Crecimiento personal

10 Puntos para tu vida

Escrito por Gabriel Padilla.

1. HOY. AQUÍ. AHORA. Dice Osho, en su libro Meditaciones, que Dios constantemente viene a visitarnos a casa pero que nunca nos encuentra, porque siempre estamos en el pasado o en el futuro. Dejar de fumar, aprender idiomas, adelgazar… Siempre lo dejamos para después, mañana, el lunes, septiembre o enero. Decisiones importantes para nuestra salud, nuestro bienestar, nuestro futuro laboral, las dejamos en manos de un tiempo inexistente. El futuro no existe. Y únicamente hoy, aquí y ahora, podremos realizar cuantos cambios necesitemos en nuestra vida, porque únicamente desde hoy/aquí/ahora puede activarse en nosotros la conciencia real para dicho cambio.

2. SÉ TU MISMO/A. Tú eres un ser único, irrepetible e inigualable. El Universo ha unificado en ti toda una serie de características distintivas que ninguna otra criatura posee en toda la Creación. No quieras ser como otros. No pretendas ser como nadie. Muéstrate con sinceridad porque los rasgos con los que has sido bendecido no fueron conjuntados al azar. Permite que surja la expresión de tu individualidad. Tú haces que el Universo sea como es.

3. EXPRÉSATE. Habla. Di en cada momento lo que sientes, lo que opinas. Si estás triste, si estás alegre, si estás disgustado… Da la gracias, di “te quiero”… No confíes en que los demás ya te hayan entendido porque es más que probable que no sea así. Los equívocos y suposiciones producen situaciones muy desagradables y van dejando amistades, familia o amores por el camino. Como escribiera Gabriel G. Márquez: “No seremos nunca recordados por todo aquello que callamos”. No esperes a que sea demasiado tarde.

4. EQUIVÓCATE. No temas al error. Permítete equivocarte. La vida se construye a partir de decisiones. Siempre hay una encrucijada, siempre existen múltiples opciones y nadie tiene la certeza de cuál es el camino más adecuado. El único que no se equivoca es aquel que nada hace. Sé valiente. Contempla siempre las opciones y decide. Sin miedo. Decía Borges que cuando tuviese 80 años quería volver la vista atrás y darse cuenta de cuántas veces se había equivocado, porque era señal de que había vivido.

5. OLVIDA. No podemos avanzar en la vida si mantenemos la vista fija en el pasado. Es como intentar andar de espaldas. ¡Absolutamente imposible! En cambio,  en demasiadas ocasiones, mantenemos una parte de nuestro inconsciente anclado en aquella situación tan dolorosa o en aquella persona que nos hizo quizá ya ni recordemos qué. Corta esas ataduras. Sólo olvidando y perdonando nos hacemos libres. Extrae las lecciones de vida y deja atrás el resto.

6. CUÍDATE. El ser humano es la unión de mente, cuerpo y espíritu. Tenemos la responsabilidad de mantener este triunvirato indisoluble en el mejor estado posible. Mantén el cuerpo físico de forma saludable: come sanamente, duerme al menos ocho horas, haz ejercicio… Procura tener siempre una mente despierta y ágil: estudia, lee, escribe, utiliza la memoria… Mantén tu espíritu tan limpio cuanto puedas: cultiva la generosidad, la empatía, defiende la verdad y tus creencias con el diálogo, y apuesta siempre por el Bien común.

7. TIEMPO.  Incluye a lo largo del día, como si de una tarea más se tratase, un espacio para ti. No se trata de mendigar tiempo libre, sino de establecer un tiempo para tu completo uso y disfrute. Escoge diariamente media hora, una hora, en la que puedas encontrarte contigo mismo, libre de los quehaceres diarios. Ordena tus ideas, tus prioridades, realiza alguna actividad de tu agrado, cultiva un hobby… Dedícate a ti. Verás como te cambia la perspectiva. Verás que cuando estés en paz contigo mismo todo te parecerá distinto.

8. AMIGOS. Que la gente que te rodee sea siempre la mejor. Las reconocerás porque celebrarán tus éxitos como si fueran suyos, te acompañarán en las derrotas y nunca te dirán una verdad a medias o interesada en beneficio de otros o de si mismos. Verás que aportan riqueza a tu vida permitiendo que tú hagas lo mismo con la suya. Huye de interesados,  victimistas o manipuladores. De aquellos que pretendan disponer sobre tu tiempo en su propio beneficio. El dueño de tu tiempo eres tú. Gástalo como tú quieras, no como quieran los demás.

