Reiki y terapias

Los peligros de la Dualidad

Nuestra realidad terrena parece estar regida por la dualidad. Así lo contempla, desde antiguo,  el conocimiento taoísta y su no siempre bien entendido (en Occidente) concepto de Yin Yang. Bajo la imagen de la montaña, observando su ladera de luz y su contra parte sombría, esta teoría asume que nuestra realidad se basa en pares de contrarios: sombra-luz, femenino-masculino, pasivo-activo, contracción-expansión, arriba-abajo, energía-materia, generación-crecimiento, pesado-ligero, sol-luna, vacío-plenitud… Y si bien miramos, así parece que es. Mar-montaña. Campo-ciudad. Tierra-Cielo…

El Hombre no se escapa de ello. Tradicionalmente hemos venido asumiendo esta característica dual. Los diálogos medievales entre el corazón y la cabeza. La eterna batalla entre razón y emoción. El supuesto antagonismo entre cuerpo y espíritu. La problemática relación, esta ya más actual, entre la identidad de Luz y la identidad terrena…

Hemos culpado al cuerpo. Lo hemos visto como a un antagonista, lastre de nuestro espíritu, cuya imperfección y vicios impiden alcanzar a vivir en la gloria del espíritu, en la virtud de la Luz, en el placentero calor del amor de Dios… Hemos culpado a la emoción, a los sentimientos en pro de lo tangible, comprobable, mesurable, de la fórmula, de la lógica, de un raciocinio estructurador, predecible, normativo, directivo y etiquetador. Actualmente, al contrario, señalamos a la mente, que distorsiona la realidad, o la aprehende en función de su estructura neuronal, limitada, dado que únicamente puede aprender en base a la percepción de los cinco sentidos y en ningún caso es capaz de alcanzar la realidad no visible, inmaterial, etérica que sí alcanza a comprender y conectar el corazón, la intuición… bajo la que queremos vivir.

La filosofía taoísta lo tiene muy claro. Lo Yin y lo Yang no refleja realidades contrarias (aunque haya utilizado el término anteriormente), sino complementarias. En segundo lugar, no refleja realidades puras: todo elemento yin contiene algo de yang, y viceversa. En tercer lugar, ambas son relativas y únicamente se definen según el contexto, la acción… (la hoja de un árbol que cae es yin, pero cuando brota en primavera es yang; el agua helada es yin, pero el vapor de agua es yang). En cuarto lugar, ambos son partes indisolubles del Todo (Tao).

Nosotros en cambio seguimos empeñados en mantener la confrontación de partes, que en el caso del Hombre y su desarrollo y comprensión global, resulta altamente contraproducente. Entendemos o tratamos las “partes” como opciones excluyentes; ensalzando a una como la deseable, a veces por inalcanzable; señalando como culpable a la considerada contraria. Y la problemática no está en la naturaleza de estas “opciones”, que vemos como antitéticas. Ni siquiera en la existencia de dichas “opciones”, que hemos dado a entender como un camino de elecciones buenas/malas. La problemática se genera en cuanto las hemos considerado opciones y no partes del mismo todo.

No existe separación alguna entre nuestro Yo celeste y el yo terreno. El segundo es una manifestación del primero, anclada en un “recipiente” animal, mortal, tercerdimensional. Pero sigue siendo el mismo Yo, que coexiste en una realidad terrena, con la finalidad de llevar a cabo un aprendizaje que esta, con sus especiales características, le proporciona y que él necesita.

Tenemos tendencia a negar la vida terrena. A culpabilizar al cuerpo, a la carne, al entorno, al dinero, a la familia, a la vida laboral, a nuestro tipo de vida, a la sociedad… de no poder Ser, en mayúsculas. A pesar de que las energías son cada vez menos densas, y que nuestras identidades de Luz pueden permeabilizarse más y mejor en nosotros, seguimos estando en el mismo punto. Manteniendo la visión de la dualidad. Arriba y abajo. Nosotros y Ellos. Como si nuestras identidades de Luz, al cabo, fuesen un Ser meramente relacionado con nosotros.

