Crecimiento personal

El Niño Interior: espacio sagrado

Si hay un ser en toda la Creación terrena que esté máximamente protegido es justamente el niño. Porque proteger al niño, es proteger a un Hermano y la simiente de su futura misión evolutiva.

Es difícil llevar a cabo nuestra misión en la Tierra. Como ya sabemos, olvidamos quiénes somos y qué hemos venido a hacer (forma parte de la propia misión que así sea). Por otro lado, nuestra misión tiene un triple cometido: forma parte de nuestro proceso evolutivo, en perfecta connivencia con el apoyo al proceso evolutivo de la colectividad humana que, a su vez, afecta a la vibración planetaria, luego cósmica. No es baladí. Por eso disponemos cósmicamente de toda la ayuda, externamente, de la Hermandad y sobre el terreno, desde el mismo momento de la concepción, de nuestro Guía personal. La protección del niño, en este sentido, es la protección del Hermano, de su futuro proceso y del papel que habrá de jugar en el sistema del cual ha venido a formar parte.

Desde el ámbito netamente tercerdimensional, han de ser los Hermanos reencarnados que juegan el papel, en sus misiones, como familia, profesores… etc quienes se ocupen de proteger y enseñar al Niño en el ámbito de la cotidianeidad donde se va a desenvolver. Una tarea sustancialmente trascendental. El entendimiento del mundo y de sí mismo que adquiera a lo largo de esta etapa determinará su vida adulta y por ende, permitirá, entorpecerá, diluirá o complicará el proceso evolutivo que ha venido a vivir. Gran parte de las problemáticas que vivimos en nuestras vidas tiene su origen en este punto. A fin de crear una base interior sólida y sana, la terapeuta Virginia Satir recoge los cuatro pilares fundamentales: el Niño debe ser visto, escuchado, atendido y tocado.

  • El niño debe ser visto: Es una regla fundamental que el Niño sea reconocido en todo momento. Que se le dé el lugar que le corresponde. Y que este se contemple como sacro en todo momento. El Niño nunca será ni más ni menos que cualquier otro miembro del sistema.
  • El niño debe de ser escuchado: Al igual que cualquier miembro del sistema, el Niño tiene voz propia. Y como ser individual se expresa y demanda aquello que necesita en cada momento.
  • El Niño de ser atendido: El Niño no posee de los recursos o las posibilidades de ser autosuficiente. De manera que requiere de los demás que se le cubran cuanto necesita para su desarrollo óptimo.
  • El Niño necesita ser tocado: La mayor fuente nutritiva para el desarrollo del Niño es la atención emocional: el contacto físico, el beso, la acaricia… A través de ello que el Niño se sabe reconocido/escuchado y atendido.

Es la manera en la que nos convertiremos en hombres internamente sanos, autosuficientes, amorosos, empoderados, empáticos… lo que favorecerá la conciencia.

Gran parte de las problemáticas que coartan nuestras vidas parten de la violación de alguno de estos ítems. Lo que nos lleva al siguiente nivel y a contemplar en conjunto las tres premisas que casi funcionan a modo de ley en el tema que nos ocupa. La primera ya la conocemos explícitamente.  Las otras dos nos complementan el entendimiento de la totalidad de la cuestión.

  • El Niño es sagrado.
  • El Hombre proviene del Niño.
  • El Hombre y el Niño conviven por siempre.

El Niño nunca desaparece. El concepto de “Niño Interior” no es una mera metáfora. El Niño continuará existiendo, transcurrida su etapa, integrado en el Adulto. Ocupando un espacio interno propio de rango energético pero también mental (en el inconsciente) aportando sus cualidades, pero también reclamando -el Niño reclama hasta que se le solventa- todo cuanto no haya sido resuelto en su etapa.

