ascensión

¿Dualidad? del Ser

Alcanzar la Unidad del Ser es el estado que anhela todo buscador comprometido con su proceso personal. Y cada vez son más las personas que, como mínimo, tienen conciencia de vivir una dualidad protagonizada por una identidad terrena, cuyas características animales parece incapacitarle para vislumbrar más allá de lo que alcanza su empirismo cerebral (existe lo que se oye, toca, huele, ve, degusta) y coprotagonizada por una identidad celeste, no-material, conectada al saber y la conciencia del Universo, es decir, a la energía de Puro Amor del Padre de quien es una extensión amorosa (aunque a este último punto no todo el mundo ha llegado aún).

Nuestra antigua tradición mística o religiosa, entendía que la única forma de alcanzar esa realidad celeste era restándole capacidad al Yo Terreno. Ellos, y es una visión que hemos heredado, tenían una férrea visión de la realidad como una confrontación de opuestos irreconciliables. Tal vez por la eterna dicotomía entre Bien y Mal, entre Cielo e Infierno, contraponían un idílico Arriba, lleno de Amor y conciencia de Bien, de perfección y justicia como fiel reflejo de lo que era, el reino de Dios, frente a un viciado mundo del Hombre, un “valle de lágrimas”, de maldad, pecado, corrupción, enfermedad y muerte. Únicamente había un nexo de unión en el que poder poner la esperanza de la huida: el Alma.

El cuerpo no era más que materia destinada a ir muriendo día a día y que, al cabo, no sería más que polvo devuelto al camino. La mente es el origen de la maldad, la injusticia, el vicio… ejecutado desde el cuerpo. Solo en el Alma podía encontrarse la salida. El Alma era el único vehículo desde el que se podía ascender hasta Dios. Pero de igual modo que ningún pájaro puede volar arrastrando consigo la jaula en que está encerrado, el Alma quedaba prisionera por el lastre del cuerpo en el que habita. No se puede eliminar la vida del cuerpo, dado que las leyes divinas no lo permiten. De modo que, a su entender, había que restarle capacidad, anularlo en la medida de lo posible mientras se trabajaba por acrecentar el poder del Alma. Vida virtuosa, estudio, oración, meditación… para esto último. Mortificación, castigo, negación, ayuno… para lo anterior.

Aunque, repito, aún en el inconsciente, seguimos manteniendo en demasiadas ocasiones la dicotomía de realidades contrarias que acabamos de ver, el entendimiento y la comprensión de nuestra existencia y el papel que jugamos como seres humanos en el Universo, es harto diferente.

Para empezar, somos conscientes de que la realidad es una y múltiple a la vez. Cuando se habló de que Dios era Uno y Trino, fue considerado un misterio, un dogma que, a pesar de no tener explicación, debía asumirse. Hoy día, este “concepto” no nos es tan ajeno. Sabemos que el Universo en realidad es un Multiverso coexistiendo a la vez bajo distintas formas de manifestación: físicamente, dimensionalmente, energéticamente…  La conocida Teoría de las Cuerdas de la física moderna, por la que se dice que todos los universos posibles existen en un estado de superposición unos de otros. Stephen Hawking nos cuenta que en potencia todos los universos son dados a la vez. Pero el multiverso no se expresa solo como un Todo en sí mismo. También en cada una de sus partes. Es la visión del Universo como Holograma, donde cada parte expresa el todo (similar a cuando se rompe un espejo y volvemos a reunir sus fragmentos; nuestra cara se reflejará en todos ellos). La antigua concepción de la separación de los dos mundos, de lo terreno y lo celeste, queda pues fulminada. Todo es, a la vez. Y el Ser no es una excepción.

La nuestra también es una existencia multidimensional. Nosotros coexistimos, a la vez, en diferentes planos dimensionales. En estos momentos, mientras el Ser de naturaleza consciente, surgido de una expansión de la pura Luz de Amor del Padre, mantiene su existencia en la multidimensionalidad que le corresponda evolutivamente también tiene su expresión en ti, en la naturaleza animal terrestre que eres. La encarnación terrena, el Ser Humano, proporciona la experiencia de vida que el Ser necesita para avanzar en su camino de auto-perfeccionamiento que conocemos como Ascensión.