La actual merma de densidad terráquea ha favorecido muchísimo el hecho de que nuestros Yoes de Luz puedan vehicularse más fácilmente en nosotros. Pero somos nosotros quienes hemos de hacer cuanto podamos por no trabar esa conexión o solventar los impedimentos que provocan ese distanciamiento. El precio de vivir en la dualidad, alejados u obviando a nuestro Yo de Luz es demasiado alto. Estas son las principales consecuencias:

  1. No nos llega la “voz del alma”. Es a través de la realidad multimensional que se vehiculan los “mensajes del alma”. La voz de nuestro Yo Superior (nosotros, en el plano etérico), pero también de nuestros guías, Maestros… No podemos recibir de manera adecuada la ayuda de los Hermanos celestes. No hay intuición, corazonadas… o estas son erróneas, meros “juegos mentales”. No surgen las “causalidades”.
  2. Al no recibir la voz interna, o no recibirla con claridad, tampoco sabemos cuáles son los pasos que en ese momento de nuestra vida debemos dar. Nosotros desconocemos cuál es el proceso evolutivo que estamos siguiendo. Nuestro Yo Superior sí lo conoce. Pero no nos llega su orientación.
  3. Se impide el aprendizaje del alma. No entendemos aquello que nos sucede, o porqué sucede de esa manera. Nos da la sensación de que el mundo pasa por nuestro lado o que las circunstancias son las que dirigen el día a día.
  4. Por otro lado, nos disponemos de las herramientas de Luz o recursos que pertenecen a nuestra realidad Superior.
  5. Predominan nuestras partes de sombra. La parte mental y emocional empiezan a cobrar un protagonismo no deseado, en esa falta de comprensión de la realidad. Aparecen sensaciones de soledad, de apatía, de falta de control… Nos sentimos desconectados de nuestro poder personal.
  6. Baja, por lo anterior, nuestra vibración. Se debilita el campo áurico y emitimos una vibración distorsionada que atrae otras vibraciones (personas, situaciones…) que no nos benefician.
  7. Tenemos la sensación de que la vida no fluye y de que hemos perdido (o no encontramos) nuestro sitio.
  8. Es una de las causas de la aparición de dolencias y enfermedades: “Toda enfermedad es desarmonía en el alma. La enfermedad aparece donde no hay alineamiento entre alma y la forma, la vida y su expresión” [Alice Bailey, La curación esotérica]; “La enfermedad es el resultado, en el cuerpo físico, de la resistencia de la personalidad a ser guiada por su alma” [doctor E. Bach].

Es fundamental, por ello, que no olvidemos nunca nuestro trabajo personal. Que nos conozcamos. Que aprendamos a reconocer qué actitudes, pensamientos… nos son realmente propios o forman parte de un prisma distorsionado (por la emoción, por una creencia, por influencia de otras personas, del entorno…). Es fundamental dedicarnos un tiempo diario a conectar con nuestro interior. A evaluar cómo fluyo, cómo me fluye la vida, qué está ocurriendo y lograr el entendimiento de ello. Es importantísimo no acostumbrarnos a estar mal, a la carencia, a la falta de fluidez, a los estados “vegetativos” en los que nos dejamos arrastrar por la corriente. Y si no somos capaces de llevar a cabo estos procesos de introspección no dudemos en buscar ayuda. Pero recuerda siempre esto: tú estás aquí para llevar a cabo una misión. Y esta misión: a) nadie más que tú la puede llevar a cabo; b) el beneficio de esta repercute directamente en el proceso evolutivo de otros compañeros de vida, y por consiguiente, del planeta y del Universo. Por ello TÚ ERES IMPORTANTE. TU VIDA ES IMPORTANTE. TU FELICIDAD ES IMPORTANTE. Porque EL UNIVERSO NO SERÍA LO MISMO SIN TI.

Gabriel Padilla

http://www.gabrielpadilla.es

 

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Las “otras causas espirituales” de la enfermedad

Hemos avanzado mucho desde que superamos la visión mecanicista que, aún hoy día, sigue prevaleciendo en el tratamiento de la salud y el bienestar. No voy a extenderme sobre el tema que ya traté en otro post de hace algunos meses atrás [ver]. Lo que aquí me interesa destacar, son las dos grandes líneas conceptuales desde las que entendemos hoy día la enfermedad (y por enfermedad me referiré siempre a la dolencia, el padecimiento, el trastorno físico o psicológico, emocional…). Por un lado, la concepción holística donde la enfermedad no es más que la exteriorización de un conflicto interno (mental, emocional o sistémico) no resuelto, que podría resumirse en la conocida frase “el cuerpo muestra lo que la mente calla”. Desde el “libro azul” de Louise L. Hay, el famoso Sana tu cuerpo, pasando por el conocido La enfermedad como camino de Thorwald Dethlefse y Dahlken Rudiger hasta los actuales trabajo en decofidicación, biodecodificación, nueva medicina germánica… etc, etc… la concepción es la misma.