La madurez consiste en asumir el protagonismo del Adulto. Un protagonismo del que dependerán los aprendizajes y actuaciones en el marco de la misión de vida que tenga que llevar a cabo. Pero que también deberá  ocuparse de atender y resolver las carencias del Niño interior (en esta etapa, la familia o el entorno ya no tienen cabida en esta tarea), asumiendo la conciencia necesaria como para mantener la coexistencia de ambos. Solo si cada uno ocupa su lugar y su rango de actuación la vida fluirá sin excesivos sobresaltos.

Si el Niño sigue manteniendo, en el ámbito de sus necesidades, un protagonismo excesivo en la etapa vital que corresponde al Adulto lo paralizará por su miedo, por su indecisión, buscará reconocimiento, comprará amor, rechazará o aceptará sin más criterio que el beneficio inmediato, buscará situaciones de placer, huirá de responsabilidades o de responsabilizarse, se atenderá únicamente a él… La consecuencia será un Adulto atrapado en el protagonismo exacerbado de su campo astral (cuerpo emocional).

Si por el contrario es el Adulto quien asume el mando, amagando, rechazando o incluso intentando anular la presencia del Niño, tendríamos a la persona que no permite dar rienda suelta a las emociones, el concepto de diversión le resulta ajeno, carece de flexibilidad… Todo lo mide desde la racionalidad, la responsabilidad, el control, la conveniencia, la productividad, la polaridad (bueno o malo). En este caso tendríamos a un Adulto viviendo, por la anulación del Niño interno, desde un protagonismo excesivo de su cuerpo mental.

Y en ambos escenarios, toparíamos con personas “incompletas”. Nuestra evolución requiere de la actuación del Adulto, el actor de los procesos evolutivos. Pero sólo a través del Niño mantenemos la conexión con la Esencia, con nuestro Yo Superior y los otros planos. Sólo desde el Niño podemos vivir desde la Fe, la Humildad y la Inocencia, las manifestaciones intrínsecas del Amor Universal. Porque esa es la base esencial del Niño: Amor, Amor Amor Incondicional. Por ello, “Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos.” [Mateo 18:3]

 

Gabriel Padilla

http://www.gabrielpadilla.es

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¡Urgente! Polaridad femenina.

Quisiera hacer una lectura diferente, en un día como hoy.

La mujer cobra un 20% menos que un hombre como profesional, en los sitios donde puede ejercer como tal. No puede acceder a los mismos puestos que un hombre, en otros ni siquiera puede trabajar, como tampoco puede ir en coche o bicicleta. La mujer es sometida, agredida, obligada a ocultarse por ropajes o celosías, encerrada, tratada como mercancía, objeto sexual, mutilada… Su nacimiento puede suponer incluso una desgracia familiar, resuelta con el abandono o el asesinato. En el mejor de los casos, se le da un puesto de segunda fila. En el peor, se la relega a la última bancada del fondo.

Sin embargo, como decía, en el día de hoy me viene a la cabeza una lectura diferente. Tal vez no de respuestas sino de preguntas, que trascienden los conceptos de mentalidad, cultura, de hombre y de mujer.

Tomando el mayor distanciamiento, y recalando meramente en las esencias de la energía, tal y como se vio desde los conocimientos ancestrales, todo cuanto existe justamente existe gracias a un conjunto equilibrado y dinamizado de energía polarizada. (Y resalto lo de “polarizada”, que no “contraria”). Las religiones o creencias que ahora damos en llamar paganas tenían clara la existencia del Dios y la Diosa. El taoísmo nos habla del ying y el yang. Desde la metafísica sabemos que existe una única energía en el Universo y que esta se manifiesta en infinitas miríadas de posibilidades según el nivel de conciencia y cometido que deba tener dicha manifestación. Una única energía que proviene, surge de (que en realidad es) la Fuente. Pero incluso la inabarcable naturaleza de la Fuente se manifiesta bajo este principio de polaridad equilibrada y dinamizada /dinamizadora. Así es como junto a la esencia de Dios-Padre se manifiesta la esencia del Espíritu Santo, el Amor activo de Dios, que da lugar, como extensión de Sí mismo, de la propia dinámica de Su Propio Amor: la Creación. Nosotros. El Hijo (los Hijos). La Tercera Persona del Verbo que dice el catolicismo. El resto, el Multiverso que habitamos, vino por añadidura en aras del Amor-Libertad. Como el “espacio propio” donde poder co-exisitir.

