metafísica

¿Dualidad? del Ser

Alcanzar la Unidad del Ser es el estado que anhela todo buscador comprometido con su proceso personal. Y cada vez son más las personas que, como mínimo, tienen conciencia de vivir una dualidad protagonizada por una identidad terrena, cuyas características animales parece incapacitarle para vislumbrar más allá de lo que alcanza su empirismo cerebral (existe lo que se oye, toca, huele, ve, degusta) y coprotagonizada por una identidad celeste, no-material, conectada al saber y la conciencia del Universo, es decir, a la energía de Puro Amor del Padre de quien es una extensión amorosa (aunque a este último punto no todo el mundo ha llegado aún).

Nuestra antigua tradición mística o religiosa, entendía que la única forma de alcanzar esa realidad celeste era restándole capacidad al Yo Terreno. Ellos, y es una visión que hemos heredado, tenían una férrea visión de la realidad como una confrontación de opuestos irreconciliables. Tal vez por la eterna dicotomía entre Bien y Mal, entre Cielo e Infierno, contraponían un idílico Arriba, lleno de Amor y conciencia de Bien, de perfección y justicia como fiel reflejo de lo que era, el reino de Dios, frente a un viciado mundo del Hombre, un “valle de lágrimas”, de maldad, pecado, corrupción, enfermedad y muerte. Únicamente había un nexo de unión en el que poder poner la esperanza de la huida: el Alma.

El cuerpo no era más que materia destinada a ir muriendo día a día y que, al cabo, no sería más que polvo devuelto al camino. La mente es el origen de la maldad, la injusticia, el vicio… ejecutado desde el cuerpo. Solo en el Alma podía encontrarse la salida. El Alma era el único vehículo desde el que se podía ascender hasta Dios. Pero de igual modo que ningún pájaro puede volar arrastrando consigo la jaula en que está encerrado, el Alma quedaba prisionera por el lastre del cuerpo en el que habita. No se puede eliminar la vida del cuerpo, dado que las leyes divinas no lo permiten. De modo que, a su entender, había que restarle capacidad, anularlo en la medida de lo posible mientras se trabajaba por acrecentar el poder del Alma. Vida virtuosa, estudio, oración, meditación… para esto último. Mortificación, castigo, negación, ayuno… para lo anterior.

Aunque, repito, aún en el inconsciente, seguimos manteniendo en demasiadas ocasiones la dicotomía de realidades contrarias que acabamos de ver, el entendimiento y la comprensión de nuestra existencia y el papel que jugamos como seres humanos en el Universo, es harto diferente.

Para empezar, somos conscientes de que la realidad es una y múltiple a la vez. Cuando se habló de que Dios era Uno y Trino, fue considerado un misterio, un dogma que, a pesar de no tener explicación, debía asumirse. Hoy día, este “concepto” no nos es tan ajeno. Sabemos que el Universo en realidad es un Multiverso coexistiendo a la vez bajo distintas formas de manifestación: físicamente, dimensionalmente, energéticamente…  La conocida Teoría de las Cuerdas de la física moderna, por la que se dice que todos los universos posibles existen en un estado de superposición unos de otros. Stephen Hawking nos cuenta que en potencia todos los universos son dados a la vez. Pero el multiverso no se expresa solo como un Todo en sí mismo. También en cada una de sus partes. Es la visión del Universo como Holograma, donde cada parte expresa el todo (similar a cuando se rompe un espejo y volvemos a reunir sus fragmentos; nuestra cara se reflejará en todos ellos). La antigua concepción de la separación de los dos mundos, de lo terreno y lo celeste, queda pues fulminada. Todo es, a la vez. Y el Ser no es una excepción.

La nuestra también es una existencia multidimensional. Nosotros coexistimos, a la vez, en diferentes planos dimensionales. En estos momentos, mientras el Ser de naturaleza consciente, surgido de una expansión de la pura Luz de Amor del Padre, mantiene su existencia en la multidimensionalidad que le corresponda evolutivamente también tiene su expresión en ti, en la naturaleza animal terrestre que eres. La encarnación terrena, el Ser Humano, proporciona la experiencia de vida que el Ser necesita para avanzar en su camino de auto-perfeccionamiento que conocemos como Ascensión.