Por otro lado, la línea de la concepción espiritual desde la que se entiende que la carencia de salud y bienestar parte de un conflicto entre el Alma y el cuerpo, entre nuestra identidad de luz y su imposibilidad de manifestarse en nuestra identidad terrena. Así lo dice Alice Bailey en su La curación esotérica: “Toda enfermedad (y esto es algo conocido) es producida por la falta de armonía o desarmonía entre el aspecto de forma y la vida. Aquello que une la forma y la vida, o más bien, el resultado de esta unión, denominada Alma, el Yo en lo que respecta a la humanidad, y el principio integrador, en lo que concierne a los reinos subhumanos. Las enfermedades aparecen donde no hay alineamiento entre estos diversos factores, el alma y la forma, la vida y su expresión (…).” O el mismo dr. Bach, buen conocedor de la obra de Bailey, para quien la enfermedad es “(…) el medio adoptado por nuestras propias Almas para señalarnos nuestras faltas; para evitar que cometamos más errores; para encauzarnos de vuelta al sendero de la Verdad y la Luz del que nunca deberíamos habernos apartado. Sea cual fuere el error que cometamos, reaccionará contra nosotros mismos, causándonos infelicidad, malestares o padecimientos, de acuerdo con su naturaleza. Su objetivo es enseñarnos los efectos de los pensamientos y acciones equivocadas”.

Sin embargo, y es en lo que quiero centrarme con el presente artículo, hay ocasiones en las que la enfermedad, el padecimiento, la carencia de salud o de bienestar no obedece a ninguna de estas concepciones. Hay ocasiones en las que justamente la enfermedad está en “perfecta armonía con el Alma”, como veremos. En otras, parte de una causa primera que origina, como consecuencia, dicha desarmonía. Partiendo de mi propia experiencia como sanador espiritual, completemos pues el cuadro de posibilidades para abarcar un panorama harto más completo del que contemplamos habitualmente.

LA HERENCIA: Este primer punto es quizá el más conocido y últimamente trabajado, que no respondería pero que incluyo, por no corresponder con los conceptos mencionados. Por ser una causa primera que se vincula a la persona simplemente por ser y estar, y que puede llegar a ser un gran factor determinante. Por un lado tendríamos la transmisión genética, que nos dispondría o transmitiría directamente alguna merma de salud. Pero por otro, tendríamos todos aquellos aprendizajes, filias y fobias pertenecientes al sistema al que se pertenece y que integramos de 0 a 8 años como forma de caminar por el mundo: coger los cubiertos, ceder el asiento a personas mayores, atarnos los zapatos, cómo saludar educadamente… junto a no hablar con extraños, no acercarse a quienes visten de una manera o pertenecen a un país o una etnia, que a ciertas horas no se va por la calle o que el dinero no da la felicidad…. También de vidas o factores vitales de miembros antiguos del clan que se superponen o se proyectan sobre la nuestra: los suicidios, abusos en las mujeres… O de vivencias que ha tenido nuestra madre mientras nos gestaba.

EL AMBIENTE: O entorno. Podemos en este caso ir de lo macro a lo micro, y en muchas ocasiones podría cruzarse también con los puntos anteriores.

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Cada país, cada lugar tiene unos condicionantes específicos que van a favorecer la aparición de unas dolencias u otras. El exceso de suicidios en el norte de Europa frente a los países mediterráneos, por la falta de sol. La carencia de síntomas en la etapa de menopausia de las mujeres mayas, frente a los sofocos ligeros de las mujeres japonesas o a los sofocos extremos que manifiestan las mujeres en Grecia.

            A nivel más local, sabemos de cómo nos afectan las energías telúricas. Y de lo que provoca estar en una casa construida sobre una corriente de agua, por ejemplo. No digamos sobre un antiguo cementerio. O con campos electromagnéticos alrededor de la misma.

EL KARMA: La sagrada Ley de Causa y Efecto también tiene cabida en nuestro ámbito. El karma que: 1) se libera; 2) activa o surge en un momento dado de nuestra vida y que no tiene por qué estar gestado en la actual. Puede provenir de reencarnaciones anteriores. En el primer caso nos parece obvio que la activación se dé para resolver (equilibrar) acciones que debieran haberse hecho de otra manera para evitar el efecto que causaron. ¿Pero en el segundo caso? ¿Por qué se pueden activar “kármicamente” situaciones de otras vidas? Por dos factores. Por paralelismos: ahora estamos haciendo lo mismo que en cierto momento, en cierta época, y aquello que nos afectó vuelve a producirse. Algún ejemplo: en otra vida fuimos comerciantes dedicamos a hacer negocios de forma poco clara. Ahora, en nuestro departamento comercial todo son pegas o falsas acusaciones. El segundo factor, sería por un voto (el conocido voto kármico) que hicimos en su momento con tanta determinación que hoy día sigue vigente: de pobreza, obediencia, vasallaje, castidad… En ambos casos, vemos, se trata de energías que siguen vigentes en el continuum temporal activadas en cuanto la situación repite sus condicionantes (pura ley de atracción).