9. SORPRÉNDETE. La vida es una fantástica caja de sorpresas. No temas arriesgarte o exponerte. Deja que te sorprenda. Ábrete al mundo. Saca a pasear tu Niño Interior y disfruta de esta Gran Casa en la que vives, de sus rincones, de sus gentes… Habla cada día con una persona desconocida, haz cada semana una actividad que no hayas hecho nunca, viaja cada año a un lugar donde no hayas estado jamás… Disfruta de la aventura de vivir.

10. CONFÍA EN TI. Confía en ti. La intuición es tu verdadera voz. Aquella que no ha sido manipulada por el inconsciente, por patrones psicofamiliares o del entorno. Realmente sabes lo que debes hacer en cada momento. Únicamente debes dar protagonismo a esa vocecilla de tu interior. Es la voz de tu alma, de tu identidad. La voz de tu corazón. Ante cualquier situación, duda, propuesta o decisión tómate un momento y mira en tu corazón. Observa cómo vibra. Lo que no resuene en él, quizá no sea lo más adecuado para ti en ese momento.

La mochila o la gimcana de la vida.

Escrito por Gabriel Padilla

Nadie en la vida nace con un manual de instrucciones. Los padres novatos son muy conscientes de ello en cuanto se encuentran con su retoño en un brazo mientras sujetan en el otro el gran interrogante de “¿y ahora qué?”, sintiendo que realmente ellos son los que están en pañales. Para el niño, el problema sigue siendo exactamente el mismo: ¿y ahora qué? La solución, para ambos, acaba resultando la misma: tener que fiarse de padres, tías, abuelas y demás congéneres que parezcan saber todo o parte, a cerca del funcionamiento de este mundo nuevo que se abre ante nosotros, basto y enigmático.

Al principio todo es fácil. Todo nos es resuelto. No tenemos problemas de identidad: sabemos que somos como mamá, con la nariz de papá pero en lo demás igualito al bueno de tío Paco, en paz descanse. Se ocupan de cambiarnos la ropa de invierno o verano, según convenga el tiempo y la sensación térmica de nuestra madre. Se nos proporciona un kit de supervivencia: no hables con desconocidos; no abras la puerta a nadie que los de casa tenemos llave; cómetelo todo, que en las últimas cucharadas están las vitaminas… Y se nos lleva de la mano, de acá para allá. Pronto conocemos a más gente que nos aporta más instrucciones y herramientas con las que completar nuestro equipaje. Todos se ocupan de proporcionarnos cuanto podamos necesitar para el viaje. Todo va sobre ruedas, como nuestra mochila.

Mas el tiempo transcurre. Empezamos a vivir la aventura desde nuestra óptica. Entendemos que quizá el camino de los demás no sea el nuestro. Tomamos nuevos rumbos, según nuestra brújula. Vamos quemando etapas. Es la ley natural del juego. Pero nos damos cuenta de que, en demasiadas ocasiones, llegamos tarde, mal o nunca a donde queremos. Que la rectitud de nuestros pasos en realidad va trazando una curva tan sumamente amplia e imperceptible que al cabo siempre nos retorna al punto de partida. El tiempo pasa, las etapas no se suceden, mas la vida nos exige ese conocimiento para continuar adelante. Echamos la culpa a los desniveles, al tiempo, al organizador de la prueba… ¡Seguro que hay “compañeros” que cambian las pistas para que otros no lleguemos! Todo nos resulta tan cansado…tan cansino… Los abnegados no se plantean que pueda resultar de otro modo, y deciden tirar para adelante, contra viento y palmera. Los hay que se sientan, muy listos ellos, a la espera de que el juego acabe; el capitán Araña que lo embarcó en esto, ya vendrá a buscarle cuando se canse de jugar con él. Otros, en cambio, optan por ir a remolque de los demás, compartiendo penas, quejas y errores. Estos se reconocen porque a veces adoptan el papel de bufón del grupo, como arancel auto-impuesto por una aceptación que él mismo presume pero que, realmente, casi nunca ratifica nadie. Sin embargo no es ninguno de estos jugadores los interesantes para el juego. Los verdaderamente interesantes son los inconformistas. Y no los inconformistas incendiarios. Me refiero a los inconformistas prácticos.

