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Ayudas celestes

   ¡Qué difíciles las misiones, aquí en la Tierra! Ya lo he referido en alguna otra ocasión (véase mi video “Misiones y contratos de vida”). Difíciles porque nos encarnamos en la 3D y olvidamos quiénes somos, perdemos nuestras capacidades o características y posibilidades multidimensionales y, lo más importante, olvidamos qué hemos venido a hacer aquí, sin que nada de ello excuse el cumplimiento de la labor evolutiva aceptada. Una labor encarada, me remito de nuevo a la conferencia anteriormente citada, a un cometido triple: nuestra propia evolución personal, la evolución colectiva terrena (que implica al colectivo humano y, por extensión al planeta) y el proceso ascensional colectivo universal (que implica la progresión de la propia Hermandad Blanca a la que todos pertenecemos, y desde donde todos trabajamos, y por extensión, el Multiverso que cohabitamos).

Es difícil. Sí. Pero precisamente porque desde la Hermandad se es consciente de ello, a todos los que tenemos que realizar una labor evolutiva teniendo la Tierra como escuela ocasional, se pone a nuestra disposición todo un régimen de ayudas con la finalidad que, amén de nuestra pericia, podamos lograr el éxito que pretendemos y, por triplicado, necesitamos.

La primera ayuda que tenemos es la de nuestro Guía. Desde el minuto cero de nuestra concepción, cuando el alma, como se dice comúnmente, (en realidad nuestro Yo Superior), se vincula con la parte física que va a surgir para la encarnación ya contamos a “nuestro lado” con un Guía. Un Ser de Luz, como nosotros, que se mantendrá en el plano etérico y nos acompañará el resto de nuestra existencia terrenal para asistirnos u orientarnos en todo cuanto podamos necesitar para el cumplimiento de nuestra misión.

Para los más tiquismiquis: ¿exactamente cuándo se establece ese vínculo entre la identidad de Luz y el futuro cuerpo terreno? Hay diferentes tradiciones que afirman que a los 120 días de embarazo (según afirmó el Yogui Bhajan, desde las enseñanzas kundalini), otras que a los 3 meses (), hay quien dice que el alma entra por la pineal a los 49 días… El vínculo se establece en el mismo momento de la concepción. Así se me dijo en una ocasión en la que consulté a mis Maestros al respecto. En cuanto se produce la fecundación y el cigoto realiza su primera división, el vínculo está establecido. Aunque ahora no quiero irme por las ramas. Este es un tema que trataré en un futuro porque da mucho de sí. La cuestión es que desde el primer instante un Guía baja con nosotros. Formamos parte de su misión  (¿recordáis que todas las misiones están entrecruzadas?).

En segundo lugar, tenemos a Guías, Maestros Ascendidos, Ángeles o Arcángeles… etc que pueden venir a trabajar desde la más estrecha proximidad en momentos puntuales que lo necesitemos, en función del proceso evolutivo que estemos llevando a cabo. Cuando estos vienen a trabajar con nosotros, nuestro Guía personal cede su lugar, “da un paso atrás” decimos, para ceder el protagonismo de la orientación al nuevo Hermano de Luz que, una vez cumplido el cometido, una vez hayamos solventado el proceso o aprendido lo necesario, volverá a marchar para dejar paso de nuevo a nuestro Guía habitual. ¿Durante cuánto tiempo se quedan con nosotros? Lo dicho. Dependiendo de la necesidad de nuestro proceso. Yo recuero haber estado trabajando con Sananda durante unos 6 meses y en cambio apenas una semanas con el Arcángel Azrael, que vino a prestarme protección.

En tercer lugar, independientemente de que trabajemos más o menos estrechamente con ellos (el punto anterior, que un Maestro se ponga a nuestro lado es algo que deciden ellos, no nosotros), tenemos a nuestra disposición a todos los miembros de la Hermandad Blanca y sus Consejos, para solicitar la ayuda, consejo, orientación, herramientas y todo cuanto podamos necesitar. Porque en el Universo existe una ley tan sagrada como la del libre albedrío. Es la Ley de la Invocación. La establecimos nosotros, los miembros de la Hermandad, y es de obligado cumplimiento. Dicha ley dice así: “todo acto de invocación, exige un acto de evocación”. Es decir, que siempre, siempre, siempre, absolutamente siempre que un Hermano solicita ayuda, siempre, siempre, siempre, absolutamente siempre, éste será atendido. Cosa muy distinta es que pidamos algo y nos de la impresión de que no hemos sido escuchados. Esto no ocurre nunca. Jamás. En todo caso la contestación no hemos sabido verla. Pero no pasa nada. Lo que debemos hacer es simplemente volver a realizar nuestra petición, consulta… y pedir que en esta ocasión nos la hagan llegar de manera que nos resulte comprensible.

Porque, exceptuando las canalizaciones directas, de las que ya hablaremos también en otra ocasión, ¿de qué manera nos hacen llegar todos ellos sus orientaciones? De tres formas distintas:

  1. Intuiciones, corazonadas, precogniciones…: Muchas de esas intuiciones que tenemos en realidad no son nuestras. Es la forma más común que tiene nuestro Guía de comunicarse con nosotros. Aquí todos podríamos poner miles de ejemplos, a poco que pensemos un poco. Puede ir desde apuntarse a un curso que no sabes ni de qué va, pero sabes que tienes que ir, hasta insistir en ir por una calle en una ciudad desconocida cuando vas perdido y dar con el lugar que querías.
  2. Señales: Quizá el recurso más conocido/solicitado por nosotros y donde más se demuestra la “creatividad” de Arriba para hacernos llegar el mensaje o la orientación. Canciones que escuchamos constantemente, siempre el mismo fragmento (en la radio, alguien la silva al lado en el bus, la oímos en un politono de móvil…), atiende a la letra. Si insistes en hacer algo y todo son contratiempos, reflexiona si debes hacerlo o si es el momento. Cuando no sabes si irte un fin de semana fuera porque vas con el dinero justo pero necesitas un parón y encuentras el buzón lleno de publicidad de agencias de viaje…; confía y márchate. Cuando encuentras plumitas blancas en lugares imposibles (¿un ascensor? ¿tu habitación? ¿la oficina?) se te está diciendo, tranquilo/a, estamos a tu lado. Cuando no paras de ver números repetidos, repetitivos o capicúas. Mira a ver qué significado tiene en tu vida o en la numerología.
  3. Sincronicidades: Es uno de los “diálogos” que más sorprenden siempre. Unifican el tiempo y el espacio. Aunque solemos verlas como “casualidades”. ¿Has pensado alguna vez en alguien y justo ese día, o en ese instante te la has encontrado por la calle o te ha llamado por teléfono? ¿Has querido leer algo sobre un tema y poco después alguien te presenta a alguien que ha hecho un curso o incluso es docente precisamente de eso que te interesaba?

Realmente a veces parece pura magia… si no supiéramos quiénes están detrás apoyando y arropando nuestros procesos evolutivos y vitales. Pero lo más importante es que tomemos conciencia de ello. Porque sólo así podremos facilitarles la labor. En la medida en que ellos sean conscientes de que somos conscientes, valga la redundancia, de su labor es cuando se permiten ser aún más exhaustivos, dado que estamos abriendo la puerta a una interacción mucho más clara y directa. Por ende, también es importante que pidamos, que solicitemos esa ayuda porque en muchas ocasiones, en respeto del libre albedrío ellos se van a permitir no actuar salvo que lo pidamos explícitamente.

¡Qué diferente es ir por la vida sabiendo que no estás solo/a!

Un gran abrazo.

Gabriel Padilla

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