Las fuerzas generadoras, activas, masculinas en equilibrio natural con las fuerzas generativas, pasivas, femeninas constituyen unas de las claves de la estructuración cohesionada del Multiverso. Ley de polaridad. El Kybalión. ¿Lo recuerdas? Eso por un lado. Por otro son la base interna de toda la actividad co-creadora a través de la cual progresa la evolución global (ley de generación, ley del ritmo). La nuestra y, por extensión (ley de vibración), la del Universo.

Desde hace ya demasiado, la energía masculina se ha alzado con el protagonismo en nuestro devenir terreno y lo femenino se domeña, aparta o elimina. Empezando por el propio Planeta, por Gaia. Calendario solar, patriarcado, acción constante… Sin la correspondiente energía femenina, la masculina únicamente es capaz de “parir” producción, nuestro actual mundo. Construcción, destrucción, dinero, compra, venta, eliminación de obstáculos… Toda nuestra maquinaria/abstracción socioeconómica es prototípica de ello. La espiritualidad, también. Dioses que castigan si no se llega al “objetivo” o si se discrepa. Incluso la felicidad. Se ha de ser feliz. Se venden mil métodos para que lo seas rápidamente y sin esfuerzo. Hasta pastillas que te ayudan a barrer lo que te haga sentir distinto.

Producir. La energía masculina no puede hacer más que producir, por definición. No generar. Por lo que es un sistema que se agota en sí mismo. Con las nuevas energías Acuario, desde 2012 especialmente, estamos asistiendo (soportando) a la podredumbre de este imperio.  

Hacer. Lograr. Tener. Acumular. Son las premisas de este falso avance, de una supuesta mejora de vida donde el significado de una “vida mejor” se mantiene enquistado en la misma rueda. Un sistema que se nos vende como de beneficiario, pero del cual somos la leña de la caldera. El sistema por el sistema. Todo un engranaje que nos aleja del contacto con la otra energía, la femenina. La energía de SER. De la conexión. La reflexión. La atención.

Resulta imperioso devolver el empoderamiento femenino al lugar que le corresponde.

Tiempo es ya de volver a instaurar el equilibrio.

Urge. No tenemos ni idea de cuánto.

Gabriel Padilla

www.gabrielpadilla.es

 

 

SAN JUAN: la fiesta de los elementos

  San Juan es una de las fiestas más celebradas en toda la cultura mediterránea, aunque no exclusivamente. Se trata de la festividad pagana dedicada al solsticio de verano.

Se celebra el protagonismo del Sol, que nos ilumina durante más horas al día, la eclosión de la naturaleza (plantas, hierbas, flores están en su punto álgido)…

Se considera que durante esa noche la Naturaleza y todos sus seres están más despiertos que nunca y la magia puede hacerlo todo posible.

Como en muchas otras ocasiones, el cristianismo asimiló dicha celebración retrasando la festividad del 21 (día del solsticio) al 24, para conmemorar así el nacimiento de Juan el Bautista. Sin embargo, sus amplísimas raíces paganas se mantienen intactas aún en nuestros días.

Como reza el título del presente post san Juan es la noche de los cuatro elementos. Quizá el momento del año en el que el hombre más en contacto se está con las propiedades “mágicas” de la Naturaleza.

ELEMENTO FUEGO (Y AIRE): Es la noche de las hogueras de renovación donde nos deshacemos de todo lo viejo, lo caduco… Quemamos todo cuanto no nos sirve. También saltamos por encima de ellas, o pasamos sobre ascuas ardiendo para purificar nuestras vidas. Hubo quien dijo que las cenizas de estas hogueras curaban la sarna, los granos, las grietas de las manos…

ELEMENTO AGUA: Se dice que el agua también adquiere esta noche propiedades altamente benéficas. Hay muchas tradiciones al respecto, como bañarse al amanecer en la playa, ríos o afluentes para purificar el cuerpo y entrar en la nueva época con energías renovadas. Antiguamente la gente también se revolcaba sobre el rocío de prados y campos para curarse afecciones de la piel o dejaban toda la noche al sereno barreños de agua para lavarse la cara a la mañana siguiente, a fin de mantener la piel siempre joven y lozana.

