sanación espiritual

Las “otras causas espirituales” de la enfermedad

Hemos avanzado mucho desde que superamos la visión mecanicista que, aún hoy día, sigue prevaleciendo en el tratamiento de la salud y el bienestar. No voy a extenderme sobre el tema que ya traté en otro post de hace algunos meses atrás [ver]. Lo que aquí me interesa destacar, son las dos grandes líneas conceptuales desde las que entendemos hoy día la enfermedad (y por enfermedad me referiré siempre a la dolencia, el padecimiento, el trastorno físico o psicológico, emocional…). Por un lado, la concepción holística donde la enfermedad no es más que la exteriorización de un conflicto interno (mental, emocional o sistémico) no resuelto, que podría resumirse en la conocida frase “el cuerpo muestra lo que la mente calla”. Desde el “libro azul” de Louise L. Hay, el famoso Sana tu cuerpo, pasando por el conocido La enfermedad como camino de Thorwald Dethlefse y Dahlken Rudiger hasta los actuales trabajo en decofidicación, biodecodificación, nueva medicina germánica… etc, etc… la concepción es la misma.

Por otro lado, la línea de la concepción espiritual desde la que se entiende que la carencia de salud y bienestar parte de un conflicto entre el Alma y el cuerpo, entre nuestra identidad de luz y su imposibilidad de manifestarse en nuestra identidad terrena. Así lo dice Alice Bailey en su La curación esotérica: “Toda enfermedad (y esto es algo conocido) es producida por la falta de armonía o desarmonía entre el aspecto de forma y la vida. Aquello que une la forma y la vida, o más bien, el resultado de esta unión, denominada Alma, el Yo en lo que respecta a la humanidad, y el principio integrador, en lo que concierne a los reinos subhumanos. Las enfermedades aparecen donde no hay alineamiento entre estos diversos factores, el alma y la forma, la vida y su expresión (…).” O el mismo dr. Bach, buen conocedor de la obra de Bailey, para quien la enfermedad es “(…) el medio adoptado por nuestras propias Almas para señalarnos nuestras faltas; para evitar que cometamos más errores; para encauzarnos de vuelta al sendero de la Verdad y la Luz del que nunca deberíamos habernos apartado. Sea cual fuere el error que cometamos, reaccionará contra nosotros mismos, causándonos infelicidad, malestares o padecimientos, de acuerdo con su naturaleza. Su objetivo es enseñarnos los efectos de los pensamientos y acciones equivocadas”.

Sin embargo, y es en lo que quiero centrarme con el presente artículo, hay ocasiones en las que la enfermedad, el padecimiento, la carencia de salud o de bienestar no obedece a ninguna de estas concepciones. Hay ocasiones en las que justamente la enfermedad está en “perfecta armonía con el Alma”, como veremos. En otras, parte de una causa primera que origina, como consecuencia, dicha desarmonía. Partiendo de mi propia experiencia como sanador espiritual, completemos pues el cuadro de posibilidades para abarcar un panorama harto más completo del que contemplamos habitualmente.

LA HERENCIA: Este primer punto es quizá el más conocido y últimamente trabajado, que no respondería pero que incluyo, por no corresponder con los conceptos mencionados. Por ser una causa primera que se vincula a la persona simplemente por ser y estar, y que puede llegar a ser un gran factor determinante. Por un lado tendríamos la transmisión genética, que nos dispondría o transmitiría directamente alguna merma de salud. Pero por otro, tendríamos todos aquellos aprendizajes, filias y fobias pertenecientes al sistema al que se pertenece y que integramos de 0 a 8 años como forma de caminar por el mundo: coger los cubiertos, ceder el asiento a personas mayores, atarnos los zapatos, cómo saludar educadamente… junto a no hablar con extraños, no acercarse a quienes visten de una manera o pertenecen a un país o una etnia, que a ciertas horas no se va por la calle o que el dinero no da la felicidad…. También de vidas o factores vitales de miembros antiguos del clan que se superponen o se proyectan sobre la nuestra: los suicidios, abusos en las mujeres… O de vivencias que ha tenido nuestra madre mientras nos gestaba.

EL AMBIENTE: O entorno. Podemos en este caso ir de lo macro a lo micro, y en muchas ocasiones podría cruzarse también con los puntos anteriores.

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Cada país, cada lugar tiene unos condicionantes específicos que van a favorecer la aparición de unas dolencias u otras. El exceso de suicidios en el norte de Europa frente a los países mediterráneos, por la falta de sol. La carencia de síntomas en la etapa de menopausia de las mujeres mayas, frente a los sofocos ligeros de las mujeres japonesas o a los sofocos extremos que manifiestan las mujeres en Grecia.

            A nivel más local, sabemos de cómo nos afectan las energías telúricas. Y de lo que provoca estar en una casa construida sobre una corriente de agua, por ejemplo. No digamos sobre un antiguo cementerio. O con campos electromagnéticos alrededor de la misma.

