guerrero de luz

2020. Hacia el Hombre de Acuario

  Llegamos al 2020. Sin duda uno de los años más vibrantes de cuantos hemos vivido hasta la fecha, junto con el ya casi olvidado 2012. Porque por un lado supone el colofón del proceso evolutivo que se abriera en aquél. Por otro, porque ya es la antesala del nuevo horizonte que habrá de ser el norte y guía de nuestra labor de Luz, aquí en la Tierra, en los años venideros.

  Vayamos por pasos.

  El presente 2020 cierra el ciclo de cuanto ha supuesto la andadura por este primer escalón de Acuario.

  Desde que entráramos en la Era, allá por los años 60, no es hasta 2012, como sabemos, que las energías Acuario se asientan definitivamente en la Tierra, apoyadas especialmente por la conjunción del portal 12/12/12 – 21/12/12 gracias al cual nuestra realidad 3D asumió rasgos propios de cuarta y quinta dimensión. A partir de este, no solo se anclan las nuevas directrices acuarianas sino que estas se ven facilitadas por un escenario existencial más ligero, menos denso, que permite permeabilizar como nunca antes había ocurrido las capacidades de Luz. Es el primer paso definitivo hacia el futuro hombre de Acuario. El hommo celestis. El hombre que coexiste en perfecta comunión (y conciencia) con su realidad de Luz.  Y a partir de ahí se abrió el proceso que iniciaría la andadura hacia él. Un proceso que tendría lugar entre el mismo 2012 y el presente 2020, aunque alcanzando también el futuro 2021, como puente hacia el siguiente nivel.

  Quienes me seguís a través del presente blog (pido disculpas por la falta de atención que he tenido a lo largo del presente año), o de youtube, o quienes habéis leído mi libro sabéis que este período se denominó la Llamada del Guerrero

  Han sido siete años dedicados al trabajo interno. Siete años en los que las dinámicas anuales colectivas se constituían en apoyo para dicha labor. Siete años en los que se nos ha instado y ayudado a ver todo cuanto malmetía en nuestro interior, todo cuanto comprometía la conexión con nuestra esencia, todo cuanto desviaba la manifestación de nuestro Ser. Esa es la verdadera y única batalla de todo Guerrero de Luz. Se nos instaba a pulir nuestro interior. A tomar conciencia y ser resolutivos al respecto. Fuimos llamados a recorrer las tres fases del Camino del Guerrero de Luz (vid. video.). A ser libres, el primer paso. De limitaciones, malos aprendizajes, patrones, inferencias externas, dinámicas internas… A ser conscientes, el segundo. Solo cuando hemos apartado los velos que oscurecían nuestra visión del mundo podemos se puede tomar conciencia de cuál es la realidad real en la que habito. Y ahora, finalmente, tercer paso, a ser activos. Es la clave del presente 2020. El Guerrero de Luz (transformación del interior) debe pasar a obrar como Trabajador de Luz (transformación del exterior). La Luz interior alcanzada debe manifestarse externamente en actos, pasos y palabras.

  La propia numerología resulta muy reveladora, respecto de la dinámica del año actual.

  El dos, es el número que nos trae la idea de dualidad, de lo que hay a un lado y otro del velo. El Cielo y la Tierra. El Yo Terreno y el Yo Superior. La verdad y la Verdad. Un velo que a lo largo de estos años hemos debido trabajar para descorrerlo, para que no nos mostrase realidades parciales o distorsionadas. En el presente año esta labor cobra un protagonismo definitivo por integrar definitivamente las sombras, como parte de nuestro Yo y no como antagonistas de nuestro Yo. Es el año en que nuestras realidades coexistentes (Yo Superior y Yo Terreno) podrán estar más cerca que nunca, por lo que deberemos hacer caso a nuestra intuición, entendiéndola como el lenguaje de nuestra Alma, el lenguaje entre nuestras dos naturalezas. Es hora de traer nuestra realidad de Luz a la 3D, de manifestar la Unidad del Ser. Es lo que nos dicen la suma de los dos números 2. (El 4 representa la materia, la Tierra, la manifestación terrena.) Una unidad que tiene un cometido. La energía del número 0, la semilla, lo potencial, nos lo dice: todo aquello que puede llegar a ser, debe llegar a ser. Solo desde la comunión del Ser, que es la propuesta de este 2020, podremos regar y hacer germinar la raíz de toda manifestación. El número maestro 22, presente en los dígitos, así lo avala. Su presencia determina un alto nivel de vibración por el que el Espíritu pasa a la acción creadora. (Recordemos que Dios creó el Mundo a partir de 22 nombres). Lo que nos conduce, y es la antesala del próximo período evolutivo que se dará a partir de 2021, a asumir la responsabilidad de que la Criatura pase a ser Creador. De ahí la importancia que ha tenido el trabajo interno: para no crear desde las sombras.

  Porque no hay Creación sin Unidad. Pero no puede haber Unidad sin conexión a la Fuente. Y no hay conexión a la Fuente sin Amor. El Amor, el Sumo Amor es la característica esencial de la Fuente. Mas también la propia materia de toda existencia. Todos surgimos de una extensión de Su Puro Amor. Todo surgió como una extensión de Su Puro Amor.  Es la materia que sostiene, estructura y equilibra Universo y Existencias. Luego sin Amor, no hay Creación. No hay nada. Y ese el espíritu envolvente que rige este 2020.