ELEMENTO TIERRA: También las plantas adquieren esta noche virtudes especiales, y más concretamente las medicinales. Se recogían esta noche y se almacenaban para el resto del año

El País de las Cucharas Largas

Cuentan que viajaba un extranjero por un país extraño y, perdido como estaba a causa de un mapa más bien escaso de indicaciones, el azar lo condujo hasta un minúsculo pueblo que parecía estar formado únicamente por dos enormes casas, una a cada lado de la carretera. “Bienvenido al País de las Cucharas Largas”, saludaba un letrero a la entrada del pueblo. Pero lo cierto es que no se veía un alma. No fue hasta que aparcó el coche y paró el motor que le pareció escuchar algún tipo de murmullo, ruidos, voces apagadas y lejanas.

  Se bajó del coche con la esperanza de encontrar a alguien que le indicase cómo volver a la carretera principal y se dirigió a la casa de donde parecían proceder tan sordo jaleo. Lo cierto es que conforme se fue acercando a la entrada los sonidos procedentes del interior iban haciéndose cada vez más fuertes. Al principio el extranjero se animó ante la evidencia de que allí había gente. Tal vez, pensó, estén todos celebrando alguna reunión vecinal. Pero en cuento atravesó el umbral del edificio su ánimo se transformó en preocupación. Ahora, claramente, se oían gritos, lamentos, llantos…

Apresurado por prestar auxilio el extranjero encontró la habitación de donde provenía semejante algarabía. Y cuál fue su sorpresa cuando, al abrir las puertas, se encontró con una sala de banquetes, llena de largas y blancas mesas, y sobre ellas una extraordinaria abundancia de comida. Platos de todo tipo, carnes de las más variadas, frutas, postres, mariscos, inmensas tartas decoradas… A pesar de lo cual los comensales allí reunidos no dejaban de llorar desconsoladamente, de gritar hasta el desespero. Todos tenían una delgadez extrema, la cara demacrada, los huesos de las… ¡Cielos! Se fijó el extranjero. No tenían manos. En su lugar tenían enormes y largas cucharas. Unas cucharas extremadamente largas. Tan largas que resultaba imposible llevarse nada a la boca. ¡Dios mío, la gente estaba llorando de hambre!

Por supuesto que en cuanto lo vieron entrar todos intentaron abalanzarse sobre él, en un intento desesperado por que les ayudase a comer. Afortunadamente, el extranjero supo reaccionar a tiempo y salir huyendo.

Las prisas y la inercia lo llevó a refugiarse al edificio de enfrente. Y a penas cuando le asaltó el temor de volver a encontrarse con una situación similar lo que escuchó fue una dulce música y risas. Parecía… Sí parecía una… ¿fiesta? No dudó en acercarse a fisgonear y en efecto, en una sala muy parecida a la del edificio anterior, encontró una enorme sala de banquetea, llena de largas y blancas mesas, y sobre ellas la misma extraordinaria abundancia de comida. Pero allí la gente era feliz. Carecían de manos, como sus vecinos. En su lugar también tenían enormes y largas cucharas que les impedían llevarse la comida a la boca. Pero allí todo el mundo estaba alimentado. Cada comensal, pausada y cariñosamente, daba de comer a su pareja de mesa.

Versión de Gabriel Padilla

¿ERES BUENO O ERES “BUENISTA”?

En este mundo existen las personas buenas y personas que practican el  “buenismo”.

A simple vista no se diferencian en nada. Siempre están dispuestas a echar un cable, a dejar de lado sus necesidades para socorrer en el problema, para ayudarte a resolver un conflicto… Por lo general son atentas, amables, siempre tienen la sonrisa, la palabra adecuada, el consejo… Sin embargo, si rascamos en los mecanismos internos de unas u otras lo que encontraremos será una separación abismal entre ambos comportamientos. Veamos estas  diferencias.