Por ello algunos se preguntan si el Ser Humano, por lo tanto, es un mero “instrumento” destinado a vivir una mera experiencia útil para el Ser que en realidad soy. Y la respuesta es: ¡en absoluto! En primer lugar, porque como acabamos de decir, eres ambos dos a la vez. En segundo lugar, porque la experiencia vivida en la Tierra es completamente real e incide, como hemos explicado en infinidad de ocasiones, tanto en el aprendizaje propio como en los procesos evolutivos de aquellos que se crucen en el camino de mi misión de vida, y por extensión en el propio planeta (por añadidura y ley de vibración).

Porque seguimos manteniendo la idea antigua del Arriba perfecto reflejado en un Yo consciente que, además (las trampas del lenguaje) llamamos Yo Superior, frente a un yo terreno que seguimos viendo como imperfecto, ahora, modernamente, por culpa del ego, los patrones limitantes, las emociones…. nos cuesta entender no ya que uno y otro son el mismo Ser, sino que ambas realidades, sí, son igualmente perfectas. Comparamos a uno con otro, sin entender que cada una de las existencias del Ser está manifestándose en una naturaleza distinta, habitando en una dimensión distinta, y que tanto la propia naturaleza existencial como el propio hábitat en el que se desarrolla conllevan reglas de juego radicalmente diferentes, pero igual de perfectas en sí mismas. ¿Deberíamos entender, sino, qué la naturaleza humana es una bajeza evolutiva que el Ser de Luz debe sufrir hasta que se alcance algo mejor? ¿Qué este es un mundo de tercera? ¿Qué la realidad terrestre no es más que un fatídico espejismo? Volveríamos a la negación y el rechazo de la antigua visión que en nada se corresponde a la realidad.

Hemos visto que el Ser, como el Universo, coexiste o se expresa en distintos planos y distintas naturalezas a la vez. Recordemos ahora, la segunda característica que lo definía también aplicable a nosotros y que resulta fundamental para entender lo dicho. Tal y como se explica bajo el concepto holográfico, cada manifestación del Ser expresa al Ser en su totalidad. Cósmicamente, las naturalezas, por ende, no suponen ningún rango de importancia o discriminatorio, ni la existencia de ninguna de ellas, ni tan siquiera el hábitat donde cada manifestación se desarrolle. Situemos pues, de una vez por todas, las cosas en el lugar que verdaderamente le corresponde, especialmente a nuestro siempre (y tradicionalmente) denostado ámbito 3D. No hay sino equilibrio perfecto en todo el Universo. La expansión del Ser de Luz en una encarnación terrena, le permite  experimentar las experiencias que esta realidad le proporciona y que no podría obtener en ningún otro lugar del Universo. Las experiencias vividas por el Ser Terreno proporcionan a la identidad de Luz aprendizajes necesarios, en positivo o en formato de pruebas a tener en cuenta en un futuro, para el autodescubrimiento del propio Ser. Es un proceso de retroalimentación entre ambas realidades. Es por ello que el proceso de Ascensión nunca vendrá de la negación de una de las partes, ni de intentar realizar un salto hacia arriba. El proceso de Ascensión únicamente vendrá por la integración.

Gabriel Padilla

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Elohims. Quiénes son y en qué nos pueden ayudar.

  En el mundo de la metafísica, los Elohims, son tan vez, de los Hermanos menos conocidos. Recurrimos y conocemos a los ángeles o los arcángeles. Conocemos a algunos Maestros Ascendidos. Sin embargo, a pesar de que ellos también forman parte del “cuadro directivo” que gestionan las directrices de cada uno de los siete Rayos Universales resultan unos completos desconocidos.

   Elohims… ¿Quiénes son los Elohims?