  Si en 2018 regía la energía del Rayo Azul, en 2019 regía la energía del Rayo Amarillo, en el presente año rige la energía del Rayo Rosa. Como ya dijimos el año pasado, la unión de los tres Rayos de la Llama Trina, los tres Rayos primigenios, sellando el proceso del Guerrero que cierra arropado con la energía del Amor Divino. La energía del Espíritu Santo, el espíritu activo de Dios. La energía de Dios-Madre, la actividad Creadora.

  Estamos ante un año puramente dinámico. Aún tratándose de la energía femenina de Dios, es una energía de Creación, de manifestación. Porque el Amor une, cohesiona, construye, equilibra, reconduce, ordena… El Amor actúa, recompone, revierte y organiza en base a la propia ley de atracción. Es un año para recoger todo lo que haya sido sembrado desde el sentir acuariano. Un año que verá florecer todo cuanto se haya hecho desde el corazón, y por corazón entiéndase “conciencia”, no emoción. Es el momento de construir. Para nosotros, pero también para la sociedad, para el colectivo. Mas no desde el quehacer individual. Las energías del 2020, como antesala de las venideras, ya nos insta a la unión y el trabajo en equipo. También a que los equipos trabajen con otros equipos. Hemos de empezar a constituir las bases de la estructuras sociales de Luz y activarlas.  Después de todo el proceso que hemos ido trabajando, la exteriorización de la Luz insta urgentemente a ser más activa que nunca y alcanzar a todos los ámbitos: sociales, económicos, políticos, medioambientales… Lo que sin duda va a suponer (nada nuevo bajo el sol) la confrontación, ahora más directa, con los obsoletos esquemas que ya resultan contrarios. Recordemos. Leamos líneas atrás: el Amor “equilibra, reconduce, ordena…” y se elevan en justicia, en el marco de este ordenamiento cósmico.

  Un año por lo tanto que se presenta intenso, vibrante y unas energías ahora ya imparables que nos llevan a todos a la acción y el compromiso, que nos sacan al ruedo de esta realidad a veces tan alejada de lo que debiera ser. El Bien debe pasar a ser un valor activo. Queridos Trabajadores, toca alzar la voz.

“Que la Luz, el Amor y el Poder restablezcan el Plan en la Tierra.”

Gabriel Padilla

2018. Conexión. Construcción. Despertar

Podría volver a repetir la frase con la que empecé el post de la dinámica del 2017, en este mismo. En aquel momento decía que “2017 era un año fundamental”. Pues bien. De igual manera diré, 2018 “es un año fundamental”. Aquél lo fue por representar el final de una etapa, dentro del proceso global que se iniciara en 2012, en la que desde la Hermandad y nuestras propias identidades de Luz se ha pretendido dar un toque de atención y acelerar los procesos ascensionales de cada uno, con la finalidad de reconducir hacia el sentir Acuario que tanto ha ido chocando contra las viejas estructuras, ideas y acciones que aún lastramos de los deberes no realizados en la Era anterior (tal y como he expuesto en conferencias y el prólogo del libro; por ello no me extenderé al respecto). No en vano, a esta etapa (2012-2020) se vino a denominar “la Llamada del Guerrero”.

Hasta 2017, el trabajo ha consistido, visto con perspectiva, en adquirir una toma de conciencia respecto de nuestro mundo por un lado. Por otro, en salvar cuantos obstáculos internos, especialmente mentales y emocionales, aunque no únicamente, han ido emborronando el camino que nos conduce a nuestra propia Esencia, manteniéndonos en una turbulenta dualidad en la que parecía que siempre asumían el protagonismo nuestras sombras. Desde lo que cada uno ha podido hacer, lograr, trabajar, el pasado 2017, comandado desde las energías de Rayo Violeta, suponía, como colofón final, para facilitar la conexión con nuestra propia maestría interior [ver post].

En 2018, la “Llamada del Guerrero” cobra más sentido que nunca. A partir de este año, y en los dos venideros, el final de período, la dinámica que se va a pedir es la del trabajo exterior. Que Todo ese aprendizaje que hemos llevado a cabo lo externalicemos. Que seamos más proactivos que nunca. No en vano el camino para este año viene amparado por la energía del Rayo Azul.

El Rayo Azul es el Rayo del Inicio. Se caracteriza por ser un Rayo de energía plenamente masculina, de acción que nos incitará a materializar el sentir acuariano, manifestando y poniendo en práctica cuanto hemos aprendido en estos años, en nuestro entorno. Hasta ahora hemos actuado, sí, pero centrados más en las resoluciones de las cuestiones internas hemos sido capaces de sostener situaciones que no se ajustaban a derecho. Ahora ya no podremos. La necesidad, desde el Alma, de enderezar aquello que no es de Justicia pasará por delante. Recordemos que el Rayo Azul es el Rayo del Justo Orden Divino, aquel que permite sostener el entramado de Luz-Amor de la Creación sin desvíos y no duda en confrontar todo cuanto no se ajuste a ese Derecho Consciente. Y para ello no duda en la “confrontación” o la “destrucción”.