Para empezar, ser una buena persona es un rasgo que pertenece a la condición, a la conciencia, de cada ser humano cuya guarda y guía queda regida por los valores, creencias, actitudes, comportamientos… que le son propios y definitorios. Los “buenistas”, lejos de actuar desde los propios rasgos personales, identifican un modelo de “lo que debe ser” y, cual Frankenstein, generan una imagen prototípica que usarán como molde o como vaso de medidas, tanto para ellos, como para el resto del mundo.

Las consecuencias de ello son bastante amplias. El “buenista” obvía sus propios rasgos personales (quién es, qué quiere, qué necesita…) en pro de encajar en la horma por la que se rige. Lo que siente, lo que hace, lo que quiere… deja de tener valor. Lo importante es cumplir con los cometidos que permitan “ser” como el modelo. Da igual si tiene que obligar a su familia cada domingo a comer con la madre viuda. Eso es lo que debe hacer un buen hijo. Da igual dejar de estudiar para el examen de mañana, si mi amiga ha discutido por enésima vez con el novio. Un/a buen amigo/a debe estar ahí en todo momento. Ya buscaré la excusa de por qué no acabé el informe a tiempo. Sé que me va a repercutir, pero tenía que ayudar al compañero a hacer el suyo. Si no se entretuviera tanto contestando emails… Un “buenista” siempre “tiene que…”, “debe de…” Vive desde la obligación autoimpuesta por alcanzar ese modelo que, como todo modelo ideal (perteneciente al mundo de las ideas), siempre acabará resultando inalcanzable.

No tiene por qué dejar de ser “buena” una persona en contacto con su poder personal. Al contrario. La ayuda siempre pasa por uno mismo. (Egoismo, diría el “buenista”). Pasa por saber si puedo o no ayudar, si estoy en disposición (física, mental, emocional…) de hacerlo, de si va en contra de lo que siento o pienso en este momento, de si me va a causar a mí un perjuicio… Pasa por mi decisión y mi perfecto derecho de decir “no” o “basta”. El “buenista” carece en todo momento de límites. La necesidad ajena o requerida por la situación es lo único que importa. El “buenista” se sacrifica y no duda en tirarse a una piscina llena de tiburones para salvar al que ha caído. En cortarse un brazo para dar de comer carne al necesitado.

Y así se lo presumen frente al resto del mundo, al cual, obviamente juzgará en base a si son capaces de hacer lo que él/ella o no. Cuántos lutos no realizados se critican por aquellas que lo llevaron durante años, porque “es lo que debe ser si uno respeta y quiere de verdad a su marido”. Una crítica virulenta y feroz. El mismo trato a los demás reflejo en realidad de cómo me estoy tratando a mí mismo/a. ¡Para ellos ser buena persona implica un enorme sacrificio! Normalmente el propio.

¿Qué es lo que hay de fondo en este tipo de comportamientos? Bajo el disfraz de la abnegación, la sumisión en beneficio de los demás, la eterna sonrisa, la pose amable, la palabra moderada… lo que se esconde es una necesidad. La necesidad de gustar, de caer bien, la necesidad que los demás nos quieran, la necesidad de que los demás nos reconozcan, la necesidad de sentir que tenemos un hueco en el sistema (familiar, social, laboral…), a veces la necesidad de “ser alguien”. El supuesto altruismo muestra su verdadera cara cuando decimos “con lo que yo he hecho por fulano”, “con lo que he llegado a sacrificarme por mengano”… Todo el sacrificio, toda la autotraición espera su recompensa: no ser abandonado, ser querido, ser cuidado…etc. ¿Por quién, verdaderamente me estoy sacrificando? ¡Por mí! Porque espero recuperar mi inversión. ¿El egoísmo es decir “no”, “no puedo” o invertir con vistas al beneficio que secretamente espero obtener en el futuro? ¿Altruismo o, al cabo, manipulación?