  Para empezar la palabra nos resulta extraña. No se contempla esta nomenclatura en nuestra tradición cristina. Elohim es una palabra hebrea (אֱלהִים) que significa “dioses”. Es el plural de El (אֵל) o Eloha (אֱלהַּ), que se traducen como “Dios”. [¿Os habéis fijado que el nombre de todos los ángeles acaba siempre en EL?]. Por un lado, en la literatura judía se utiliza como uno de los nombres de Dios: “YHVE ELOHIM”. Con él se hacer referencia al Dios Creador. Al Verbo Creador del cielo, de la tierra, de las plantas, del aire, de la luz… Por ello Elohim también se puede traducir como “Poderoso”. Pero por otro, con esta palabra se aludía también a un conjunto de entidades consideradas divinas, distintas a YHVE. Tal vez sea la forma en que dieron noticia los antiguos, al igual que ocurriera con los ángeles a quienes se les identificó como “mensajeros divinos”, de estos hermanos de Luz tan próximos a nosotros.

  Los Elohims (o “Poderosos”) son los seres espirituales de Luz más cercanos a la Fuente de todos cuantos interactúan con el mundo terrenal. Ellos sostienen, de ahí la cercanía, la máxima conexión con la capacidad co-creadora que cualquier ser de la Creación pueda tener. Recordemos: la creación es una capacidad de la Fuente. Nosotros, como Hijos, heredamos este rasgo. La diferencia (enorme) es que la Fuente crea a partir de Sí Misma. Nosotros en cambio co-creamos: creamos a partir de la energía ya existente en el Universo. Ellos son los encargados de la evolución material de la Existencia. De manifestar en los planos materiales, de su elevación, de su modificación, si así se requiere o de la co-creción de nuevos elementos que pudieran necesitarse. Ellos se manejan perfectamente con la estructura matriz del Universo En nuestro plano terráqueo, ellos son el inicio del escalafón que se encarga de los reinos mineral, vegetal y animal. Por debajo, trabajando sobre el terreno encontramos a los debas y, como miembros de la propia naturaleza del planeta a todos los seres elementales, a quienes estos dirigen.

  Conozcamos algunos de ellos, uno de cada Rayo, y veamos ahora de qué manera pueden ayudar a nuestro proceso evolutivo.

HÉRCULES: Nos ayuda a manifestar nuestra Voluntad. La Voluntad sagrada de nuestra Alma. Ayúdate con el elohim Hércules a ser Uno con tu misión de vida. Frente los miedos, las dudas, las limitaciones impuestas o auto-impuestas, recurre al elohim Hércules para que fortaleza la energía interna que necesitamos para recuperar el empoderamiento personal y dar los pasos requeridos desde el saber de Justicia y Orden Divino que nuestro Ser conoce.

CASIOPEA: A veces el mundo nos resulta extraño, ajeno. A veces nos sentimos desubicados. Y esto impide que nuestra labor vital pueda llevarse a cabo. Recurre a Casiopea para reconectar con la Inteligencia divina de la cual formas parte, de la cual eres manifestación y desde la cual tú ejerces la parte que te corresponde en este plano. Regresa a tu interior y conecta con tus dones y capacidades. El mundo resulta imperfecto sin ellos.

 ORIÓN: Si Casiopea nos ayudaba a equilibrar nuestro cuerpo mental inferior para conectar con el cuerpo mental superior, el elohim Orión hace lo propio con el cuerpo emocional. A veces el amor mal entendido, mal interpretado o mal vivido cusa mella en nosotros. Conecta con el Amor Fuente del Universo. El Amor como inteligencia divina, sustento de la Creación. El Amor como espíritu activo de Dios, cuyas manos eres tú en la Tierra. Ayúdate con Orión para enfrentarte amando a tus sombras no integradas.

ASTREA: Como miembro del Rayo Blanco, la energía blanco-cristal desde la que trabaja el elohim Astrea permite elevar la vibración de todo cuanto lo necesite. Personas, situaciones, lugares… pueden perder la vibración al contacto con experiencias no deseadas, suciedad astral, oscuridad… Pide a Astrea que flamee con la vibración blanco-cristal todo ello (nuestros cuerpos, nuestras casas, una situación conflictiva…) a fin de hacer desaparecer obstáculos energéticos y energías mal calificadas que degraden o retrasen el proceso de Ascensión.

