maestro tibetano

El servicio

“La era pisceana preparó lenta, muy lentamente, el camino para la divina expresión del servicio, que será la gloria de los siglos venideros. Hoy el mundo está llegando firmemente a comprender que “ningún hombre vive para sí mismo” y que sólo cuando el amor, sobre el cual se ha escrito y hablado tanto, se exterioriza como servicio, el hombre puede estar a la altura de su capacidad innata.

No es fácil servir. Recientemente el hombre comienza a aprender a servir.

El servicio generalmente se interpreta como algo muy deseable, pero raras veces se comprende cuán difícil es servir. Implica sacrificar tiempo, todo aquello que nos interesa y las propias ideas; requiere un trabajo excesivamente arduo, porque necesita un esfuerzo deliberado, sabiduría consciente y habilidad para trabajar sin apego. Estas cualidades no las logra fácilmente el aspirante común; sin embargo, la tendencia a servir es una actitud que posee hoy una vasta mayoría de personas en el mundo. Tal el éxito obtenido por el proceso evolutivo.

A menudo se considera que servir consiste en lograr que las personas adopten el punto de vista de aquel que sirve, porque para el seudo servidor es bueno, verdadero y útil y, lógicamente, creerá que será bueno, verdadero y útil para todos. Muchos creen que servir es darle algo al pobre, al afligido, al enfermo y al desgraciado, porque consideran que deben ayudarlos, sin comprender que esta ayuda se ofrece primordialmente porque se sienten incómodos ante las condiciones afligentes y, por lo tanto, deben esforzarse por mejorar tales condiciones a fin de sentirse nuevamente cómodos. Esta forma de prestar ayuda, alivia el propio malestar, aunque no logre liberar ni aliviar a los que sufren.

El servicio demuestra con frecuencia un temperamento preocupado o superactivo, o bien una disposición de autosatisfacción que lleva a su poseedor a realizar ingentes esfuerzos para cambiar las condiciones y convertirlas en lo que él cree que debe ser, obligando así a las personas a estar de acuerdo con lo que el servidor cree que debe hacerse.

También el servicio puede surgir del deseo fanático de seguir los pasos del Cristo, el gran Hijo de Dios que “hizo el bien” y dio el ejemplo para que siguiéramos Sus pasos. Por lo tanto estas personas sirven por el sentido de obediencia y no por el sentimiento espontáneo de exteriorizarse hacia el necesitado. Allí no existe esa cualidad esencial de prestar servicio, y todo se reduce a tentativas. El servicio puede similarmente efectuarse por un profundo y arraigado deseo de alcanzar la perfección espiritual, considerada una de las facultades necesarias para el discipulado, y el que quiere llegar a ser un discípulo debe servir. Esta teoría es correcta, pero carece de la sustancia viviente del servicio. El ideal es correcto, verdadero y meritorio, pero el móvil que subyace en él es completamente erróneo.

El servicio puede ser prestado porque está de moda y se ha convertido en una costumbre el estar ocupado haciéndolo de algún modo. La marea sube. Todo el mundo sirve activamente en sociedades de beneficencia, en empresas filantrópicas, en la Cruz Roja, en instituciones de elevación cultural y en la tarea de aliviar las malas condiciones del mundo. Servir está en boga. Servir da la sensación de poder, conquista amigos y es una forma de actividad grupal y, con frecuencia, beneficia mucho más al servidor (en el sentido mundano) que al servido. Sin embargo, a pesar de los móviles erróneos y las falsas aspiraciones, se presta un constante y espontáneo servicio. La humanidad va hacia una correcta comprensión de lo que significa servir.

Cuando el yo personal inferior se subordina a los ritmos superiores y obedece a la nueva Ley del Servicio, entonces la vida del alma comienza a fluir a través del hombre y llega a los demás: el efecto que produce en su familia y en su grupo inmediato se demuestra en real comprensión y en prestar verdadera ayuda. A medida que se aplique esa corriente de vida afluirá con más fuerza y se extenderá desde el pequeño grupo familiar circundante hasta quienes se hallan en las inmediaciones. Entonces se hace posible una amplia serie de contactos hasta que, oportunamente (si han vivido varias vidas influidos por la Ley del Servicio), el efecto de la vida afluyente puede llegar a ser nacional y mundial. Pero esto no debe ser planeado y tampoco se luchará para imponerlo como un fin en sí mismo. Será una expresión natural de la, vida del alma, adquiriendo forma y orientación de acuerdo al rayo a que pertenece el hombre y a la expresión de su vida pasada, y estará coloreada y ordenada por las condiciones ambientales – de tiempo, período, raza, edad. Será una corriente viviente y una acción espontánea, y la vida, el poder y el amor demostrados, provenientes de los niveles del alma, tendrán una fuerza poderosa y atractiva sobre las unidades del grupo con las cuales el discípulo puede entrar en contacto en los tres mundos de expresión del alma”.

Dwjal Khul (maestro Tibetano), a través de Alice Baily

El discipulado en la Nueva Era, Vol. II

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La Gran Invocación: energía y significado

Seguramente la habrás encontrado por las redes sociales, en algún anuncio de alguna revista especializada. Tal ve la hayas conocido en algún curso o por que se te ofreció en formato de calendario….

La Gran Invocación es una oración aconfesional, aparentemente anónima, destinada a ser utilizada y divulgada para beneficio de todos los Hombres de Buena Voluntad. Pero ¿sabías que esta oración fue transmitida por el maestro Tibetano Dhjwal Khul a través de Alice Bailey? ¿Qué su texto promueve las energías de las Festivales Espirituales?

Descubre todo esto y mucho más a cerca de este importante texto en el presente video. Espero que lo disfrutes.

 

Gabriel Padilla

http://www.gabrielpadilla.es

 

Las reglas del camino

Os dejo para reflexionar un interesante texto del maestro Tibetano Djwhal Khul, recogido en El Discipulado en la Nueva Era, vol. I.

1. El camino se recorre a plena luz del día, arrojada en el Sendero por Quienes saben y guían. Entonces nada puede ocultarse y, en cada recodo del Camino, el hombre debe enfrentarse a sí mismo.

2. En el Camino se revela lo oculto. Cada uno ve y conoce la villanía del otro. Sin embargo, a pesar de esa gran revelación, nadie retrocede, no se desprecian mutuamente, ni vacilan en el Camino. El Camino sigue adelante hacia el día.

3. Ese Camino no se recorre solo. No hay prisa ni apremio. Sin embargo, no hay tiempo que perder. Cada peregrino, sabiéndolo, apresura su paso y se encuentra circundado por sus semejantes. Unos van adelante, él los sigue. Otros se quedan atrás, él les marca el paso. No camina solo.

4. Tres cosas debe evitar el Peregrino. Llevar un capuchón; un velo que oculte su rostro a los demás; un cántaro que sólo contenga suficiente agua para su propia necesidad; un báculo sin orquesta en que aferrarse.

5. Cada Peregrino en el Camino debe llevar consigo lo que necesita: un brasero para dar calor a sus compañeros; una lámpara para alumbrar su corazón y mostrar a sus semejantes la naturaleza de su vida oculta; oro en una talega, que no lo malgaste en el Camino, pero lo comparta con los demás; una vasija sellada donde guarda todas sus aspiraciones para ofrendarías a los pies de Aquel Que espera darle la bienvenida en el portal.

6. A medida que recorre el Camino, el Peregrino debe tener el oído atento, la mano dadivosa, la lengua silenciosa, el corazón casto, la voz áurea, el pie rápido y el ojo abierto, que ve la Luz. Él sabe que no camina solo.