, como parte de nuestro Yo y no como antagonistas de nuestro Yo. Es el año en que nuestras realidades coexistentes (Yo Superior y Yo Terreno) podrán estar más cerca que nunca, por lo que deberemos hacer caso a nuestra intuición, entendiéndola como el lenguaje de nuestra Alma, el lenguaje entre nuestras dos naturalezas. Es hora de traer nuestra realidad de Luz a la 3D, de manifestar la Unidad del Ser. Es lo que nos dicen la suma de los dos números 2. (El 4 representa la materia, la Tierra, la manifestación terrena.) Una unidad que tiene un cometido. La energía del número 0, la semilla, lo potencial, nos lo dice: todo aquello que puede llegar a ser, debe llegar a ser. Solo desde la comunión del Ser, que es la propuesta de este 2020, podremos regar y hacer germinar la raíz de toda manifestación. El número maestro 22, presente en los dígitos, así lo avala. Su presencia determina un alto nivel de vibración por el que el Espíritu pasa a la acción creadora. (Recordemos que Dios creó el Mundo a partir de 22 nombres). Lo que nos conduce, y es la antesala del próximo período evolutivo que se dará a partir de 2021, a asumir la responsabilidad de que la Criatura pase a ser Creador. De ahí la importancia que ha tenido el trabajo interno: para no crear desde las sombras.

  Porque no hay Creación sin Unidad. Pero no puede haber Unidad sin conexión a la Fuente. Y no hay conexión a la Fuente sin Amor. El Amor, el Sumo Amor es la característica esencial de la Fuente. Mas también la propia materia de toda existencia. Todos surgimos de una extensión de Su Puro Amor. Todo surgió como una extensión de Su Puro Amor.  Es la materia que sostiene, estructura y equilibra Universo y Existencias. Luego sin Amor, no hay Creación. No hay nada. Y ese el espíritu envolvente que rige este 2020.

  Si en 2018 regía la energía del Rayo Azul, en 2019 regía la energía del Rayo Amarillo, en el presente año rige la energía del Rayo Rosa. Como ya dijimos el año pasado, la unión de los tres Rayos de la Llama Trina, los tres Rayos primigenios, sellando el proceso del Guerrero que cierra arropado con la energía del Amor Divino. La energía del Espíritu Santo, el espíritu activo de Dios. La energía de Dios-Madre, la actividad Creadora.

  Estamos ante un año puramente dinámico. Aún tratándose de la energía femenina de Dios, es una energía de Creación, de manifestación. Porque el Amor une, cohesiona, construye, equilibra, reconduce, ordena… El Amor actúa, recompone, revierte y organiza en base a la propia ley de atracción. Es un año para recoger todo lo que haya sido sembrado desde el sentir acuariano. Un año que verá florecer todo cuanto se haya hecho desde el corazón, y por corazón entiéndase “conciencia”, no emoción. Es el momento de construir. Para nosotros, pero también para la sociedad, para el colectivo. Mas no desde el quehacer individual. Las energías del 2020, como antesala de las venideras, ya nos insta a la unión y el trabajo en equipo. También a que los equipos trabajen con otros equipos. Hemos de empezar a constituir las bases de la estructuras sociales de Luz y activarlas.  Después de todo el proceso que hemos ido trabajando, la exteriorización de la Luz insta urgentemente a ser más activa que nunca y alcanzar a todos los ámbitos: sociales, económicos, políticos, medioambientales… Lo que sin duda va a suponer (nada nuevo bajo el sol) la confrontación, ahora más directa, con los obsoletos esquemas que ya resultan contrarios. Recordemos. Leamos líneas atrás: el Amor “equilibra, reconduce, ordena…” y se elevan en justicia, en el marco de este ordenamiento cósmico.

  Un año por lo tanto que se presenta intenso, vibrante y unas energías ahora ya imparables que nos llevan a todos a la acción y el compromiso, que nos sacan al ruedo de esta realidad a veces tan alejada de lo que debiera ser. El Bien debe pasar a ser un valor activo. Queridos Trabajadores, toca alzar la voz.

“Que la Luz, el Amor y el Poder restablezcan el Plan en la Tierra.”

Gabriel Padilla