Por ello algunos se preguntan si el Ser Humano, por lo tanto, es un mero “instrumento” destinado a vivir una mera experiencia útil para el Ser que en realidad soy. Y la respuesta es: ¡en absoluto! En primer lugar, porque como acabamos de decir, eres ambos dos a la vez. En segundo lugar, porque la experiencia vivida en la Tierra es completamente real e incide, como hemos explicado en infinidad de ocasiones, tanto en el aprendizaje propio como en los procesos evolutivos de aquellos que se crucen en el camino de mi misión de vida, y por extensión en el propio planeta (por añadidura y ley de vibración).

Porque seguimos manteniendo la idea antigua del Arriba perfecto reflejado en un Yo consciente que, además (las trampas del lenguaje) llamamos Yo Superior, frente a un yo terreno que seguimos viendo como imperfecto, ahora, modernamente, por culpa del ego, los patrones limitantes, las emociones…. nos cuesta entender no ya que uno y otro son el mismo Ser, sino que ambas realidades, sí, son igualmente perfectas. Comparamos a uno con otro, sin entender que cada una de las existencias del Ser está manifestándose en una naturaleza distinta, habitando en una dimensión distinta, y que tanto la propia naturaleza existencial como el propio hábitat en el que se desarrolla conllevan reglas de juego radicalmente diferentes, pero igual de perfectas en sí mismas. ¿Deberíamos entender, sino, qué la naturaleza humana es una bajeza evolutiva que el Ser de Luz debe sufrir hasta que se alcance algo mejor? ¿Qué este es un mundo de tercera? ¿Qué la realidad terrestre no es más que un fatídico espejismo? Volveríamos a la negación y el rechazo de la antigua visión que en nada se corresponde a la realidad.

Hemos visto que el Ser, como el Universo, coexiste o se expresa en distintos planos y distintas naturalezas a la vez. Recordemos ahora, la segunda característica que lo definía también aplicable a nosotros y que resulta fundamental para entender lo dicho. Tal y como se explica bajo el concepto holográfico, cada manifestación del Ser expresa al Ser en su totalidad. Cósmicamente, las naturalezas, por ende, no suponen ningún rango de importancia o discriminatorio, ni la existencia de ninguna de ellas, ni tan siquiera el hábitat donde cada manifestación se desarrolle. Situemos pues, de una vez por todas, las cosas en el lugar que verdaderamente le corresponde, especialmente a nuestro siempre (y tradicionalmente) denostado ámbito 3D. No hay sino equilibrio perfecto en todo el Universo. La expansión del Ser de Luz en una encarnación terrena, le permite  experimentar las experiencias que esta realidad le proporciona y que no podría obtener en ningún otro lugar del Universo. Las experiencias vividas por el Ser Terreno proporcionan a la identidad de Luz aprendizajes necesarios, en positivo o en formato de pruebas a tener en cuenta en un futuro, para el autodescubrimiento del propio Ser. Es un proceso de retroalimentación entre ambas realidades. Es por ello que el proceso de Ascensión nunca vendrá de la negación de una de las partes, ni de intentar realizar un salto hacia arriba. El proceso de Ascensión únicamente vendrá por la integración.

Gabriel Padilla

www.gabrielpadilla.es

¡Urgente! Polaridad femenina.

Quisiera hacer una lectura diferente, en un día como hoy.

La mujer cobra un 20% menos que un hombre como profesional, en los sitios donde puede ejercer como tal. No puede acceder a los mismos puestos que un hombre, en otros ni siquiera puede trabajar, como tampoco puede ir en coche o bicicleta. La mujer es sometida, agredida, obligada a ocultarse por ropajes o celosías, encerrada, tratada como mercancía, objeto sexual, mutilada… Su nacimiento puede suponer incluso una desgracia familiar, resuelta con el abandono o el asesinato. En el mejor de los casos, se le da un puesto de segunda fila. En el peor, se la relega a la última bancada del fondo.

Sin embargo, como decía, en el día de hoy me viene a la cabeza una lectura diferente. Tal vez no de respuestas sino de preguntas, que trascienden los conceptos de mentalidad, cultura, de hombre y de mujer.