EL KARMA: La sagrada Ley de Causa y Efecto también tiene cabida en nuestro ámbito. El karma que: 1) se libera; 2) activa o surge en un momento dado de nuestra vida y que no tiene por qué estar gestado en la actual. Puede provenir de reencarnaciones anteriores. En el primer caso nos parece obvio que la activación se dé para resolver (equilibrar) acciones que debieran haberse hecho de otra manera para evitar el efecto que causaron. ¿Pero en el segundo caso? ¿Por qué se pueden activar “kármicamente” situaciones de otras vidas? Por dos factores. Por paralelismos: ahora estamos haciendo lo mismo que en cierto momento, en cierta época, y aquello que nos afectó vuelve a producirse. Algún ejemplo: en otra vida fuimos comerciantes dedicamos a hacer negocios de forma poco clara. Ahora, en nuestro departamento comercial todo son pegas o falsas acusaciones. El segundo factor, sería por un voto (el conocido voto kármico) que hicimos en su momento con tanta determinación que hoy día sigue vigente: de pobreza, obediencia, vasallaje, castidad… En ambos casos, vemos, se trata de energías que siguen vigentes en el continuum temporal activadas en cuanto la situación repite sus condicionantes (pura ley de atracción).

LA MISIÓN DE VIDA: Hay misiones de vida que son muy complejas. De las más, quizá, las que se vehiculan a través de la enfermedad. No cabe generalizar, una vez más, pero sí tener en cuenta que hay enfermedades que más allá de la disposición genética, o de cualquiera de los factores de los que aquí tratamos en realidad forman parte o, directamente, son el pilar de la misión de vida de una persona. El tema es complejo. Especialmente desde nuestro punto de vista terreno (mental/emocional). Nos resulta inalcanzable tan siquiera imaginar qué tipos de aprendizajes se pueden llevar a cabo desde el limitado marco de muchas enfermedades. En estos casos, más que nunca, es el propio Alma el único que lo sabe; al fin de cuentas es quien aceptó esta propuesta evolutiva. Lo que sí sabemos es que en estos procesos, la dirección de muchas de estas misiones no apuntan únicamente a quien la lleva a cabo, sino que focaliza su acción en las personas que lo circundan. A veces incluso en mayor medida que en el propio protagonista, que ha aceptado asumir un papel ocasional que depare un aprendizaje profundo en el entorno.

CANAL ROTO: Este sería el primero de los casos en los que la enfermedad no se corresponde ni con aprendizajes, ni proviene de la trayectoria vital, transgeneracional o kármica de la persona, y , sin lugar a dudas, es la que literalmente mantiene sin remisión la obstrucción entre el Yo Terreno y el Yo Superior. Se produce en el mismo momento de la concepción o durante el proceso. A partir de la diferencia vibracional entre la multidimensionalidad y el plano terreno el canal, la conexión que vincula al Yo de Luz (Yo Superior) con el futuro feto desde el cual encarnará, se rompe dando lugar a la pérdida del futuro bebé, o se “quiebra”, dando lugar a un décimo chacra activo o descontrolado que se traduce en esquizofrenias o bipolaridades, por ejemplo. [Véase el post “Anatomía del canal de luz”]

INFLUENCIAS / AGENTES EXTERNOS: Afortunadamente se da en el menor de los casos. Pero algunas dolencias o enfermedades, padeceres surgen a raíz de acciones externas dirigidas hacia nosotros. Hablamos de manipulaciones energéticas creadas para afectarnos, enganches energéticos, parásitos energéticos, bajos astrales, larvas etéricas, oscuridad, implantes extraterrestres…etc.

Gabriel Padilla

http://www.gabrielpadilla.es

 

Sanación ¿holística o espiritual?

Hay una confusión que cada vez se está propagando más en nuestro mundo de terapias y sanación que quisiera hoy puntualizar. La diferencia entre “holístico” y “espiritual”.

Tracemos primero el recorrido de las diferentes concepciones y, para que se entienda de forma más clara y rápida, las perfilaré, si se me permite, con la metáfora del coche y el conductor.

Vamos a ello.

Concepto mecanicista. Hasta no hace demasiado tiempo éste ha sido el patrón predominante, al menos en nuestra cultura científica occidental.El foco de atención se fijaba en la mecánica del cuerpo y en  resolver el malestar, la enfermedad producida por una causa. La falta de salud se entiende como un fallo orgánico del cuerpo. Y desde este punto de vista se busca la solución correspondiente, que se contempla como única y unívoca. Un problema, una solución.

Concepto holístico: Sin duda, ha sido el gran avance que ha dado revolucionado la forma de entender la salud y que ha dado lugar a nuevas concepciones, como ya veremos.

“Holístico” proviene del griego holos, que significa “todo”, “entero”, “total”. Y bajo esta nueva concepción se contempla al hombre en su totalidad: como un todo integral formado por cuerpo, mente y espíritu. S seguimos con nuestra metáfora de la conducción, se entiende que, independientemente de la problemática que pueda comportar la mecánica y/o el desgaste del coche, la conducción del mismo, el uso que se hace de él,  influye en gran medida en la promoción de unos problemas u otros, por lo que desde esta concepción el síntoma físico ya no es el fin o el origen del problema, sino el resultado de un proceso interior. Una resultado que depende del manejo del conductor. De lo que se derivan dos consecuencias esenciales. La primera: que un mismo síntoma en diferentes personas pueden tener orígenes bien distintos y diferenciados. Un dolor de cabeza puede deberse a estrés, a un problema neurológico, a no poder dejar de dar vueltas a un problema… La segunda: es el paciente quien tiene la responsabilidad de su bienestar.