El maestro Saint Germain en sus escritos hace mucho hincapié en ello: “al igual que el campesino hace con su terreno antes de sembrar la semilla, este Rayo remueve, destroza y prepara la tierra, para recibir la simiente de los siguientes Rayos”. Destruir para construir. De manera que la dinámica proactiva de este Rayo es la que promueve la desaparición de formas caducas, sean especies animales, vegetales o civilizaciones que han terminado su ciclo evolutivo y deben dejar paso a lo nuevo. Radiaciones solares, glaciación, colisiones estelares o revueltas, guerras incluso llevan la marca de la energía Azul. Hemos de prestar atención, por lo tanto. Ya que las energías azules dirigen a la acción, pero ¿qué pasa cuando esta acción no se lleva a cabo desde la Conciencia? Movimientos militares, libertarios, separatistas, tribunales de justicia, revueltas pueden tener un protagonismo, de una manera u otra a lo largo de este período anual aupados por esta vibración. Citando las palabras del propio maestro:

“la persona inconsciente, no preparada, el Primer Rayo la transforma en un ser violento, en un ser autocrático, en un ser decidido a cumplir su voluntad a pesar de todo y de todos, mientras que un ser entrenado, un estudiante de la luz, el Primer Rayo le conferirá el poder conocer y adentrarse en los misterios de la voluntad divina; manifestará un criterio sumamente amplio y equilibrado acerca de la justicia y del amor, como dos pilares indispensables en la vida de los seres humanos; manifestará una fuerza de voluntad a prueba de todo y su vida, muchas veces, será un ejemplo de lo que los más altos principios de justicia pueden lograr en la tierra; llegan a ser grandes líderes, porque su vida es un ejemplo difícilmente seguido por el resto de las personas”.

Es por ello, ahora más que nunca que la conciencia de Luz y Amor debe estar absolutamente presente en todos nuestros actos. Que el sentido de lo Justo se mida desde la Luz, no desde el ego. Será un año donde, como dice el evangelio de Mateo “por sus actos les conoceréis” [Mat. 7:15]. Ahora bien, tengamos presente un matiz importante: es un año (Rayo) que destruye para construir, lo cual no significa que sea un año de logros definitivos; para ello necesitaremos las energías venideras.

Mas no es esta la única dinámica de la vibración Azul. Hay otra más. Quizá la fundamental. Si hablamos de Orden, por extensión Justicia Cósmica, si hablamos de Origen, de Principio como características es porque este, el primero de loa Rayos Cósmicos, es el que mantiene mayor vinculación con la Unidad Primigenia, con la Fuente. En metafísica tradicional se dice que es la energía de Dios-Padre, de la que todo surge y hacia lo que todo regresa; alpha y omega.

La numerología de la fecha nos indica exactamente a lo que nos referimos. Estamos ante un año 11. El primero de los números maestros, cuya enseñanza es la de equilibrar cielo y tierra, realidad celeste y tercerdimensional, para hacerlo realidad en este plano. La realización del Plan Superior en el mundo terrenal. Para otros, también es el número de las revelaciones; de la revelación de Dios.

En 2017 veíamos que el logro que se facilitaba era el alcanzar la Maestría Interior. Ahora, en 2018 se nos va a facilitar más que nunca, si hemos hecho el trabajo interno, si estamos preparados, la comunión con nuestra propia Unidad.

A la par que una parte de nuestro mundo conocido (social, económico, político, personal…) pueda tambalearse, esta año recibiremos más ayuda, más orientación, más señales. Mucha gente, aún no consciente, se dará cuenta, a poco que tome una mínima conciencia, de que sí, “hay algo más”, de que “no estamos solos”. Quienes estén en su camino verán facilitarse la andadura. Quienes sean canales, sanadores… aún a medio despertar o con resistencia a ello recibirán claros indicios de por dónde deberán ir. Y la Hermandad estará más afianzada con nosotros que nunca. Todo aquel que tenga oídos, podrá oír, quien tenga ojos podrá ver en relación a su camino, a su vida y a su misión. Simplemente cuando nuestras zonas de confort se tambaleen, deberemos mantenernos firmes, en confianza, y desde nuestro Ser y nuestro Sentir pasarlo todo por el filtro del Amor-Sabiduría.

Por un año de Luz, conexión y conciencia.

Feliz 2018.

Gabriel Padilla

www.gabrielpadilla.es

RECOMIENDO VER:

> 2018. El compromiso por la Ascensión

> Conferencia: la disciplina del Amor

 

 

 

EL GUERRERO DE LUZ

Cuando pensamos en un Guerrero de Luz nos dejamos guiar siempre por los patrones de generalización con los que se organiza nuestro cerebro y lo primero que se nos viene a la cabeza es lo externo. En primer lugar la apariencia: armadura, espada, casco… ¿caballo, quizá? En segundo lugar (tal vez el primero o el único para muchos) la acción: la actitud belicosa, la batalla, la lucha, el enfrentamiento… el enemigo.

            Pero ni la armadura más brillante, no el yelmo más fiero o a espada más afilada hacen o definen a un Guerrero de la Luz. Desde luego tampoco la presencia de un enemigo. No es la figura de un adversario lo que da sentido a un Guerrero de la Luz. ¡Menudo poder tendría el tal adversario, si su existencia justificase la nuestra! No. Nada de eso. Un Guerrero de la Luz no se define por lo que tiene ni por lo que hace. Un guerrero de la Luz se define por lo que es: UN GUERRERO DEL CORAZÓN.

Os dejo la última conferencia con la que amplío la información que aparece en el libro a cerca de nuestro compromiso con la Luz.