VISTA: Con el elohim Vista la Verdad está a tu alcance. La Verdad de quién eres, más allá de creencias, limitaciones… más allá de tu realidad terrena. Vista nos ayuda a conectar con nuestro Maestro interior. Especialmente cuando perdemos esa conexión al caer en la crítica, el odio, los bucles mentales y todas esas sombras internas tan conocidas. Haz un acto de contricción y pide al elohim Vista que te ayude a conectar de nuevo con tu Maestría de Luz para que puedas seguir manifestando la Verdad que habita en tu interior, la verdad de tu Luz.

PACÍFICA: El elohim de la Paz. Acude a Pacífica para reequilibrar cualquier lugar que haya sido perturbado por acciones indeseadas, sean naturales o producto de la mano del hombre: desastres naturales, catástrofes, conflictos bélicos, atentados… Pide a Pacífica que reinstale la paz en los territorios borrando las memorias de dolor y ayudando al equilibrio armónico que permita recomponer y levantar de nuevo la situación lo más pronto posible.

ARTURUS: el Elohim de la Libertad. Libérate con el elohim Arturus de todo cuanto estrecha la libertad de tu Alma, de todo aquello que ate tus alas, que le impida libertad de movimiento. Despliega, con la ayuda de Arturus, toda tu Esencia y que nada interrumpa el vuelo de tu Alma.

 Gabriel Padilla

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La Gran Invocación: energía y significado

Seguramente la habrás encontrado por las redes sociales, en algún anuncio de alguna revista especializada. Tal ve la hayas conocido en algún curso o por que se te ofreció en formato de calendario….

La Gran Invocación es una oración aconfesional, aparentemente anónima, destinada a ser utilizada y divulgada para beneficio de todos los Hombres de Buena Voluntad. Pero ¿sabías que esta oración fue transmitida por el maestro Tibetano Dhjwal Khul a través de Alice Bailey? ¿Qué su texto promueve las energías de las Festivales Espirituales?

Descubre todo esto y mucho más a cerca de este importante texto en el presente video. Espero que lo disfrutes.

 

Gabriel Padilla

http://www.gabrielpadilla.es

 

VIDEO-TALLER: LOS 7 ARCÁNGELES

Sin lugar a dudas, una de las corrientes energético-evolutivas más antiguas que conocemos es la de los Ángeles / Arcángeles. Desde la aparición del hombre sobre la Tierra, han sido estos los seres de Luz los destinados en primera instancia a prestarnos la ayuda que necesitásemos. Buena cuenta de ello han dado las distintas religiones, aunque al cabo lo que estas nos dejaron cayó en el retrato de seres superiores, alejados de nosotros, cuando no,  seres meramente mitológicos e inexistentes. Pero nada más lejos.

Las misiones arcangélicas constituyen  una de las más poderosas ayudas provenientes de la Hermandad Blanca para nuestra evolución y progresión vital y espiritual, y hora es ya de empezar a trabajar con ellos de manera consciente.

Aquí os dejo la conferencia on-line que di el pasado 1 de junio a través de Mindalia TV, a petición del propio canal. Una conferencia-taller donde, además de decretos y oraciones, incluyo el “Trabajo existencial con los Arcángeles”. Un potente ejercicio de conexión canalizado para esta ocasión por el que destrabar obstáculos que puedan estar impidiendo que os encontréis en el momento evolutivo que os toca por misión de vida.

Espero que os resulte de utilidad.

 

 

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Ayudas celestes

La “Llamada del Guerrero”

Estamos viviendo un momento crucial, en el marco de la evolución colectiva. Estamos viviendo un período que habrá de marcar, orientar o reorientar los procesos venideros en esta progresión imparable del proceso de Ascensión. Dependerá de si aceptamos el protagonismo que el trayecto pone sobre la mesa o si decidimos escondernos bajo la misma, utilizándola como soportal, a la espera de que el tiempo amaine, bajo el coste que en la progresión individual y colectiva ello supondría, (como si en realidad esto fuese una opción).