LA MISIÓN DE VIDA: Hay misiones de vida que son muy complejas. De las más, quizá, las que se vehiculan a través de la enfermedad. No cabe generalizar, una vez más, pero sí tener en cuenta que hay enfermedades que más allá de la disposición genética, o de cualquiera de los factores de los que aquí tratamos en realidad forman parte o, directamente, son el pilar de la misión de vida de una persona. El tema es complejo. Especialmente desde nuestro punto de vista terreno (mental/emocional). Nos resulta inalcanzable tan siquiera imaginar qué tipos de aprendizajes se pueden llevar a cabo desde el limitado marco de muchas enfermedades. En estos casos, más que nunca, es el propio Alma el único que lo sabe; al fin de cuentas es quien aceptó esta propuesta evolutiva. Lo que sí sabemos es que en estos procesos, la dirección de muchas de estas misiones no apuntan únicamente a quien la lleva a cabo, sino que focaliza su acción en las personas que lo circundan. A veces incluso en mayor medida que en el propio protagonista, que ha aceptado asumir un papel ocasional que depare un aprendizaje profundo en el entorno.

CANAL ROTO: Este sería el primero de los casos en los que la enfermedad no se corresponde ni con aprendizajes, ni proviene de la trayectoria vital, transgeneracional o kármica de la persona, y , sin lugar a dudas, es la que literalmente mantiene sin remisión la obstrucción entre el Yo Terreno y el Yo Superior. Se produce en el mismo momento de la concepción o durante el proceso. A partir de la diferencia vibracional entre la multidimensionalidad y el plano terreno el canal, la conexión que vincula al Yo de Luz (Yo Superior) con el futuro feto desde el cual encarnará, se rompe dando lugar a la pérdida del futuro bebé, o se “quiebra”, dando lugar a un décimo chacra activo o descontrolado que se traduce en esquizofrenias o bipolaridades, por ejemplo. [Véase el post “Anatomía del canal de luz”]

INFLUENCIAS / AGENTES EXTERNOS: Afortunadamente se da en el menor de los casos. Pero algunas dolencias o enfermedades, padeceres surgen a raíz de acciones externas dirigidas hacia nosotros. Hablamos de manipulaciones energéticas creadas para afectarnos, enganches energéticos, parásitos energéticos, bajos astrales, larvas etéricas, oscuridad, implantes extraterrestres…etc.

Gabriel Padilla

http://www.gabrielpadilla.es

 

Anatomía del canal de Luz

La palabra “canal” es de las más utilizadas en el mundo del desarrollo espiritual. Decimos que somos “canales”, que “canalizamos” información, que nos convertimos en un canal de energía al trabajar desde Reiki, por ejemplo. Fue el conocido psíquico Edgar Cayce el primero en referirse al hombre como “canal” de transmisión psíquica o espiritual. ¿Pero hablamos en todo momento de una metáfora? En absoluto. Aquí os dejo cuatro notas respecto de uno de los puntos tan importante como poco tratado, a nivel de divulgación informativa, de la anatomía energética: el canal de Luz.

El canal de Luz existe. Se trata de una conexión etérica con forma tubular (de ahí que también se le conociera como “tubo de Luz”) a través de la cual se mantiene vinculada nuestra existencia celeste y planetaria, permitiéndonos tanto coexistir como evolucionar en el presente plano terreno.

Aunque la descripción no es del todo exacta, así es como la detalla el Manual de Ejercicios Pleyadianos [cap. XIII]:

 “Es una zona tubular de un diámetro de cinco a seis centímetros que se extiende desde el extremo superior del aura cruzando a través de la corona, descendiendo y rodeando la columna, bajando entre las piernas al extremo inferior del aura. También continúa por encima del aura a través del centro de todos los aspectos de tu Yo Superior de la quinta a la novena dimensiones.

Es lo que te une con todos los aspectos que contiene tu holograma personal. A través de este enlace pasa la luz de dimensiones superiores que desciende por el «tubo de luz» de tu cuerpo y aura y es la clave para atraer la conciencia superior al cuerpo de forma permanente”.

A partir de la información que me ha sido dada podemos dividir en tres partes el canal de luz:

Parte central: Sería lo que todos conocemos como el propio canal de Luz. Es la conexión tubular a la que se hace referencia en el Manual pero no pasa por la columna vertebral, sino que cruza en vertical desde el chacra 12 hasta el chacra de Gaia (situado a unos 50 cm por debajo de nuestros pies y que nos ancla a Tierra). En esta parte, es “rígido” pero flexible y recto.

