trabajador de Luz

2020. Hacia el Hombre de Acuario

  Llegamos al 2020. Sin duda uno de los años más vibrantes de cuantos hemos vivido hasta la fecha, junto con el ya casi olvidado 2012. Porque por un lado supone el colofón del proceso evolutivo que se abriera en aquél. Por otro, porque ya es la antesala del nuevo horizonte que habrá de ser el norte y guía de nuestra labor de Luz, aquí en la Tierra, en los años venideros.

  Vayamos por pasos.

  El presente 2020 cierra el ciclo de cuanto ha supuesto la andadura por este primer escalón de Acuario.

  Desde que entráramos en la Era, allá por los años 60, no es hasta 2012, como sabemos, que las energías Acuario se asientan definitivamente en la Tierra, apoyadas especialmente por la conjunción del portal 12/12/12 – 21/12/12 gracias al cual nuestra realidad 3D asumió rasgos propios de cuarta y quinta dimensión. A partir de este, no solo se anclan las nuevas directrices acuarianas sino que estas se ven facilitadas por un escenario existencial más ligero, menos denso, que permite permeabilizar como nunca antes había ocurrido las capacidades de Luz. Es el primer paso definitivo hacia el futuro hombre de Acuario. El hommo celestis. El hombre que coexiste en perfecta comunión (y conciencia) con su realidad de Luz.  Y a partir de ahí se abrió el proceso que iniciaría la andadura hacia él. Un proceso que tendría lugar entre el mismo 2012 y el presente 2020, aunque alcanzando también el futuro 2021, como puente hacia el siguiente nivel.

  Quienes me seguís a través del presente blog (pido disculpas por la falta de atención que he tenido a lo largo del presente año), o de youtube, o quienes habéis leído mi libro sabéis que este período se denominó la Llamada del Guerrero

  Han sido siete años dedicados al trabajo interno. Siete años en los que las dinámicas anuales colectivas se constituían en apoyo para dicha labor. Siete años en los que se nos ha instado y ayudado a ver todo cuanto malmetía en nuestro interior, todo cuanto comprometía la conexión con nuestra esencia, todo cuanto desviaba la manifestación de nuestro Ser. Esa es la verdadera y única batalla de todo Guerrero de Luz. Se nos instaba a pulir nuestro interior. A tomar conciencia y ser resolutivos al respecto. Fuimos llamados a recorrer las tres fases del Camino del Guerrero de Luz (vid. video.). A ser libres, el primer paso. De limitaciones, malos aprendizajes, patrones, inferencias externas, dinámicas internas… A ser conscientes, el segundo. Solo cuando hemos apartado los velos que oscurecían nuestra visión del mundo podemos se puede tomar conciencia de cuál es la realidad real en la que habito. Y ahora, finalmente, tercer paso, a ser activos. Es la clave del presente 2020. El Guerrero de Luz (transformación del interior) debe pasar a obrar como Trabajador de Luz (transformación del exterior). La Luz interior alcanzada debe manifestarse externamente en actos, pasos y palabras.

  La propia numerología resulta muy reveladora, respecto de la dinámica del año actual.

  El dos, es el número que nos trae la idea de dualidad, de lo que hay a un lado y otro del velo. El Cielo y la Tierra. El Yo Terreno y el Yo Superior. La verdad y la Verdad. Un velo que a lo largo de estos años hemos debido trabajar para descorrerlo, para que no nos mostrase realidades parciales o distorsionadas. En el presente año esta labor cobra un protagonismo definitivo por integrar definitivamente las sombras, como parte de nuestro Yo y no como antagonistas de nuestro Yo. Es el año en que nuestras realidades coexistentes (Yo Superior y Yo Terreno) podrán estar más cerca que nunca, por lo que deberemos hacer caso a nuestra intuición, entendiéndola como el lenguaje de nuestra Alma, el lenguaje entre nuestras dos naturalezas. Es hora de traer nuestra realidad de Luz a la 3D, de manifestar la Unidad del Ser. Es lo que nos dicen la suma de los dos números 2. (El 4 representa la materia, la Tierra, la manifestación terrena.) Una unidad que tiene un cometido. La energía del número 0, la semilla, lo potencial, nos lo dice: todo aquello que puede llegar a ser, debe llegar a ser. Solo desde la comunión del Ser, que es la propuesta de este 2020, podremos regar y hacer germinar la raíz de toda manifestación. El número maestro 22, presente en los dígitos, así lo avala. Su presencia determina un alto nivel de vibración por el que el Espíritu pasa a la acción creadora. (Recordemos que Dios creó el Mundo a partir de 22 nombres). Lo que nos conduce, y es la antesala del próximo período evolutivo que se dará a partir de 2021, a asumir la responsabilidad de que la Criatura pase a ser Creador. De ahí la importancia que ha tenido el trabajo interno: para no crear desde las sombras.

  Porque no hay Creación sin Unidad. Pero no puede haber Unidad sin conexión a la Fuente. Y no hay conexión a la Fuente sin Amor. El Amor, el Sumo Amor es la característica esencial de la Fuente. Mas también la propia materia de toda existencia. Todos surgimos de una extensión de Su Puro Amor. Todo surgió como una extensión de Su Puro Amor.  Es la materia que sostiene, estructura y equilibra Universo y Existencias. Luego sin Amor, no hay Creación. No hay nada. Y ese el espíritu envolvente que rige este 2020.

  Si en 2018 regía la energía del Rayo Azul, en 2019 regía la energía del Rayo Amarillo, en el presente año rige la energía del Rayo Rosa. Como ya dijimos el año pasado, la unión de los tres Rayos de la Llama Trina, los tres Rayos primigenios, sellando el proceso del Guerrero que cierra arropado con la energía del Amor Divino. La energía del Espíritu Santo, el espíritu activo de Dios. La energía de Dios-Madre, la actividad Creadora.

  Estamos ante un año puramente dinámico. Aún tratándose de la energía femenina de Dios, es una energía de Creación, de manifestación. Porque el Amor une, cohesiona, construye, equilibra, reconduce, ordena… El Amor actúa, recompone, revierte y organiza en base a la propia ley de atracción. Es un año para recoger todo lo que haya sido sembrado desde el sentir acuariano. Un año que verá florecer todo cuanto se haya hecho desde el corazón, y por corazón entiéndase “conciencia”, no emoción. Es el momento de construir. Para nosotros, pero también para la sociedad, para el colectivo. Mas no desde el quehacer individual. Las energías del 2020, como antesala de las venideras, ya nos insta a la unión y el trabajo en equipo. También a que los equipos trabajen con otros equipos. Hemos de empezar a constituir las bases de la estructuras sociales de Luz y activarlas.  Después de todo el proceso que hemos ido trabajando, la exteriorización de la Luz insta urgentemente a ser más activa que nunca y alcanzar a todos los ámbitos: sociales, económicos, políticos, medioambientales… Lo que sin duda va a suponer (nada nuevo bajo el sol) la confrontación, ahora más directa, con los obsoletos esquemas que ya resultan contrarios. Recordemos. Leamos líneas atrás: el Amor “equilibra, reconduce, ordena…” y se elevan en justicia, en el marco de este ordenamiento cósmico.

  Un año por lo tanto que se presenta intenso, vibrante y unas energías ahora ya imparables que nos llevan a todos a la acción y el compromiso, que nos sacan al ruedo de esta realidad a veces tan alejada de lo que debiera ser. El Bien debe pasar a ser un valor activo. Queridos Trabajadores, toca alzar la voz.

“Que la Luz, el Amor y el Poder restablezcan el Plan en la Tierra.”

Gabriel Padilla