Es cierto que las instrucciones del juego no nos van a ser reveladas, independientemente de las reglas básicas -si se suman esfuerzos los beneficios colectivos se multiplican; si se restan individualidades, las tareas resultarán proporcionalmente divididas-. La incertidumbre forma parte de la animación del mismo. Pero en esta vida se ha de ser práctico y cualquier viaje largo exige comodidad. Es entonces cuando el inconformista se plantea: ¿realmente es necesario llevar unas botas tan estrechas, como decía la abuela? ¿Es siempre mejor ir por la carretera principal? ¿La línea recta es el mejor camino a seguir entre dos puntos? ¿Hace falta llevar tantas cosas en la mochila? Aparentemente todo era útil, les había sido útil a quienes me la empezaron a hacer para el viaje. ¿Y si la reviso? Quizá haya cosas que resulten prescindibles…

Héte tú aquí que el inconformista práctico se quita la mochila, se sienta tranquilamente un minuto y saca todo cuanto contiene. ¡Madre de Dios, cuántas cosas caducadas e inútiles! Se mira en el espejo de sus padres y el reflejo resulta ser tan distinto… Abre las latas de supervivencia que debían socorrerle en caso de urgencia y es tanta y tan rancia la podredumbre que encuentra… El mapa, el antiguo mapa, aparentemente tan fiel y exacto, ¿por qué está lleno de caminos tachados? ¿Alguna vez alguien se aventuró por ellos? ¿Quizá tío Paco, en paz descanse, entre  prostíbulo y prostíbulo?

En el primer contenedor que encuentra se deshace de todo cuanto le resulta inservible: recortes de monstruos imaginarios, árboles genealógicos con ramas podadas, diarios de falsas aventuras, tradiciones enlatadas en el miedo, bibelots recordando “el odio estuvo aquí”… Es sorprendente. ¡Más de media mochila de instrucciones familiares y buenas intenciones! Se compra unas botas nuevas, de su número –es un gustazo poder estirar los dedos de los pies en su interior-  y con la mochila al hombro, ahora asombrosamente ligera, sin más en su interior que el fruto de la experiencia, útil y contrastada, y algo de comida, emprende de nuevo el camino.

Hay quien lo mira. Hay quien, al pasar por su lado, se lo queda mirando. ¡Debe de estar loco si piensa sobrevivir con una mochila tan pequeña! Él se limita a sonreír: “Debe de estar loco si piensa ir arrastrando semejante carromato”.

La vida se descubre ante él y él acepta los regalos que ésta le ofrece. Ya no teme a la oscuridad, ni a las inclemencias del tiempo. Acepta que son los ciclos naturales del Sol. Ya no odia la lluvia que tanto estorbaba al caminar, porque gracias a ella el campo se mantiene verde. No desconfía del extraño, ni de la mano tendida o el corazón abierto. Y descubre que sólo importa hoy, aquí, ahora junto con el aprendizaje de la experiencia, unas mudas muy ligeras pero máximamente efectivas. Porque sólo hoy, aquí y ahora el mundo es capaz de cambiar. Porque sólo hoy, aquí y ahora las mochilas pueden aligerarse tanto como para permitirnos disfrutar de esta maravillosa aventura en la que vivimos y llegar hasta el final sin roces, magulladuras o malos entendidos, luciendo una espléndida sonrisa digna de iluminar al mismo Dios.

Hoy, aquí, ahora…

Hay un síndrome psicológico que define a algunas personas como “procastinadoras”. Se trata de personas que postergan constantemente con la autoexcusa de que dicha postergación permitirá una mejor resolución del tema. Un ejemplo sería el de: “No llamo ahora para felicitar el cumpleaños porque seguro que está cansado o en familia.

Mejor mañana temprano, antes de ir a trabajar. Así tampoco lo agobio”. Pero al día siguiente consideran mejor hacerlo por la tarde, quizá es demasiado temprano. Y al llegar la tarde, deciden que mejor antes de cenar, que seguro lo pillamos en casa. Lo malo es que luego cree que ya no son horas y lo deja para el día siguiente. Al final, decide que cuando se lo encuentre en el gimnasio. Pero fíjate que se da esta coincidencia. Entonces mejor al salir del vestuario, que con toda al gente en medio…Y ahora por el pasillo, mejor en la calle y nos tomamos un café…pero ¿y si lo invito a cenar a casa?… etc, etc… Total: nunca felicita el cumpleaños. Después de tanto tiempo, ya no viene a cuento y voy a quedar peor. Mejor hacerse el despistado y el año que viene ya lo haré mejor…

Los procastinadores acaban sufriendo un sinfín de molestias al crear/vivir multitud de situaciones incómodas o en las que quedan mal en pro de encontrar el momento oportuno, ideal, óptimo… Aunque en realidad en poco se diferencian de los que esperan a que los hijos sean mayores, y luego a que se casen, y LUEGO a jubilarse para empezar a vivir. En nada se diferencian de todos los que dejan para el fin de semana o las vacaciones esos libros que desean leer, la escapada a otro país, la ruta en bicicleta, las reuniones con los amigos, los momentos de asueto y relax. ¡Como si una semana, como si un año, como si una vida cupiese en unos pocos días!