La conexión superior: Desde el chacra número 12, deja de tener “forma”. Constituye el vínculo que nos une a nuestra identidad de Luz, desde la que coexistimos temporalmente, y a ésta con la mónada o Esencia Fundamental. Sería el “cordón umbilical” (utilizo el sentido figurado) que nos une a la Fuente. Esta conexión se establece exactamente en el mismo momento de la concepción humana. El resto se va formando a medida que el cuerpo físico (y por consiguiente, el resto de la anatomía etérica) va desarrollándose.

La conexión terrestre: Desde el chacra de Gaia, sin ningún tipo de forma determinada, constituye el vínculo y anclaje que necesitamos para la subsistencia en el planeta. Alimenta el físico animal en el cual nos encarnamos. Durante la gestación, mientras no se desarrolla esta conexión, la energía terrestre es proporcionada por la madre.

Estas son las principales características del canal de Luz. Algunas ya han quedado vislumbradas en las líneas anteriores.

  • Permite nuestra coexistencia terrena:
    • Vincula la identidad de Luz (Yo Superior), vinculada a su vez a la Mónada o Fuente, con la identidad terrena (Yo Humano).
    • Ancla la identidad terrena al planeta, permitiendo la existencia vital tercerdimensional. 
  • Vehicula las energías necesarias para la vida planetaria.
    • Vehicula la energía celeste.
    • Vehicula la energía terrestre.
  • Vehicula información.
    • Desde la conexión superior, la identidad terrena recibe información de su identidad de Luz, de los Guías o del resto de hermanos de la Hermandad Blanca a fin de ayudar en el proceso evolutivo. También energía.
    • Del mismo modo, permanecemos en conexión con los recursos que necesitamos para llevar a cabo nuestra misión de vida y que son propios de nuestro Yo Superior.
    • Nos conecta, si los trabajamos, con nuestra conciencia superior.

Para completar esta nota acerca del canal de Luz, cabe señalar que, al igual que el resto de anatomía etérica, se puede ver afectado por problemas

  • El canal se puede “ensuciar” energéticamente. A nivel interno, provocará que los efectos de la dualidad queden más exacerbados, que nos sintamos “desconectados” y, en los casos más graves, que no podamos recibir la orientación de nuestra mente superior, guías…etc…
  • El canal puede constituirse defectuosamente. Esto ocurre durante el proceso en que se establece la conexión en la formación del feto, debido a la diferencia vibracional de los planos superiores y el nuestro. Suele romperse a la altura del 10 chacra, en general. Por desgracia es irreparable. Provoca esquizofrenias, bipolaridades…
  • El canal puede romperse. La conexión superior del canal es lo que se ha denominado tradicionalmente como “cordón de plata”. La conexión desde el chacra de gaia, “cordón de oro”. Si la conexión terrestre se pierde o interrumpe, el cuerpo físico se queda en coma. Si la conexión celeste se corta, es cuando morimos. Estos casos dependen muy mucho de si el cometido vital ha llegado a su fin o, en el caso del coma, de si la persona, a nivel de Alma, decide quedarse o seguir. A veces también se produce cuando el tiempo es cumplido y la persona se resiste a marchar.
  • El canal puede ser interferido. Esto es especialmente importante a ciertos niveles de compromiso evolutivo. Una entidad puede interferir en nuestro canal con la voluntad de confundir. Cuando esto se produce, la información que recibimos resulta manipulada desde los intereses oscuros. No hace falta hacer hincapié en la gravedad del asunto y de lo que supone la recepción de estos mensajes de error, tanto para la labor del propio canal como para aquellos a los que pueda llegar su mensaje.

Pero lo más importante, el canal se debe trabajar. Al igual que ocurre con los distintos cuerpos de Luz, los cuerpo inmateriales del hombre que componen lo que vulgarmente conocemos como aura, el canal de Luz también debe “mantenerse”. A través de la práctica de desarrollo espiritual (Reiki, meditación…), a partir de nuestro propio desarrollo, y especialmente ahora que eres consciente de él, el canal se ve fortalecido y reforzado, asegurando una buena conexión entre nosotros y ese Nosotros etérico, de Luz, que en realidad somos.

Espero que esta información os resulte de utilidad.