El año 2012 fue un hito. Todo el mundo, desde muchos años atrás, se ocupaba de lo que ocurriría a partir de entonces. Tergiversando las profecías mayas, algunos ya vislumbraban el fin del mundo. Otros en cambio, en el extremo más opuesto, esperaron la llegada de una nueva aurea aetas, donde aparentemente sin mayor esfuerzo del que supone deshojar el calendario, todos habríamos alcanzado el nivel ascensional pertinente a la fecha. Y bien mirado, eliminando en ambas la fantasía mitológica, si las llevamos a un punto medio, en realidad,  ambas tuvieron su parte de razón.

Entre el famoso portal del 12/12/12 y el solsticio del 21/12/12 tuvieron lugar dos hechos de una relevancia fundamental. Las energías acuarianas, llegadas muchos años atrás, al fin asentaron definitivamente su anclaje. Correlativamente también lo hicieron sus nuevas directrices: promoción de la automaestría, ponderación del bien común, individualidad colectiva y colectividad individualizada (igualitarismo entre la parte y el todo)… A la par, culminó un proceso ascensional gracias cual la densa tercerdimensionalidad en la que nos desenvolvemos incorporaba rasgos de cuarta y quinta dimensión. Gracias a ello, el velo interdimensional empieza a diluirse y nuestras identidades terrenas pueden permeabilizar cada vez más –esto es un proceso que ya había ido produciéndose a medida que se acercaba esta confluencia interdimensional–– características o capacidades propias de la multidimensionalidad a la cual pertenecemos como seres de Luz: capacidades co-creadoras, manejo de energías frecuencialmente elevadas, acceso a Registros de conciencia colectiva, a nuestras propias identidades de Luz, a los hermanos de planos etéricos… etc.

Ambas posturas recogían, en cierta medida, su parte de verdad, como dije líneas arriba. El famoso cambio de una, resulta obvio. El proceso de Ascensión de la otra también. Incluso el concepto a priori pueril de una evolución “a golpe de calendario” sin que se tuviera que mover un dedo. Y, bueno, en parte, hay procesos que así ocurren. El cambio de Era es una conjunción astrológica. Se produce cada 2.500 años aproximadamente. El influjo de dichas conjunciones marcan el devenir de los logros colectivos así como las dinámicas para alcanzarlos. La misión colectiva, global, que diríamos, para alcanzar el siguiente paso. Ahora bien, que una nueva Era llegue no significa que todo esté a punto para acogerla. Especialmente en los primeros ¿muchísimos? años de la misma. Básicamente cuando no se han acabado de hacer del todo bien los deberes.

Nuestra presencia en la Tierra es un camino de integración. El planeta nos brinda la oportunidad de vivir una serie de experiencias evolutivas a la vez que a través de estas nosotros podemos trabajar sobre el terreno para ayudar a trascender su densidad. No ha sido fácil. Nosotros, identidades de Luz creadas en el origen de los tiempos, inmortales, multidimensionales, hemos tenido que luchar por lograr evolucionar unos “recipientes” que nos permitieran llevar a cabo tal labor.

La Era de Piscis, para no alargarme en lo que ya expongo en mi libro Metafísica angélica para la Llamada del Guerrero (2012-2020), constituía la culminación  de este proceso. Nuestras identidades terrenas al fin alcanzaron un importante cenit evolutivo a nivel físico, intelectual y de comprensión de la realidad que le rodeaba. Debía de ser la Era donde nos integrásemos definitivamente en el terreno, pero desde la conciencia, para su apoyo y desde nuestro propio proceso. Sin embargo, la comprensión del mundo sólo nos sirvió para domeñarlo a nuestro antojo. La comprensión de la materia, a utilizarla como arma de poder. Incluso los grandes mensajes (las religiones) se pervirtieron ante un protagonismo excesivo del ego. Asumimos una conciencia de individualidad superior que nos hizo pasar, no ya por encima de los reinos naturales, sino incluso por encima de nuestros propios hermanos. El poder sin conciencia crea tiranos.