Cuando esto no se da, los “buenistas” reaccionan alteradamente, exageradamente sin comprender nada de lo que ocurre. Es cuando deciden que “no vale la pena ser tan bueno” o que “siendo bueno lo único que consigues es que la gente te pise / se aproveche de ti”. No entienden por qué la gente no les reconoce lo que hacen por los demás. Y la respuesta es sencilla. Básicamente no se les reconoce porque ellos no están ahí. Actúa una pose, una necesidad. No un Yo. Nunca se muestran, nunca se dejan ver. Al esconderse tras el interés las propias acciones, los “enormes sacrificios” (que en demasiadas ocasiones realmente lo son) se despersonalizan. No se dan cuenta de que traspasan la línea. Y aunque bajo su visión distorsionada se consideran personas serviciales, a ojos del resto no se muestran más que como servidumbre. Y a la servidumbre nadie la tiene en cuenta. Simplemente hacen su trabajo.

Los tres consejos

Una pareja de recién casados era muy pobre y vivía de los favores de un  pueblito del interior. Un día el marido le hizo la siguiente propuesta a su  esposa: “Querida yo voy a marcharme de casa. Voy a viajar bien lejos, a buscar un empleo y trabajar hasta tener condiciones para regresar y darte una vida mas cómoda y digna. No se cuánto tiempo voy a estar lejos. Solo te pido una cosa, que confíes en mí y me esperes”.

Así, siendo joven aún, caminó muchos días a pie hasta encontrar un  hacendado que estaba necesitando de alguien para ayudarlo en su hacienda. El joven llegó y se ofreció para trabajar y fue aceptado.

Pidió hacer un trato con su jefe, el cual fue aceptado también. El pacto fue el siguiente: “Déjeme trabajar por el tiempo que yo quiera y cuando yo encuentre quedebo irme, el señor me libera de mis obligaciones: Yo no quiero recibir mi salario. Le pido al señor que lo coloque en una cuenta de ahorro hasta el día en que me vaya. El día que yo salga. usted me dará el dinero que yo haya ganado”.

Estando ambos de acuerdo, aquel joven trabajó durante 20 años, sin vacaciones y sin descanso. Después de veinte años se acercó a su patrón y le dijo: “Patrón, yo quiero mi dinero. Quiero regresar a mi casa”.

El patrón le respondió: “Muy bien. Hicimos un pacto y voy a cumplirlo. Pero que antes quiero hacerte una propuesta. Yo te doy tu dinero y tú te vas, o te doy tres consejos y no te doy el dinero y te vas. Si yo te doy el dinero, no te doy los consejos y viceversa. Vete a tu cuarto, piénsalo y después me das la respuesta”.

El pensó durante dos días. Buscó al patrón y le dijo: “QUIERO LOS TRES  CONSEJOS.”

El patrón le recordó: “Si te doy los consejos, no te doy el dinero.”

Y el empleado respondió: “Quiero los consejos.”

EL patrón entonces le aconsejó:

1.. ‘NUNCA TOMES ATAJOS EN TU VIDA. Caminos mas cortos y desconocidos te  pueden costar la vida.

2. NUNCA SEAS CURIOSO DE AQUELLO QUE REPRESENTE EL MAL, pues la curiosidadpor el mal puede ser fatal.

3. NUNCA TOMES DECISIONES EN MOMENTOS DE ODIO Y DOLOR, pues puedes arrepentirte demasiado tarde.

Después de darle los consejos, el patrón le dijo al joven, que ya no era tan joven:

– AQUÍ TIENES TRES PANES, dos para comer durante en viaje y el tercero es para comer con tu esposa cuando llegues a tu casa.

El hombre entonces siguió su camino de vuelta de veinte años lejos de su casa y de su esposa, que él tanto amaba.

Después del primer día de viaje, encontró una persona que lo saludó y le preguntó: “¿Para donde vas?'”