Tomando el mayor distanciamiento, y recalando meramente en las esencias de la energía, tal y como se vio desde los conocimientos ancestrales, todo cuanto existe justamente existe gracias a un conjunto equilibrado y dinamizado de energía polarizada. (Y resalto lo de “polarizada”, que no “contraria”). Las religiones o creencias que ahora damos en llamar paganas tenían clara la existencia del Dios y la Diosa. El taoísmo nos habla del ying y el yang. Desde la metafísica sabemos que existe una única energía en el Universo y que esta se manifiesta en infinitas miríadas de posibilidades según el nivel de conciencia y cometido que deba tener dicha manifestación. Una única energía que proviene, surge de (que en realidad es) la Fuente. Pero incluso la inabarcable naturaleza de la Fuente se manifiesta bajo este principio de polaridad equilibrada y dinamizada /dinamizadora. Así es como junto a la esencia de Dios-Padre se manifiesta la esencia del Espíritu Santo, el Amor activo de Dios, que da lugar, como extensión de Sí mismo, de la propia dinámica de Su Propio Amor: la Creación. Nosotros. El Hijo (los Hijos). La Tercera Persona del Verbo que dice el catolicismo. El resto, el Multiverso que habitamos, vino por añadidura en aras del Amor-Libertad. Como el “espacio propio” donde poder co-exisitir.

Las fuerzas generadoras, activas, masculinas en equilibrio natural con las fuerzas generativas, pasivas, femeninas constituyen unas de las claves de la estructuración cohesionada del Multiverso. Ley de polaridad. El Kybalión. ¿Lo recuerdas? Eso por un lado. Por otro son la base interna de toda la actividad co-creadora a través de la cual progresa la evolución global (ley de generación, ley del ritmo). La nuestra y, por extensión (ley de vibración), la del Universo.

Desde hace ya demasiado, la energía masculina se ha alzado con el protagonismo en nuestro devenir terreno y lo femenino se domeña, aparta o elimina. Empezando por el propio Planeta, por Gaia. Calendario solar, patriarcado, acción constante… Sin la correspondiente energía femenina, la masculina únicamente es capaz de “parir” producción, nuestro actual mundo. Construcción, destrucción, dinero, compra, venta, eliminación de obstáculos… Toda nuestra maquinaria/abstracción socioeconómica es prototípica de ello. La espiritualidad, también. Dioses que castigan si no se llega al “objetivo” o si se discrepa. Incluso la felicidad. Se ha de ser feliz. Se venden mil métodos para que lo seas rápidamente y sin esfuerzo. Hasta pastillas que te ayudan a barrer lo que te haga sentir distinto.

Producir. La energía masculina no puede hacer más que producir, por definición. No generar. Por lo que es un sistema que se agota en sí mismo. Con las nuevas energías Acuario, desde 2012 especialmente, estamos asistiendo (soportando) a la podredumbre de este imperio.  

Hacer. Lograr. Tener. Acumular. Son las premisas de este falso avance, de una supuesta mejora de vida donde el significado de una “vida mejor” se mantiene enquistado en la misma rueda. Un sistema que se nos vende como de beneficiario, pero del cual somos la leña de la caldera. El sistema por el sistema. Todo un engranaje que nos aleja del contacto con la otra energía, la femenina. La energía de SER. De la conexión. La reflexión. La atención.

Resulta imperioso devolver el empoderamiento femenino al lugar que le corresponde.

Tiempo es ya de volver a instaurar el equilibrio.

Urge. No tenemos ni idea de cuánto.

Gabriel Padilla

www.gabrielpadilla.es

 

 

La Ascensión de 2015: Luz, Verdad y compromiso

Puede resultar baladí decir que estamos ante un año importante. Cada año lo es, porque cada año nos trae consigo un nuevo reto evolutivo encarado hacia la progresión global. Un escalón más sobre el que trabajar individualmente para alcanzar la deseada Ascensión colectiva. Pero este año, cuyas energías entraron a partir del solsticio de verano y que a medida que nos hemos ido acercando a la fecha actual se han ido manifestando con mayor  fuerza, pueden llegar a resultar tremendamente crudas, a tenor del contexto social, político, económico… en que vivimos. También, por supuesto, a tenor del contexto personal, familiar, evolutivo… en que vivamos. Porque entramos en un año que exige equilibrio, igualdad, equidad y Justicia (en mayúsculas).