Baste echar un vistazo al último siglo de la Era Piscis para entender: capitalismo feroz; dictaduras, guerras mundiales, genocidios, holocausto, campos de refugiados…; bombas atómicas, nucleares; desaparición por minutos de especies animales o vegetales; agotamiento de recursos; desigualdades entre norte y sur, oriente y occidente, macroeconomías al servicio de corporaciones…

Lo que en estos momentos estamos viviendo es el choque de los deberes que no se hicieron en Piscis con la nueva corriente acuariana. Pero con un problema añadido. La ruptura de velos interdimensionales hace que nuestras capacidades para co-crear nuestra realidad sean cada vez más fuertes. Ahora el poder (en cualquiera de sus vertientes y manifestaciones), sin conciencia y con una capacidad de generar realidad a su alcance sin precedentes nos exige actuar. Esa es la “Llamada del Guerrero”.

Tal y como se me dijo, y tal y como vengo difundiendo desde hace tres años, así es como se ha venido en llamar el período que abarca el 2012 y el futuro 2020/2021. Un período donde se nos insta al servicio. A un servicio activo, proactivo, consciente respecto de la realidad que nos circunda. Un servicio que reoriente, supla, enderezca cuanto no se corresponda con las leyes universales del Bien Común, de cuanto promocione un progreso real, alejado de cualquier pretensión de ego propio o ajenos, de todo cuanto contravenga la Justicia y el Amor entre los seres o los Reinos de la naturaleza, de todo cuanto no entienda que la evolución o es global o no es evolución.

Estimado/a Guerrero. El Universo te ampara. Tienes información y todos los recursos a tu alcance. Sólo tienes que tener oídos para oír y ojos para ver. Estimado/a Guerrero/a: ¿estás dispuesto/a a hacer aquello que sabes que tienes que hacer?

Gabriel Padilla

Artículo-resumen de los expuesto en el prólogo de mi libro  Metafísica angélica para la Llamada del Guerrero (2012-2020), publicado en el segundo número (marzo-abril) de la revista digital AmmaElha

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Los 10 errores de la espiritualidad

[Fragmento de mi libro Metafísica angélica para la Llamada del Guerrero (2012-2020), pp.186-195]


“Según la perspectiva que se tome, estos errores se dividen en dos grandes grupos. Los primeros son aquellos que miran desde abajo hacia Arriba. Desde una posición de presente adolecemos por ese mundo perfecto que nuestro cerebro ha idealizado. Un mundo completamente separado del nuestro, en el que presumimos no existe ninguno de los males que padecemos en nuestra vida cotidiana. Un mundo al que hemos pertenecido y al que anhelamos volver, en tanto en cuanto consideramos es el mundo que realmente nos corresponde, lo que nos incita a no escatimar en hacer méritos que nos lleven de vuelta a él. Estos errores suponen una búsqueda de aquello que creemos no tener o que hemos perdido y, a las claras, suponen una huida –o la necesidad de escape– de una realidad presente que no aceptamos o nos negamos a asumir.

El segundo grupo es aquel que adopta una perspectiva distinta. Es cuando adoptamos una postura de un presunto Arriba y actuamos desde ahí, en este aquí abajo que en realidad nunca hemos abandonado. Desde tal posición nos esforzamos y nos forzamos a asumir un papel, una autoridad y una responsabilidad que en absoluto nos corresponde, una vez más en base a lo que nosotros creemos que debe ser. Forman parte de uno de los grandes engaños del ego y dado que son los errores más activos, constituyen los más peligrosos ya que la persona está poniendo todo su ejercicio en un puro espejismo.

Primer error: el concepto de “espiritualidad”. Es un concepto antiguo que venimos manteniendo de cuando la vida terrenal se veía separada de la realidad etérica, contemplada como la “otra vida” a la que accedíamos al transformarnos en espíritu, tras la muerte. Actualmente este concepto tan genérico ha venido a acaparar todo cuanto se relaciona con lo transpersonal y a tenor de cuanto sabemos hoy día respecto del funcionamiento del Universo y respecto de nuestras realidades dimensionales, a todas luces resulta no ya obsoleto, sino erróneo. Con la muy bien intencionada misión de englobar todo cuanto resulte inmaterial tal nomenclatura mantiene unas connotaciones que desvían la realidad, al poner su foco en un falso distanciamiento entre partes, conocimientos, realidades, que ya sabemos que no son sino uno/a. Nosotros y nuestro Yo Superior somos lo mismo, aun en vibración distinta, distinto plano y distinta conciencia.