Espero que os resulte de utilidad. Disfrutadla.

EN RADIO LA MARINA FM

El pasado miércoles (16-marzo -2016) estuve en el programa “Más allá de la Tierra”, de la emisora barcelonesa La Marina FM. Estuve hablando del libro y de los temas colaterales que fueron surgiendo: cuál es el momento actual, qué es un Guerrero de Luz, cuál es la misión colectiva hacia la que vamos…

Para que lo podáis disfrutar o incluso descargar, os dejo el enlace.

http://m.ivoox.com/94-programa-mas-alla-tierra-radio-audios-mp3_rf_10843470_1.html

Tras el programa, esto es lo que escribió Martín Villaverde (director del mismo) en la revista digital de la emisora:

Nueva edición, nuevo programa y por las ondas volaban mensajes de Palabras de ángel, las que en aquella mesa se compartieron.

[…]

Gabriel Padilla y su libro Metafísica angélica para la Llamada del guerrero (2012-2020)  y la potencia de su enseñanza nos hizo subir al cielo, bajar a la tierra con la energía que comunicaba su experiencia de vida, convertida ya en misión y nos dejó su sabiduría. Resalto la palabra “Integrar”… Y si quereis saber más en breve se compartirá el audio. Mientras podéis encontrarlo en Youtube y en su blog: caminantedeluz.wordpress.com.

Espero que os guste.

La “Llamada del Guerrero”

Estamos viviendo un momento crucial, en el marco de la evolución colectiva. Estamos viviendo un período que habrá de marcar, orientar o reorientar los procesos venideros en esta progresión imparable del proceso de Ascensión. Dependerá de si aceptamos el protagonismo que el trayecto pone sobre la mesa o si decidimos escondernos bajo la misma, utilizándola como soportal, a la espera de que el tiempo amaine, bajo el coste que en la progresión individual y colectiva ello supondría, (como si en realidad esto fuese una opción).

El año 2012 fue un hito. Todo el mundo, desde muchos años atrás, se ocupaba de lo que ocurriría a partir de entonces. Tergiversando las profecías mayas, algunos ya vislumbraban el fin del mundo. Otros en cambio, en el extremo más opuesto, esperaron la llegada de una nueva aurea aetas, donde aparentemente sin mayor esfuerzo del que supone deshojar el calendario, todos habríamos alcanzado el nivel ascensional pertinente a la fecha. Y bien mirado, eliminando en ambas la fantasía mitológica, si las llevamos a un punto medio, en realidad,  ambas tuvieron su parte de razón.

Entre el famoso portal del 12/12/12 y el solsticio del 21/12/12 tuvieron lugar dos hechos de una relevancia fundamental. Las energías acuarianas, llegadas muchos años atrás, al fin asentaron definitivamente su anclaje. Correlativamente también lo hicieron sus nuevas directrices: promoción de la automaestría, ponderación del bien común, individualidad colectiva y colectividad individualizada (igualitarismo entre la parte y el todo)… A la par, culminó un proceso ascensional gracias cual la densa tercerdimensionalidad en la que nos desenvolvemos incorporaba rasgos de cuarta y quinta dimensión. Gracias a ello, el velo interdimensional empieza a diluirse y nuestras identidades terrenas pueden permeabilizar cada vez más –esto es un proceso que ya había ido produciéndose a medida que se acercaba esta confluencia interdimensional–– características o capacidades propias de la multidimensionalidad a la cual pertenecemos como seres de Luz: capacidades co-creadoras, manejo de energías frecuencialmente elevadas, acceso a Registros de conciencia colectiva, a nuestras propias identidades de Luz, a los hermanos de planos etéricos… etc.

Ambas posturas recogían, en cierta medida, su parte de verdad, como dije líneas arriba. El famoso cambio de una, resulta obvio. El proceso de Ascensión de la otra también. Incluso el concepto a priori pueril de una evolución “a golpe de calendario” sin que se tuviera que mover un dedo. Y, bueno, en parte, hay procesos que así ocurren. El cambio de Era es una conjunción astrológica. Se produce cada 2.500 años aproximadamente. El influjo de dichas conjunciones marcan el devenir de los logros colectivos así como las dinámicas para alcanzarlos. La misión colectiva, global, que diríamos, para alcanzar el siguiente paso. Ahora bien, que una nueva Era llegue no significa que todo esté a punto para acogerla. Especialmente en los primeros ¿muchísimos? años de la misma. Básicamente cuando no se han acabado de hacer del todo bien los deberes.

Nuestra presencia en la Tierra es un camino de integración. El planeta nos brinda la oportunidad de vivir una serie de experiencias evolutivas a la vez que a través de estas nosotros podemos trabajar sobre el terreno para ayudar a trascender su densidad. No ha sido fácil. Nosotros, identidades de Luz creadas en el origen de los tiempos, inmortales, multidimensionales, hemos tenido que luchar por lograr evolucionar unos “recipientes” que nos permitieran llevar a cabo tal labor.