Atendiendo a su numerología, sumando todos sus dígitos este 2015 es un año marcado por la energía del número 8.

El número 8 es la sublimación del número 4, el número que representa la energía de la Tierra y lo terreno. El 8 nos recuerda, a través de su misma forma gráfica (dos círculos unidos, o dos círculos superpuestos) la unión de las dos realidades a las que pertenecemos, el orbe terrestre, material, temporal, tercerdimensional y el orbe celeste, Universal, multidimensional, eterno, de Luz. El dibujo del número nos dice que ambas realidades, para nosotros, se encuentran en un flujo eterno, sin principio ni fin, gracias al cual lo infinito se manifiesta (en posición horizontal, el número representa tal símbolo) para enaltecer la dualidad de la que formamos parte. Numerológicamente tal sublimación, de lo terreno por lo celeste, también queda patente: 8 es el doble de 4 (número de la materia), que es el  doble del 2 (número de la dualidad), que es el doble de 1 (número de la Unidad).

Por todo ello, el número 8 es el que representa la dinámica del equilibrio, la armonía, la igualdad y la equidad. Por una parte deja patente que sólo permanece en el Todo cuanto permanezca, se construya, oriente, mantenga en unión y concordia con dichas características. En segundo lugar, sólo permanece en el Todo cuanto sea capaz de trascenderse a sí mismo, en pos de su pertenencia con su Bien Mayor. En tercer lugar, que es desde el reconocimiento de tal trascendencia que el Todo puede favorecer el flujo del Arriba hacia el Abajo (de ahí que muchas iglesias medievales elevasen cimborrios octogonales sobre los cruceros). En cuarto lugar, que la sublimación de las partes repercuten en la mejora del Todo, que a su vez devuelve su mejoría hacia las partes que al seguir engrandeciéndose aportan mayor beneficio al Todo… en un eterno flujo y reflujo infinito. Un flujo, por último, que nos recuerda que nos conduce a la Ley del Karma, de la causa y el efecto: todo cuanto hagamos nos será devuelto.

Si atendemos, ahora a la energía que trae consigo el Universo para este 2015, hemos de reparar en la vibración del Rayo Verde. Es lo que se denomina “espíritu envolvente”.

El espíritu envolvente son las energías provenientes de las Llamas o Rayos Universales que marcan la dinámica a seguir a lo largo de los 365 días del año, como forma de apoyo al avance del Plan colectivo de Ascensión. Su energía se ancla en la Tierra con el solsticio de verano (23 de junio) para ir ganando terreno y estar en pleno auge con la entrada del nuevo año (1 de enero).

En este 2015, las claves quedan dictadas por el Rayo Verde. Es el Rayo de la Verdad Suprema. Su presencia bendice la realidad y pone de manifiesto Todo lo que Es, por más oculto que permanezca. Por ello, también es el Rayo de la Sanación.

Trabajado el camino dictaminado el pasado año por el rayo Blanco, rayo de Pureza y Ascensión, éste año avanzamos hacia la Consagración de todos los Seres en el reconocimiento de nuestra doble naturaleza. Es el año para el despertar de los Hermanos de Luz aún dormidos, y de la acción de los que ya alcanzaron dicho despertar. Es un año para recolocar las cosas en su sitio, en base a Lo que Debe Ser, en base a la esencia de Luz de la que surgió primigeniamente o de la que debería formar parte. Todo cuanto se desligue de tal orientación acabará por caer bajo su propio peso o, de mantenerse, deberá ser a costa de un gran esfuerzo y desgaste personal, dado que tal manutención quedará a nuestro cargo, sin apoyo del Universo.

Es por lo tanto el año del compromiso y de la acción. Del compromiso real. Del trabajo por la mejora de nuestro entorno, de nuestra vida, de nuestro mundo, de nuestras sociedades… para reconducir cuanto no deba ser hacia el camino de la Luz, el Bien Supremo y del Padre. Y para ello toca arremangarse, proponer, hablar, corregir… Cumplir con nuestros cometidos de vida, con nuestras misiones, trabajar en nuestros aprendizajes…

 Estimado/a Guerrero/a: ¿estás dispuesto/a a hacer aquello que sabes que tienes que hacer?

Feliz Año. Gabriel Padilla