Gabriel Padilla

Péndulo fácil. Apunte de radiestesia

             Radiestesia es una palabra formada a partir de la latina radius y la griega aisthesis (sensibilidad). Esta técnica, consistente en la detección de energías u objetos a partir de varillas metálicas, horquillas de madera formadas naturalmente en alguna rama de árbol o péndulos, es tan antigua como la humanidad. En la antigüedad, los llamados rabdomantes o zahoríes se dedicaban principalmente a localizar agua en el subsuelo o lugares con especiales fuerzas telúricas que pudieran resultar beneficiosas o nocivas para la construcción de un templo, de una casa… o de una ciudad. Se dice que para la fundación de Roma se contrató a un rabdomante etrusco para que indicara el lugar más propicio sobre el que empezar a edificar.

Para quienes crean que esto es mera superstición antigua, cabe decir que en la II Guerra Mundial la técnica se utilizó para la detección de minas o que las grandes petroleras pagan auténticas fortunas a radiestesistas profesionales para la localización (lugar, profundidad…) de bolsas de gas o pozos de petróleo.

Regresando a nuestro tema, de todos los medios, el péndulo es actualmente el más conocido. Se popularizó a partir del siglo XIX, pero la arqueología nos ha permitido conocer que ya se utilizaban en el antiguo Egipto o China.

In estricto sensu, un péndulo consiste meramente en un cordel/cadena/cuerda del que cuelga un pequeño peso (llamado sensor). De modo que un colgante y su cadena o un cordel atado a un carrete de hilo son “oficialmente” un péndulo. En el mercado existen todas las variedades inimaginables. Hay expertos que afirman que el péndulo debe de ser de madera, otros dicen que de mineral; o que la cadena debe de ser de cordón natural. También los hay que estipulan diferentes usos en función de la forma (péndulo Lucis, péndulo egipcio, péndulo de bellota, péndulo bioenergético, péndulo solar, medidor del ambiente…). Pero todo es mucho más sencillo.

Cabe recordar que el péndulo no es un instrumento “mágico”. Carece de cualquier propiedad que se le pueda atribuir. Su funcionamiento consiste en ser un mero receptor, una mera antena como extensión de nuestro cuerpo (de nuestro brazo). Su funcionamiento correcto o no, dependerá de nuestra habilidad (sensibilidad), no del objeto en cuestión. Por lo tanto, cada uno debe escoger el que mejor le sirva.

Cómo escoger un péndulo: Aunque el factor estético puede influir, no debe de ser este el que nos guíe a la hora de escoger nuestro péndulo. Recordemos que el objeto en cuestión funciona como una extensión nuestra, luego debemos comprobar que resulte la “antena” adecuada. Para ello deberemos testar distintos tipos de péndulos. Aquél que nos de las respuestas más claras ¡será el nuestro!

Usando el péndulo por primera vez: Su funcionamiento es muy sencillo. Básicamente a través del péndulo obtenemos tres respuestas: sí, no, depende/no sabe/no contesta. Y cada una de ellas se manifiesta a partir de un movimiento pendular concreto. Muchos expertos y muchos libros estipulan movimientos exactos para cada respuesta, pero mi experiencia me ha demostrado que cada uno de nosotros tiene “su propio lenguaje”. Y ahora se trata de averiguar cuál es; cómo nos “habla”.

Para empezar, lo primero que deberemos hacer es sujetarlo por el cordel o la cadena y mantener la mano y el brazo quietos, con la tensión justa como para no moverlo, pero sin ejercer una tensión excesiva.

  1. Con el péndulo en reposo, pediremos (en voz alta o internamente) que nos muestre/diga SÍ. Y esperaremos al movimiento que se produzca.
  2. Con el péndulo en reposo, pediremos (en voz alta o internamente) que nos muestre/diga NO. Y esperaremos al movimiento que se produzca.
  3. Con el péndulo en reposo, pediremos (en voz alta o internamente) que nos muestre/diga DEPENDE/NO SABE/NO CONTESTA. Y esperaremos al movimiento que se produzca.
  4. Ahora verificaremos las respuestas, realizando preguntas de verdad o mentira: ¿me llamo XXXX? ¿Hoy es sábado (si es viernes)?… Si las respuestas no son las correctas, es que hace falta practicar un poco más o que ese no un momento idóneo para nosotros; quizá tengamos inquietud, preocupaciones…que evitan que estemos receptivos.

 Los movimientos que realice ante cada testaje (circular, de derecha a izquierda, de arriba abajo, en diagonal…) será nuestro código personal. Siempre que utilicemos un péndulo éstas serán las señales bajo las que se nos manifestarán las respuestas. Exactamente igual de válidas que si a otra persona le hace las señales contrarias.

A partir de aquí… verifica chacra por chacra cuál tiene algún bloqueo; busca algún objeto que hayas perdido por casa (¿está en esta habitación? ¿está por el suelo? ¿está dentro de un mueble? ¿están en algún cajón de este mueble?…); el sexo de un bebé en el embarazo; las flores de Bach que debo tomar, cuántas veces al día, cuántas gotas… Las posibilidades son infinitas.