La Era de Piscis, para no alargarme en lo que ya expongo en mi libro Metafísica angélica para la Llamada del Guerrero (2012-2020), constituía la culminación  de este proceso. Nuestras identidades terrenas al fin alcanzaron un importante cenit evolutivo a nivel físico, intelectual y de comprensión de la realidad que le rodeaba. Debía de ser la Era donde nos integrásemos definitivamente en el terreno, pero desde la conciencia, para su apoyo y desde nuestro propio proceso. Sin embargo, la comprensión del mundo sólo nos sirvió para domeñarlo a nuestro antojo. La comprensión de la materia, a utilizarla como arma de poder. Incluso los grandes mensajes (las religiones) se pervirtieron ante un protagonismo excesivo del ego. Asumimos una conciencia de individualidad superior que nos hizo pasar, no ya por encima de los reinos naturales, sino incluso por encima de nuestros propios hermanos. El poder sin conciencia crea tiranos.

Baste echar un vistazo al último siglo de la Era Piscis para entender: capitalismo feroz; dictaduras, guerras mundiales, genocidios, holocausto, campos de refugiados…; bombas atómicas, nucleares; desaparición por minutos de especies animales o vegetales; agotamiento de recursos; desigualdades entre norte y sur, oriente y occidente, macroeconomías al servicio de corporaciones…

Lo que en estos momentos estamos viviendo es el choque de los deberes que no se hicieron en Piscis con la nueva corriente acuariana. Pero con un problema añadido. La ruptura de velos interdimensionales hace que nuestras capacidades para co-crear nuestra realidad sean cada vez más fuertes. Ahora el poder (en cualquiera de sus vertientes y manifestaciones), sin conciencia y con una capacidad de generar realidad a su alcance sin precedentes nos exige actuar. Esa es la “Llamada del Guerrero”.

Tal y como se me dijo, y tal y como vengo difundiendo desde hace tres años, así es como se ha venido en llamar el período que abarca el 2012 y el futuro 2020/2021. Un período donde se nos insta al servicio. A un servicio activo, proactivo, consciente respecto de la realidad que nos circunda. Un servicio que reoriente, supla, enderezca cuanto no se corresponda con las leyes universales del Bien Común, de cuanto promocione un progreso real, alejado de cualquier pretensión de ego propio o ajenos, de todo cuanto contravenga la Justicia y el Amor entre los seres o los Reinos de la naturaleza, de todo cuanto no entienda que la evolución o es global o no es evolución.

Estimado/a Guerrero. El Universo te ampara. Tienes información y todos los recursos a tu alcance. Sólo tienes que tener oídos para oír y ojos para ver. Estimado/a Guerrero/a: ¿estás dispuesto/a a hacer aquello que sabes que tienes que hacer?

Gabriel Padilla

Artículo-resumen de los expuesto en el prólogo de mi libro  Metafísica angélica para la Llamada del Guerrero (2012-2020), publicado en el segundo número (marzo-abril) de la revista digital AmmaElha

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Conferencia: Los 10 errores de la espiritualidad

¿Qué es la espiritualidad? ¿Qué tengo que hacer para “ser” espiritual? ¿Y en qué consiste exactamente lo de “ser espiritual”? ¿Se puede ser espiritual en los tiempos actuales?

Hace un tiempo recogí en un post los 10 errores (ver). Os dejo hoy la conferencia que realicé para la plataforma Mindalia Televisión el pasado mes de octubre a cerca de uno de los temas más importantes de los que trato en mi libro Metafísica angélica para la Llamada del Guerrero (2012-2020).

 

 

El Grial o los atajos del Guerrero de Luz

Hay una historia, la de Perceval, el caballero espiritual por excelencia, que resulta tan útil como significativa a la hora de entender algunos errores en nuestra andadura de progresión espiritual como Guerreros de la Luz.

La historia la conocemos por la pluma de Chrétien de Troyes, en Perceval o el cuento de Grial. Dice el autor que Perceval era el único hijo vivo de tres hermanos al cual su madre, la Dama Viuda, intentó preservar de la violencia en favor de la pureza criándolo en un apartado bosque, alejado del mundo y del contacto con la gente. Carente de experiencias, el joven creció malcriado, ingenuo, sin conocer la vergüenza, el miedo o la necesidad de pedir perdón,

Cuenta el autor que un día dos caballeros de la corte del rey Arturo cruzaron el bosque donde vivían madre e hijo. Y que Perceval se sintió absolutamente fascinado. Tanto que decidió, aún con la oposición de su madre, decide emprender la marcha a la corte. Quería ser uno de esos caballeros de reluciente armadura y caballo engalanado. El día que emprende el camino de la corte se marcha con tres consejos de su madre: la necesidad de la prudencia, no hablar nunca con desconocidos y que jamás hiciese preguntas. La frustración y el dolor de esta hace que caiga muerta mientras ve a su hijo partir. Este, ilusionado, ve la escena pero no siente más necesidad que la de seguir adelante.

El joven Perceval llega a Camelot. Irrumpe en el salón donde se encuentra Arturo y sus caballeros, sin ningún tipo de modales, pero nadie presta atención dado que se encuentran en medio de un grave episodio de afrenta: un oscuro caballero acababa de propinar una bofetada al Rey y ofendido a la reina. El recién llegado toma una pequeña lanza y, antes de que nadie pueda reaccionar lo mata y se queda con su armadura. Sintiéndose ya un caballero se marcha de la corte, sin esperar a que Arturo le otorgue tal nombramiento, dispuesto a vivir aventuras.