Segundo error: el rechazo del mundo material. Es sin duda uno de los más antiguos. Este error se debe a una idealización exacerbada de la realidad etérica de la que venimos hablando. Entendemos que la materia nos impide ser quienes realmente somos. La que nos aprisiona, la que nos lastra y obliga a permanecer en un mundo que no es el que nos corresponde. Y hacemos cuanto podemos por intentar romper lo que entendemos como sus limitaciones. Antiguamente místicos y gurús lo hacían mediante ayunos, rezos, lecturas, retiros, mortificaciones del cuerpo… También culpabilizamos desde este error, además, a la realidad circundante (social, política, económica…) que en poco facilita nuestra pretensión y nos obliga a actuar fuera de nuestra conciencia. Pretendemos huir o establecer una separación que nos permita ser, cuando lo que en realidad deberíamos es saber estar, asumiendo nuestra responsabilidad de servicio en el aquí y ahora, porque es en el aquí y ahora donde está nuestro aprendizaje.

Tercer error: querer ser. Si en los dos casos anteriores encontrábamos claramente dos situaciones de huida, tanto en este tercer error como en el siguiente encontramos un matiz distinto: una huida hacia adelante. Es este un error muy cerebral. Seguimos en la dinámica de aceptar la parte celeste como la única buena, correcta y adecuada, esta vez con la diferencia de pretender vivirla en el aquí y ahora como si de la única fórmula viable se tratase; de una manera militante, mental. Esto nos conduce a un serio problema: querer no nos deja ser. Intentando llevar el control de lo que no es posible controlar quizá no estemos dejando espacio para la manifestación de quienes realmente somos o de lo que tengamos que hacer. Y tal vez estemos empeñados en algo que no tiene razón de ser con lo que además de no estar en el puesto que nos toca, cumpliendo con nuestro cometido, pudiera ser que estemos invadiendo el de algún otro con el perjuicio que ello supone.

Cuarto error: la “gula espiritual”. Es otro de los grandes errores originados por el intelecto que pretende entender y controlar. Cuando caemos en él simplemente nos preocupamos de saber, de acumular conocimientos, lecturas, cursos, seminarios, charlas, técnicas… sin más objetivo que el de entenderlo todo, pretendiendo llegar hasta la última consecuencia. Un proceso que lejos del anhelo original, acaba por promocionar la inacción, el hastío y el abandono dado que no conseguimos más que perdernos en la búsqueda. En primer lugar porque semejante afán de alcanzar a comprender la verdad última resulta una auténtica quimera que jamás lograremos. En segundo lugar porque al carecer de criterio u objetivo alguno lo que obtenemos es un anárquico caos del que no podemos sacar provecho alguno.

Quinto error: la “golosina espiritual”. De tal error ya advertía, en el siglo XVI, san Juan de la Cruz. Decía que quienes caen en este error “en sí son […] semejantes a los niños, que no se mueven ni obran por razón, sino por el gusto. Todo se les va a estos en buscar gusto y consuelo del espíritu, y para esto nunca se hartan de leer libros, y ahora toman una meditación, ahora otra, andando a la caza de este gusto con las cosas de Dios. A los cuales se les niega Dios muy justa, discreta y amorosamente, porque si esto no fuese, crecerían por esa gula y golosina espiritual en males sin cuento”. A primera vista en poco parece distanciarse del anterior, pero nada tiene que ver. Mientras aquel consistía en una compilación en aras de un entendimiento racional, cerebral, de un acto de control, en este caso de lo que se habla es de la adquisición de un provecho interior. Nada cabría objetar de no ser porque es precisamente la rentabilidad emocional o social lo que prima frente a hacer, a ser o a estar, frente al servicio que, para ser tal, debe quedar por entero libre de cualquier interés o satisfacción, incluido/a el/a personal.