¿Has pensado cuánto tiempo perdemos en pro de un tiempo mejor, de un tiempo ideal, de un tiempo óptimo? ¿A cuánto resumimos nuestra vida?

HOY, AQUÍ Y AHORA. Aprovecha el verano, las vacaciones, este gran fin de semana de nuestro año laboral. Pero piensa si no deberías cambiar algo cuando vuelvas a tu “vida cotidiana”.

¿Qué significa para ti “cotidiana”?

¿Y “vida”?

“La gente que me gusta” de Mario Benedetti

 

Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace. La gente que cultiva sus sueños hasta que esos sueños se apoderan de su propia realidad. Me gusta la gente con capacidad para asumir las consecuencias de sus acciones, la gente que arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien se permite huir de los consejos sensatos dejando las soluciones en manos de nuestro padre Dios.

Me gusta la gente que es justa con su gente y consigo misma, la gente que agradece el nuevo día, las cosas buenas que existen en su vida, que vive cada hora con buen ánimo dando lo mejor de sí, agradecido de estar vivo, de poder regalar sonrisas, de ofrecer sus manos y ayudar generosamente sin esperar nada a cambio.

Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, pero sin lastimarme ni herirme.
La gente que tiene tacto.

Me gusta la gente que posee sentido de la justicia.

A estos los llamo mis amigos.

Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría y la predica. La gente que mediante bromas nos enseña a concebir la vida con humor.

La gente que nunca deja de ser aniñada.

Me gusta la gente que con su energía, contagia.

Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos razonables a las decisiones de cualquiera.

Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.

Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza en reconocer que se equivocó o que no sabe algo. La gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.

La gente que lucha contra adversidades.

Me gusta la gente que busca soluciones.

 
Me gusta la gente que piensa y medita internamente. La gente que valora a sus semejantes no por un estereotipo social ni cómo lucen. La gente que no juzga ni deja que otros juzguen.

Me gusta la gente que tiene personalidad.

Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano, es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón.

La sensibilidad, el coraje, la solidaridad, la bondad, el respeto, la tranquilidad, los valores, la alegría, la humildad, la fe, la felicidad, el tacto, la confianza, la esperanza, el agradecimiento, la sabiduría, los sueños, el arrepentimiento y el amor para los demás y propio son cosas fundamentales para llamarse GENTE.

Con gente como ésa, me comprometo para lo que sea por el resto de mi vida, ya que por tenerlos junto a mí, me doy por bien retribuido.

 

¿Cuál es tu vaca?

 

Un maestro con su discípulo llegaron a un poblado pidiendo un lugar donde pasar la fría noche. Como en ese poblado todos eran tan pobres, decidieron que se alojase en la cabaña del más “rico”: es decir, de la única familia que disponía de una vaca. Así, al menos, podrían ofrecer leche y queso a los visitantes.

Maestro y discípulo emprendieron su marcha antes de que nadie del pueblo despertase.

-Maestro, he pasado toda la noche en vela pensando en la pobreza tan lastimosa de toda esta gente. ¿No hay nada que podamos hacer para ayudarles?

El Maestro miró al discípulo. Pensó un momento. Retrocedió sobre sus pasos, se dirigió al cercado y sin ningún tipo de titubeo mató a la vaca.

El discípulo se quedó estupefacto. No sabía cómo reaccionar. Pero el Maestro ya había reemprendido el camino. No pudo más que seguir sus pasos mientras intentaba asimilar lo que había ocurrido.

Algunos años después, el joven aún no había logrado quitarse la mala conciencia por haber provocado aquel episodio. Y decidió volver al poblado para resarcir de alguna manera lo ocurrido. Al llegar, no encontró la cabaña de la familia que los había alojado. En su lugar había una casita de ladrillo y un pequeño huerto. Apenado se acercó y preguntó dónde podría encontrar a las personas que antes vivían allí. Pero una amplia sonrisa lo dejó estupefacto. La familia era la misma.

-El día que encontramos la vaca muerta creímos que la vida se nos hundía. Ya no teníamos leche, ni queso, ni mantequilla… Pero había que seguir adelante. Y, nunca se nos había ocurrido pero cambiamos algunos productos por semillas y nos pusimos a plantar un poco de verdura y hortalizas. Al principio era para nosotros, para tirar adelante pero como nos sobraba, empezamos a vender una parte. Ahora tenemos alguna vaca, una casita de ladrillo y de vez en cuando tienen que venir a ayudarnos algunos vecinos del pueblo a los que damos trabajo. ¡Así que ahora la todo va mucho mejor! ¡La vida nos sonríe!