No tarda en descubrir que ni sabe conducir el caballo que ha tomado, ni manejarse con la armadura. Es entonces cuando la providencia le pone en el camino a un viejo maestro que le enseña el arte de la caballería que tanto le falta. A partir de aquí, Perceval vivirá muy diversas aventuras que le harán conocer el amor (de la bella Blancaflor) y convertirse en un verdadero caballero, justo, noble y leal a su rey, Arturo. Es entonces cuando, en su vida errante, llega a un paraje agreste, estéril, seco; sin apenas vegetación, ni vida. Allí mora el anciano Rey Pescador, que le invita a su castillo, el castillo del Grial.

El joven se encuentra, al entrar con un banquete presidido por el propio monarca (que momentos antes había dejado en el lago pescando). Éste le entrega una espada que de ser mal utilizada, se quebrará en mil pedazos y a continuación se abren las puertas y se inicia un extraño cortejo que le deja fascinado: sale un joven con una lanza que goteaba sangre, unos sirvientes le siguen con candelabros de oro y a continuación sale una joven portando el Grial del que emana una luz maravillosamente deslumbrante, pura, excelsa, que lo inunda todo. En presencia de tan magnífico objeto el banquete prosigue y es tan copiosa la comida, la bebida y la luz que emana del Grial que el caballero pierde el sentido. Al despertar, abrumado, encuentra el castillo vacío. No hay nadie. Ni rastro del banquete ni del Grial. Al salir, una joven le hace saber que estaba en su mano romper la maldición que pesaba sobre esas tierras y su monarca. Bastaba con haber hecho una sencilla pregunta para que el rey recobrara su salud y la tierra su prosperidad. Bastaba con que hubiese preguntado: “¿qué es el Grial?”

Son muchas las lecciones que se reflejan en esta historia, hábiles para cualquier Guerrero de la Luz en estos días. La principal de todas es que en el camino evolutivo no sirven coger, si no queremos pisar en falso como ocurre al joven Perceval.

Como expongo ampliamente en el libro La Llamada del Guerrero son tres los pasos evolutivos por los que un Guerrero de la Luz debe transitar. El primero de ellos es el más importante: todo guerrero debe de conquistar su propia libertad. La libertad de apegos, patrones limitadores (psicofamiliares, sociales…), las etiquetas impuestas, los reacciones instintivas proveniente de las propias sombras, las necesidades o imposiciones ajenas… Sólo así, el Guerrero puede ver el mundo con ojos limpios, sin máscaras ni filtros deformantes. Es entonces cuando puede ser, el segundo de los pasos, consciente de la verdad que él es y de la verdad que le rodea; de quién es en realidad y de qué función debe / puede cumplir.  A partir de ahí, el tercer paso no es más que una mera consecuencia de esto último. Es cuando el Guerrero pasa a la acción.

Aplicado al texto podemos entender ahora por qué Percelval no alcanza el Grial. El joven toma conciencia de que su lugar está en la caballería, pero lo hace desde el capricho, el deslumbramiento… No hay trabajo alguno en él. Llega a vestir las armas por su propio deseo, sin preparación o instrucción alguna, con el desconocimiento de lo que implica ser un caballero. ¿No os suena a mucha gente de la que encontramos en el camino que pretende “estar” sin “ser”? ¿Qué a golpe de título, curso o teoría enciclopédica obvia experiencia, dedicación y se coloca en primera línea? La historia de Perceval demuestra que cuando uno está en el camino que debe, que cuando uno es consciente le surge el maestro adecuado que le proporciona el adiestramiento que, posteriormente dará frutos en base a nuestro esfuerzo y ganas de no desaprovechar la oportunidad de seguir aprendiendo por el camino.

Pero ¿por qué pierde el Grial si ya parecía un caballero hecho y derecho? Volvamos de nuevo a la base de todo. Porque ni el maestro, ni la teoría, ni la práctica externa sirven de nada si nos hemos saltado el primer paso, si no hemos trabajado nuestro interior. En el caso de Percival, ante la visión tan resplandeciente objeto  mantuvo a rajatabla el tercer consejo que le diera su madre al partir: no harás preguntas.

La madre impuso su visión del mundo, su necesidad a tenor de la vida que había vivido. El temor a que la misma violencia que acabó con sus dos hijos mayores le arrebatase al último le hizo decidir sobre la vida de este para que viviese conociendo únicamente la pureza y la virtud. ¿Pero es la virtud lo que el joven conocía? ¿O el resultado del miedo y la necesidad de esta, que muere al ver cómo se trunca su plan de vida? Lo que me lleva a pensar en la de padres que llevan a sus hijos a yoga, a ballet, a fútbol o los inician en Reiki sin contemplar más allá de lo que ellos y para ellos (para sí mismos) consideran bueno. [¿Qué hace un niño de 8 años con una herramienta de sanación como Reiki, entre sus manos?]. ¿Puede la virtud, la progresión personal inculcarse desde fuera o debiera ser un acto consciente, propio, deseado y autorresponsable?

Sea por pretender “estar” sin “ser”, o sea por pretender que otros “sean” sin “estar” cuántos encuentros con nuestro  Grial no habremos echado a perder…

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Los 10 errores de la espiritualidad

El Guerrero del corazón

El Guerrero del Corazón

Ser un Guerrero de Luz es ser un Guerrero del Corazón.
Normalmente relacionamos la acción hacia lo exterior, cuando no a la batalla, a la lucha… El término parece merecer esto. Pero en realidad es justo lo contrario. La gran conquista del Guerrero debe ser la conquista interior. Vencer en todos aquellos reinos de oscuridad que permanecen proyectando sombras alrededor de la majestuosa torre blanca que es el corazón. Y vencer significa reconocer, reconducir, aprender e integrar todas las partes del reino que constituye tu interior, a fin de que la gran Luz Blanca que en realidad eres constituya el único norte y guía de tus pasos, tus acciones y tu mente. 
 