¡Feliz práctica!

 

Conferencia: Protección energética

Vivimos en un mundo de constante interacción energética. Nuestros pensamientos se convierten en realidades que afectan a nuestro entorno… Pero también nuestras frustraciones, nuestra rabia, nuestro miedo… En la presente conferencia, grabada por los amigos de Ámate TV el pasado mes de noviembre en la feria Cultural Alternativa 2015, te explico cómo funcionan estas interacciones, qué tipos de interacciones existen y de qué manera afectan a nuestro entorno, así como algunos pequeños remedios con las que contrarrestarlas.

Esta es la conferencia con la que presento siempre mi Curso de Protección Energética. Espero que la disfrutes.

Sanación ¿holística o espiritual?

Hay una confusión que cada vez se está propagando más en nuestro mundo de terapias y sanación que quisiera hoy puntualizar. La diferencia entre “holístico” y “espiritual”.

Tracemos primero el recorrido de las diferentes concepciones y, para que se entienda de forma más clara y rápida, las perfilaré, si se me permite, con la metáfora del coche y el conductor.

Vamos a ello.

Concepto mecanicista. Hasta no hace demasiado tiempo éste ha sido el patrón predominante, al menos en nuestra cultura científica occidental.El foco de atención se fijaba en la mecánica del cuerpo y en  resolver el malestar, la enfermedad producida por una causa. La falta de salud se entiende como un fallo orgánico del cuerpo. Y desde este punto de vista se busca la solución correspondiente, que se contempla como única y unívoca. Un problema, una solución.

Concepto holístico: Sin duda, ha sido el gran avance que ha dado revolucionado la forma de entender la salud y que ha dado lugar a nuevas concepciones, como ya veremos.

“Holístico” proviene del griego holos, que significa “todo”, “entero”, “total”. Y bajo esta nueva concepción se contempla al hombre en su totalidad: como un todo integral formado por cuerpo, mente y espíritu. S seguimos con nuestra metáfora de la conducción, se entiende que, independientemente de la problemática que pueda comportar la mecánica y/o el desgaste del coche, la conducción del mismo, el uso que se hace de él,  influye en gran medida en la promoción de unos problemas u otros, por lo que desde esta concepción el síntoma físico ya no es el fin o el origen del problema, sino el resultado de un proceso interior. Una resultado que depende del manejo del conductor. De lo que se derivan dos consecuencias esenciales. La primera: que un mismo síntoma en diferentes personas pueden tener orígenes bien distintos y diferenciados. Un dolor de cabeza puede deberse a estrés, a un problema neurológico, a no poder dejar de dar vueltas a un problema… La segunda: es el paciente quien tiene la responsabilidad de su bienestar.

Concepto sistémico o transpersonal: Es una extensión del modelo anterior y que en estos momentos está muy en boga. En este caso, la visión va más allá del conductor aportando nuevas concepciones que abarcan aún más esa totalidad de la que se hablaba. Y es que además del vehículo y de cómo sea este conducido, el concepto sistémico observa que: no hemos nacido conductores, nos han enseñado a conducir, por lo que nuestra manera de conducir puede estar condicionada por dicha enseñanza; y en segundo lugar, que no conducimos solos; por lo que nuestra conducción puede verse afectada por cómo me muevo dentro del parque automovilístico del cual formo parte.

Concepto espiritual. Sin embargo, hay algo más. Todo lo anterior no acaba de describir la realidad en su total dimensión. Porque hay ciertas cuestiones que ninguna de las anteriores concepciones contemplan y que, hoy día, resultan fundamentales.

Conducción implica dirección, movimiento, objetivo. Y ninguna de las visiones anteriores se preocupa de algo básico: en primer lugar, hacia dónde se dirigen los conductores; por dónde o en qué dirección se mueven. En segundo lugar, el por qué de esa dirección. Y finalmente si para lograr recorrer el camino, deben aprender/adecuar la conducción. (Tal vez aprendimos a ir en moto  y en realidad, para ir donde debemos ir, necesitaríamos sacarnos el carné B1 ó B2. O al contrario, tal vez conduzcamos un camión, pero para nuestra andadura sería más factible ir en moto). De todo ello se ocupa la concepción espiritual.