Sexto error: la exageración. Este es un error muy común en el que habremos caído todos. Si estuviésemos hablando de lenguaje, sería lo que conocemos como hipercorrección. Bajo este error pretendemos atender y vivir tan exquisitamente bien nuestra parte transpersonal que, perdiendo el sentido de toda lógica, acabamos malmetiendo nuestra labor y por supuesto yendo en contra de nosotros mismos. Por él nos forzamos y esforzamos en funcionar tal y como los Seres de Luz que somos –tal y como nuestra imaginación nos da a entender– y convertimos la humildad en empequeñecimiento abnegado, el perdón en resignada aceptación, la fe en inacción pura…Nos negamos cualquier sentimiento que no sea felicidad, bienestar… Obligándonos a no enojarnos, a no preocuparnos… A reprimir cualquier reacción instintiva, a rectificar pensamientos y palabras que se alejen de los dictámenes de lo que nosotros suponemos Luz. Cuidándonos muy mucho de no caer ni vernos influidos o contagiados por ninguna de las aborrecibles manifestaciones de Oscuridad que nos acechan para trabar nuestras vidas y hacernos caer en desgracia.

Séptimo error: somos especiales. Este es también de los más comunes que solemos cometer cuando asumimos la parte de la transpersonalidad que conocemos y que nos lleva a darnos cuenta de que somos mucho más que un oficinista, una profesora, un número en el banco. Cuando asumimos que en realidad no importan tanto las facturas, la casa, las discusiones con los vecinos, con la familia… que nuestra vida cotidiana no es más que una parte incompleta del Ser que realmente somos y que podemos llegar a descubrir. Nada resulta reprochable hasta aquí, dado que todo cambio de conciencia conlleva un despertar interior que te hace ver la vida de una manera distinta. Siempre y cuando entendamos que en la medida en que nosotros somos especiales también lo es el resto de la gente, por lo que deberíamos afianzar aún más si cabe nuestra labor de servicio hacia un Bien Común de provecho y evolución, alejados de sobrevalorarnos por un ego henchido o de caer en una autocontemplación que nos conduzca hacia un autojustificado aislamiento del mundo, cuando no a un autojustificado rechazo del mundo.

Octavo error: el destino suprahumano. A veces viene en conjunción o a colación del anterior. Preponderar la misión terrena por encima de la propia vida terrena es uno de los grandes errores en los que podemos caer. Más allá de quienes seamos cósmicamente, nuestro destino se encuentra en nuestro presente. Nuestra labor también. No podemos menos-preciar el entorno en el que estamos porque precisamente es este el que nos va a proporcionar las experiencias y los aprendizajes para que podamos llevar a cabo la evolución que pretendemos. Una evolución que nosotros desconocemos y que puede esconderse en lo que al parecer de nuestro ego resulte lo más vulgar y menos significativo de este mundo, mientras nosotros seguimos empecinados en misiones que consideramos más interesantes.

Noveno error: la autoconfianza espiritual. Este es uno de los errores más dañinos. Alice Bailey lo define como “los principios astrales del discípulos”. Cuando caemos en él justificamos nuestros pasos, nuestros actos, nuestras palabras, en base a una realidad interior que hemos fraguado como verdad totémica, única e incuestionable que nos lleva a contemplar el mundo, las personas o las situaciones bajo nuestro prisma irrecusable. Y lo que es peor, no dudamos en manifestarla, imponerla o en vapulear a cualquiera que nosotros consideremos merecedor de una lección de vida.

Décimo error: la salvación espiritual. De nuevo otro de los grandes errores en los que caemos. Cuando entendemos que nuestro camino, que el proceso por el que hemos pasado, es de utilidad para todo el mundo. Cuando nos aventuramos además a intentar ser salvadores de los demás, creyendo que los demás tienen que ser salvados. Es un grandioso error no entender la premisa básica de que la evolución de cada uno es personal e intransferible, que no existen fórmulas ni atajos para la resolución de nada y de que cada uno tiene su tempo de evolución, su modo de resolver las disyuntivas que la vida le plantea, que no tiene por qué ser igual al de ningún otro.

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