Los 10 errores de la espiritualidad

[Fragmento de mi libro Metafísica angélica para la Llamada del Guerrero (2012-2020), pp.186-195]


“Según la perspectiva que se tome, estos errores se dividen en dos grandes grupos. Los primeros son aquellos que miran desde abajo hacia Arriba. Desde una posición de presente adolecemos por ese mundo perfecto que nuestro cerebro ha idealizado. Un mundo completamente separado del nuestro, en el que presumimos no existe ninguno de los males que padecemos en nuestra vida cotidiana. Un mundo al que hemos pertenecido y al que anhelamos volver, en tanto en cuanto consideramos es el mundo que realmente nos corresponde, lo que nos incita a no escatimar en hacer méritos que nos lleven de vuelta a él. Estos errores suponen una búsqueda de aquello que creemos no tener o que hemos perdido y, a las claras, suponen una huida –o la necesidad de escape– de una realidad presente que no aceptamos o nos negamos a asumir.

El segundo grupo es aquel que adopta una perspectiva distinta. Es cuando adoptamos una postura de un presunto Arriba y actuamos desde ahí, en este aquí abajo que en realidad nunca hemos abandonado. Desde tal posición nos esforzamos y nos forzamos a asumir un papel, una autoridad y una responsabilidad que en absoluto nos corresponde, una vez más en base a lo que nosotros creemos que debe ser. Forman parte de uno de los grandes engaños del ego y dado que son los errores más activos, constituyen los más peligrosos ya que la persona está poniendo todo su ejercicio en un puro espejismo.

Primer error: el concepto de “espiritualidad”. Es un concepto antiguo que venimos manteniendo de cuando la vida terrenal se veía separada de la realidad etérica, contemplada como la “otra vida” a la que accedíamos al transformarnos en espíritu, tras la muerte. Actualmente este concepto tan genérico ha venido a acaparar todo cuanto se relaciona con lo transpersonal y a tenor de cuanto sabemos hoy día respecto del funcionamiento del Universo y respecto de nuestras realidades dimensionales, a todas luces resulta no ya obsoleto, sino erróneo. Con la muy bien intencionada misión de englobar todo cuanto resulte inmaterial tal nomenclatura mantiene unas connotaciones que desvían la realidad, al poner su foco en un falso distanciamiento entre partes, conocimientos, realidades, que ya sabemos que no son sino uno/a. Nosotros y nuestro Yo Superior somos lo mismo, aun en vibración distinta, distinto plano y distinta conciencia.

Segundo error: el rechazo del mundo material. Es sin duda uno de los más antiguos. Este error se debe a una idealización exacerbada de la realidad etérica de la que venimos hablando. Entendemos que la materia nos impide ser quienes realmente somos. La que nos aprisiona, la que nos lastra y obliga a permanecer en un mundo que no es el que nos corresponde. Y hacemos cuanto podemos por intentar romper lo que entendemos como sus limitaciones. Antiguamente místicos y gurús lo hacían mediante ayunos, rezos, lecturas, retiros, mortificaciones del cuerpo… También culpabilizamos desde este error, además, a la realidad circundante (social, política, económica…) que en poco facilita nuestra pretensión y nos obliga a actuar fuera de nuestra conciencia. Pretendemos huir o establecer una separación que nos permita ser, cuando lo que en realidad deberíamos es saber estar, asumiendo nuestra responsabilidad de servicio en el aquí y ahora, porque es en el aquí y ahora donde está nuestro aprendizaje.

Tercer error: querer ser. Si en los dos casos anteriores encontrábamos claramente dos situaciones de huida, tanto en este tercer error como en el siguiente encontramos un matiz distinto: una huida hacia adelante. Es este un error muy cerebral. Seguimos en la dinámica de aceptar la parte celeste como la única buena, correcta y adecuada, esta vez con la diferencia de pretender vivirla en el aquí y ahora como si de la única fórmula viable se tratase; de una manera militante, mental. Esto nos conduce a un serio problema: querer no nos deja ser. Intentando llevar el control de lo que no es posible controlar quizá no estemos dejando espacio para la manifestación de quienes realmente somos o de lo que tengamos que hacer. Y tal vez estemos empeñados en algo que no tiene razón de ser con lo que además de no estar en el puesto que nos toca, cumpliendo con nuestro cometido, pudiera ser que estemos invadiendo el de algún otro con el perjuicio que ello supone.

Cuarto error: la “gula espiritual”. Es otro de los grandes errores originados por el intelecto que pretende entender y controlar. Cuando caemos en él simplemente nos preocupamos de saber, de acumular conocimientos, lecturas, cursos, seminarios, charlas, técnicas… sin más objetivo que el de entenderlo todo, pretendiendo llegar hasta la última consecuencia. Un proceso que lejos del anhelo original, acaba por promocionar la inacción, el hastío y el abandono dado que no conseguimos más que perdernos en la búsqueda. En primer lugar porque semejante afán de alcanzar a comprender la verdad última resulta una auténtica quimera que jamás lograremos. En segundo lugar porque al carecer de criterio u objetivo alguno lo que obtenemos es un anárquico caos del que no podemos sacar provecho alguno.