Puntualicemos ahora. Cuando preguntamos a alguien por su concepto holístico de trabajo la respuesta siempre es la misma: se trabaja sobre cuerpo, mente y espíritu. Peo en realidad no es así. A la praxis se trabaja en primer lugar sobre la mente (el bienestar interior) entendiendo (cono en realidad es) que es en ésta de donde parten la mayoría de los problemas, sobre el cuerpo, y como mucho, se incluye el concepto sistémico (las relaciones con/en el entorno). El “espíritu” que en demasiadas ocasiones no sabemos muy bien exactamente qué es o a qué nos estamos refiriendo queda, o como una bonita palabra en el triunvirato, o asimilado a la mejora mental / emocional.

Y es precisamente en ese “espíritu” sobre el que centra su labor y acción la concepción espiritual, como protagonista principal del proceso.

Frente a lo holístico o a lo holístico/sistémico que sigue anclado en la propia persona como identidad primera y única, la concepción espiritual trasciende el plano y actúa en la contemplación de la persona como manifestación multidimensional del Ser de Luz que en realidad es.

Por un lado está el Yo físico, animal, temporal, regido por el conocimiento adquirido a lo largo de la vida. Por otro el Yo Superior: nuestra verdadera identidad, de naturaleza etérica, atemporal, creada en el origen de los tiempos desde la propia Fuente y que permanece en contacto con la conciencia del Todo. El primero está anclado a este segundo. En realidad es su “avatar” a fin de que éste pueda llevar a cabo, en el plano terreno, una labor de aprendizaje, una labor evolutiva [Véase mi video anterior].

Y es, insisto, sobre esta realidad multidimensional sobre la que se actúa desde la sanación espiritual. Para lograr que no haya disonancia entre la realidad de Luz de la persona y su realidad terrenal. Porque En el momento en que nuestro Yo Superior y nuestro Yo terreno entran en disonancia o, para ser más concretos, en el momento en que nuestra identidad terrena, nuestra vida cotidiana empieza a caminar por senderos que se alejen del propósito hacia el que nuestra realidad de Luz se encamina, la misión que hemos venido a cumplir, de quiénes somos realmente, en el momento en que nos alejamos (traicionamos, también) de nuestra misma esencia, es cuando surge una fricción que, de mantenerse y/o instalarse da como resultado el malestar, la dolencia, la enfermedad o el bloqueo vital.

Porque tal y como dice el Dr. E. Bach: “La enfermedad es el resultado, en el cuerpo físico, de la resistencia de la personalidad a ser guiada por su alma”. O en otro fragmento cuando se refiere a la enfermedad, la dolencia, el padecimiento como  “(…) el medio adoptado por nuestras propias Almas para señalarnos nuestras faltas; para evitar que cometamos más errores; para encauzarnos de vuelta al sendero de la Verdad y la Luz del que nunca deberíamos habernos apartado. Sea cual fuere el error que cometamos, reaccionará contra nosotros mismos, causándonos infelicidad, malestares o padecimientos, de acuerdo con su naturaleza. Su objetivo es enseñarnos los efectos de los pensamientos y acciones equivocadas”.

Gabriel Padilla

Para una bibliografía sobre Reiki

El interés por el Reiki es cada vez más creciente. Por lo que “hace” y por lo que “no hace”.

Los que lo practicamos y divulgamos aún nos seguimos encontrando en la misma tesitura que Usui sensei manifestaba en su entrevista:  “Quizás solo uno de diez cree en mi método antes de un tratamiento. La mayoría de ellos aprenden el beneficio luego del primer tratamiento, entonces creen en el método”. A pesar de lo cual el sistema sigue llamando la atención.

Este mes ha salido a la calle QUO, una revista de divulgación de tirada nacional con la portada dedicada a Reiki: “Reiki ¿todo locura? Cada vez más médicos españoles recomiendan sanar con las manos ¿seguro?”. En el artículo expone lo que ya sabemos: que el sistema Reiki está presente en muchísimos hospitales de Estados Unidos, Chile, Reino Unido, España (a nivel de voluntariado), que hay mútuas que lo ofertan entre sus servicios en países del norte de Europa… Pero también que, frente a la incredulidad científica de muchos, somos nosotros los primeros que querríamos que se realizaran estudios serios que demostrase la eficacia y el alcance de este tratamiento. Aquí en España ya hay algunos en marcha. Sin embargo es en Estados Unidos donde hace tiempo que se pusieron manos a la obra.

Estos son “algunos” (hay muchos más) de los estudios o las experiencias que desde el campo médico se han recogido sobre la incidencia de Reiki en oncología, postoperatorios, en relación al VIH, en el área maternoinfantil… Espero que te resulte de utilidad.

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“LOS QUE DICEN QUE ES IMPOSIBLE NO DEBERÍAN MOLESTAR A LOS QUE YA LO ESTÁN HACIENDO”

ALBERT EINSTEIN