año nuevo

La Ascensión de 2015: Luz, Verdad y compromiso

Puede resultar baladí decir que estamos ante un año importante. Cada año lo es, porque cada año nos trae consigo un nuevo reto evolutivo encarado hacia la progresión global. Un escalón más sobre el que trabajar individualmente para alcanzar la deseada Ascensión colectiva. Pero este año, cuyas energías entraron a partir del solsticio de verano y que a medida que nos hemos ido acercando a la fecha actual se han ido manifestando con mayor  fuerza, pueden llegar a resultar tremendamente crudas, a tenor del contexto social, político, económico… en que vivimos. También, por supuesto, a tenor del contexto personal, familiar, evolutivo… en que vivamos. Porque entramos en un año que exige equilibrio, igualdad, equidad y Justicia (en mayúsculas).

Atendiendo a su numerología, sumando todos sus dígitos este 2015 es un año marcado por la energía del número 8.

El número 8 es la sublimación del número 4, el número que representa la energía de la Tierra y lo terreno. El 8 nos recuerda, a través de su misma forma gráfica (dos círculos unidos, o dos círculos superpuestos) la unión de las dos realidades a las que pertenecemos, el orbe terrestre, material, temporal, tercerdimensional y el orbe celeste, Universal, multidimensional, eterno, de Luz. El dibujo del número nos dice que ambas realidades, para nosotros, se encuentran en un flujo eterno, sin principio ni fin, gracias al cual lo infinito se manifiesta (en posición horizontal, el número representa tal símbolo) para enaltecer la dualidad de la que formamos parte. Numerológicamente tal sublimación, de lo terreno por lo celeste, también queda patente: 8 es el doble de 4 (número de la materia), que es el  doble del 2 (número de la dualidad), que es el doble de 1 (número de la Unidad).

Por todo ello, el número 8 es el que representa la dinámica del equilibrio, la armonía, la igualdad y la equidad. Por una parte deja patente que sólo permanece en el Todo cuanto permanezca, se construya, oriente, mantenga en unión y concordia con dichas características. En segundo lugar, sólo permanece en el Todo cuanto sea capaz de trascenderse a sí mismo, en pos de su pertenencia con su Bien Mayor. En tercer lugar, que es desde el reconocimiento de tal trascendencia que el Todo puede favorecer el flujo del Arriba hacia el Abajo (de ahí que muchas iglesias medievales elevasen cimborrios octogonales sobre los cruceros). En cuarto lugar, que la sublimación de las partes repercuten en la mejora del Todo, que a su vez devuelve su mejoría hacia las partes que al seguir engrandeciéndose aportan mayor beneficio al Todo… en un eterno flujo y reflujo infinito. Un flujo, por último, que nos recuerda que nos conduce a la Ley del Karma, de la causa y el efecto: todo cuanto hagamos nos será devuelto.

Si atendemos, ahora a la energía que trae consigo el Universo para este 2015, hemos de reparar en la vibración del Rayo Verde. Es lo que se denomina “espíritu envolvente”.

El espíritu envolvente son las energías provenientes de las Llamas o Rayos Universales que marcan la dinámica a seguir a lo largo de los 365 días del año, como forma de apoyo al avance del Plan colectivo de Ascensión. Su energía se ancla en la Tierra con el solsticio de verano (23 de junio) para ir ganando terreno y estar en pleno auge con la entrada del nuevo año (1 de enero).

En este 2015, las claves quedan dictadas por el Rayo Verde. Es el Rayo de la Verdad Suprema. Su presencia bendice la realidad y pone de manifiesto Todo lo que Es, por más oculto que permanezca. Por ello, también es el Rayo de la Sanación.

Trabajado el camino dictaminado el pasado año por el rayo Blanco, rayo de Pureza y Ascensión, éste año avanzamos hacia la Consagración de todos los Seres en el reconocimiento de nuestra doble naturaleza. Es el año para el despertar de los Hermanos de Luz aún dormidos, y de la acción de los que ya alcanzaron dicho despertar. Es un año para recolocar las cosas en su sitio, en base a Lo que Debe Ser, en base a la esencia de Luz de la que surgió primigeniamente o de la que debería formar parte. Todo cuanto se desligue de tal orientación acabará por caer bajo su propio peso o, de mantenerse, deberá ser a costa de un gran esfuerzo y desgaste personal, dado que tal manutención quedará a nuestro cargo, sin apoyo del Universo.

Es por lo tanto el año del compromiso y de la acción. Del compromiso real. Del trabajo por la mejora de nuestro entorno, de nuestra vida, de nuestro mundo, de nuestras sociedades… para reconducir cuanto no deba ser hacia el camino de la Luz, el Bien Supremo y del Padre. Y para ello toca arremangarse, proponer, hablar, corregir… Cumplir con nuestros cometidos de vida, con nuestras misiones, trabajar en nuestros aprendizajes…

 Estimado/a Guerrero/a: ¿estás dispuesto/a a hacer aquello que sabes que tienes que hacer?

Feliz Año. Gabriel Padilla