Quinto error: la “golosina espiritual”. De tal error ya advertía, en el siglo XVI, san Juan de la Cruz. Decía que quienes caen en este error “en sí son […] semejantes a los niños, que no se mueven ni obran por razón, sino por el gusto. Todo se les va a estos en buscar gusto y consuelo del espíritu, y para esto nunca se hartan de leer libros, y ahora toman una meditación, ahora otra, andando a la caza de este gusto con las cosas de Dios. A los cuales se les niega Dios muy justa, discreta y amorosamente, porque si esto no fuese, crecerían por esa gula y golosina espiritual en males sin cuento”. A primera vista en poco parece distanciarse del anterior, pero nada tiene que ver. Mientras aquel consistía en una compilación en aras de un entendimiento racional, cerebral, de un acto de control, en este caso de lo que se habla es de la adquisición de un provecho interior. Nada cabría objetar de no ser porque es precisamente la rentabilidad emocional o social lo que prima frente a hacer, a ser o a estar, frente al servicio que, para ser tal, debe quedar por entero libre de cualquier interés o satisfacción, incluido/a el/a personal.

Sexto error: la exageración. Este es un error muy común en el que habremos caído todos. Si estuviésemos hablando de lenguaje, sería lo que conocemos como hipercorrección. Bajo este error pretendemos atender y vivir tan exquisitamente bien nuestra parte transpersonal que, perdiendo el sentido de toda lógica, acabamos malmetiendo nuestra labor y por supuesto yendo en contra de nosotros mismos. Por él nos forzamos y esforzamos en funcionar tal y como los Seres de Luz que somos –tal y como nuestra imaginación nos da a entender– y convertimos la humildad en empequeñecimiento abnegado, el perdón en resignada aceptación, la fe en inacción pura…Nos negamos cualquier sentimiento que no sea felicidad, bienestar… Obligándonos a no enojarnos, a no preocuparnos… A reprimir cualquier reacción instintiva, a rectificar pensamientos y palabras que se alejen de los dictámenes de lo que nosotros suponemos Luz. Cuidándonos muy mucho de no caer ni vernos influidos o contagiados por ninguna de las aborrecibles manifestaciones de Oscuridad que nos acechan para trabar nuestras vidas y hacernos caer en desgracia.

Séptimo error: somos especiales. Este es también de los más comunes que solemos cometer cuando asumimos la parte de la transpersonalidad que conocemos y que nos lleva a darnos cuenta de que somos mucho más que un oficinista, una profesora, un número en el banco. Cuando asumimos que en realidad no importan tanto las facturas, la casa, las discusiones con los vecinos, con la familia… que nuestra vida cotidiana no es más que una parte incompleta del Ser que realmente somos y que podemos llegar a descubrir. Nada resulta reprochable hasta aquí, dado que todo cambio de conciencia conlleva un despertar interior que te hace ver la vida de una manera distinta. Siempre y cuando entendamos que en la medida en que nosotros somos especiales también lo es el resto de la gente, por lo que deberíamos afianzar aún más si cabe nuestra labor de servicio hacia un Bien Común de provecho y evolución, alejados de sobrevalorarnos por un ego henchido o de caer en una autocontemplación que nos conduzca hacia un autojustificado aislamiento del mundo, cuando no a un autojustificado rechazo del mundo.

Octavo error: el destino suprahumano. A veces viene en conjunción o a colación del anterior. Preponderar la misión terrena por encima de la propia vida terrena es uno de los grandes errores en los que podemos caer. Más allá de quienes seamos cósmicamente, nuestro destino se encuentra en nuestro presente. Nuestra labor también. No podemos menos-preciar el entorno en el que estamos porque precisamente es este el que nos va a proporcionar las experiencias y los aprendizajes para que podamos llevar a cabo la evolución que pretendemos. Una evolución que nosotros desconocemos y que puede esconderse en lo que al parecer de nuestro ego resulte lo más vulgar y menos significativo de este mundo, mientras nosotros seguimos empecinados en misiones que consideramos más interesantes.

Noveno error: la autoconfianza espiritual. Este es uno de los errores más dañinos. Alice Bailey lo define como “los principios astrales del discípulos”. Cuando caemos en él justificamos nuestros pasos, nuestros actos, nuestras palabras, en base a una realidad interior que hemos fraguado como verdad totémica, única e incuestionable que nos lleva a contemplar el mundo, las personas o las situaciones bajo nuestro prisma irrecusable. Y lo que es peor, no dudamos en manifestarla, imponerla o en vapulear a cualquiera que nosotros consideremos merecedor de una lección de vida.

Décimo error: la salvación espiritual. De nuevo otro de los grandes errores en los que caemos. Cuando entendemos que nuestro camino, que el proceso por el que hemos pasado, es de utilidad para todo el mundo. Cuando nos aventuramos además a intentar ser salvadores de los demás, creyendo que los demás tienen que ser salvados. Es un grandioso error no entender la premisa básica de que la evolución de cada uno es personal e intransferible, que no existen fórmulas ni atajos para la resolución de nada y de que cada uno tiene su tempo de evolución, su modo de resolver las disyuntivas que la vida le plantea, que no tiene por qué ser igual al de ningún otro.

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