Concepto sistémico o transpersonal: Es una extensión del modelo anterior y que en estos momentos está muy en boga. En este caso, la visión va más allá del conductor aportando nuevas concepciones que abarcan aún más esa totalidad de la que se hablaba. Y es que además del vehículo y de cómo sea este conducido, el concepto sistémico observa que: no hemos nacido conductores, nos han enseñado a conducir, por lo que nuestra manera de conducir puede estar condicionada por dicha enseñanza; y en segundo lugar, que no conducimos solos; por lo que nuestra conducción puede verse afectada por cómo me muevo dentro del parque automovilístico del cual formo parte.

Concepto espiritual. Sin embargo, hay algo más. Todo lo anterior no acaba de describir la realidad en su total dimensión. Porque hay ciertas cuestiones que ninguna de las anteriores concepciones contemplan y que, hoy día, resultan fundamentales.

Conducción implica dirección, movimiento, objetivo. Y ninguna de las visiones anteriores se preocupa de algo básico: en primer lugar, hacia dónde se dirigen los conductores; por dónde o en qué dirección se mueven. En segundo lugar, el por qué de esa dirección. Y finalmente si para lograr recorrer el camino, deben aprender/adecuar la conducción. (Tal vez aprendimos a ir en moto  y en realidad, para ir donde debemos ir, necesitaríamos sacarnos el carné B1 ó B2. O al contrario, tal vez conduzcamos un camión, pero para nuestra andadura sería más factible ir en moto). De todo ello se ocupa la concepción espiritual.

Puntualicemos ahora. Cuando preguntamos a alguien por su concepto holístico de trabajo la respuesta siempre es la misma: se trabaja sobre cuerpo, mente y espíritu. Peo en realidad no es así. A la praxis se trabaja en primer lugar sobre la mente (el bienestar interior) entendiendo (cono en realidad es) que es en ésta de donde parten la mayoría de los problemas, sobre el cuerpo, y como mucho, se incluye el concepto sistémico (las relaciones con/en el entorno). El “espíritu” que en demasiadas ocasiones no sabemos muy bien exactamente qué es o a qué nos estamos refiriendo queda, o como una bonita palabra en el triunvirato, o asimilado a la mejora mental / emocional.

Y es precisamente en ese “espíritu” sobre el que centra su labor y acción la concepción espiritual, como protagonista principal del proceso.

Frente a lo holístico o a lo holístico/sistémico que sigue anclado en la propia persona como identidad primera y única, la concepción espiritual trasciende el plano y actúa en la contemplación de la persona como manifestación multidimensional del Ser de Luz que en realidad es.

Por un lado está el Yo físico, animal, temporal, regido por el conocimiento adquirido a lo largo de la vida. Por otro el Yo Superior: nuestra verdadera identidad, de naturaleza etérica, atemporal, creada en el origen de los tiempos desde la propia Fuente y que permanece en contacto con la conciencia del Todo. El primero está anclado a este segundo. En realidad es su “avatar” a fin de que éste pueda llevar a cabo, en el plano terreno, una labor de aprendizaje, una labor evolutiva [Véase mi video anterior].

Y es, insisto, sobre esta realidad multidimensional sobre la que se actúa desde la sanación espiritual. Para lograr que no haya disonancia entre la realidad de Luz de la persona y su realidad terrenal. Porque En el momento en que nuestro Yo Superior y nuestro Yo terreno entran en disonancia o, para ser más concretos, en el momento en que nuestra identidad terrena, nuestra vida cotidiana empieza a caminar por senderos que se alejen del propósito hacia el que nuestra realidad de Luz se encamina, la misión que hemos venido a cumplir, de quiénes somos realmente, en el momento en que nos alejamos (traicionamos, también) de nuestra misma esencia, es cuando surge una fricción que, de mantenerse y/o instalarse da como resultado el malestar, la dolencia, la enfermedad o el bloqueo vital.

Porque tal y como dice el Dr. E. Bach: “La enfermedad es el resultado, en el cuerpo físico, de la resistencia de la personalidad a ser guiada por su alma”. O en otro fragmento cuando se refiere a la enfermedad, la dolencia, el padecimiento como  “(…) el medio adoptado por nuestras propias Almas para señalarnos nuestras faltas; para evitar que cometamos más errores; para encauzarnos de vuelta al sendero de la Verdad y la Luz del que nunca deberíamos habernos apartado. Sea cual fuere el error que cometamos, reaccionará contra nosotros mismos, causándonos infelicidad, malestares o padecimientos, de acuerdo con su naturaleza. Su objetivo es enseñarnos los efectos de los pensamientos y acciones equivocadas”.

Gabriel Padilla