Él le respondió: “Voy por un camino muy distante que queda a más de veinte días de caminata por esta carretera”.

La persona le dijo entonces: “Joven, este camino es muy largo. Yo conozco un atajo. Si lo tomas llegarás en pocos días”.

El joven contento comenzó a caminar por el atajo cuando se acordó del  primer consejo, ‘NUNCA TOMES ATAJOS EN TU VIDA. CAMINOS MAS CORTOS Y  DESCONOCIDOS TE PUEDEN COSTAR LA VIDA’

Entonces se alejó de aquel atajo y volvió a seguir por el camino normal. Dos días después se enteró de otro viajero que había tomado el atajo y lo  asaltaron, lo golpearon y le robaron toda su ropa.

Después de algunos días de viaje, y cansado en extremo, encontró  una pensión junto a la carretera. Era ya muy entrada la noche y parecía que todos dormían, pero una mujer malencarada le abrió la puerta y lo atendió.  Como estaba tan cansado, tan solo le pagó la tarifa del día sin preguntar  nada y después de tomar un baño se acostó a dormir. De madrugada se levantó asustado al escuchar un grito aterrador. Se puso de pie de un salto para ver qué estaba sucediendo. Pero cuando estaba abriendo la puerta se acordó del segundo consejo. ‘NUNCA SEAS CURIOSO DE AQUELLO QUE REPRESENTE EL MAL PUES LA CURIOSIDAD POR EL MAL PUEDE SER FATAL’

Regresó y se acostó a dormir. Al amanecer, después de tomar café, el dueño de la posada le preguntó si no había escuchado un grito y él le contestó que sí, que lo había escuchado. El dueño de la posada de preguntó: “¿Y no sintió curiosidad?” Él le contestó que no. A lo que el dueño le respondió: “Usted ha tenido suerte en salir vivo de aquí, pues en las noches nos acecha una  mujer maleante con crisis de locura, que grita horriblemente y cuando el huésped sale a enterarse de qué está pasando, lo mata, lo entierra en el quintal y luego se esfuma”.

El joven siguió su larga jornada, ansioso por llegar a su casa.Después de muchos días y noches de caminata, ya al atardecer, vio entre los árboles humo saliendo de la chimenea de su pequeña casa, camino y vio entre los arbustos la silueta de su esposa. Estaba anocheciendo, pero alcanzó a ver que ella no estaba sola. Anduvo un poco más y vio que ella  tenía sobre sus piernas a un hombre, al que estaba acariciando los cabellos.

Cuando vio aquella escena, su corazón se llenó de odio y amargura y decidió correr al encuentro de los dos y matarlos sin piedad. Respiró profundo, apresuró sus pasos, cuando recordó el tercer consejo. ‘NUNCA TOMES DECISIONES EN MOMENTOS DE ODIO Y DOLOR, PUES PUEDES ARREPENTIRTE DEMASIADO TARDE’

Entonces se paró y reflexionó. Decidió dormir ahí mismo aquella noche y al día siguiente tomar una decisión. Al amanecer ya con la cabeza fría, el dijo: ‘NO VOY A MATAR A MI ESPOSA’. Voy a volver con mi patrón y a pedirle que me acepte de vuelta. Solo que antes, quiero decirle a mi esposa que siempre le fui fiel a ella.’

Se dirigió a la puerta de la casa y tocó. Cuando la esposa le abre la puerta y lo reconoce, se cuelga de su cuello y lo abraza afectuosamente. Él trata de quitársela de encima, pero no lo consigue. Entonces con lágrimas en los ojos le dice:

-Yo te fui fiel y tú me traicionaste…

Ella espantada le responde: ‘¿Cómo? Yo nunca te traicioné. Te esperé durante veinte años.

Él entonces le preguntó: ¿Y quien era ese hombre que acariciabas ayer por la tarde?

Y ella le contestó: ‘AQUEL HOMBRE ES NUESTRO HIJO. Cuando te fuiste, descubrí que estaba embarazada. Hoy él tiene veinte años de edad.

Entonces el marido entró y conoció y abrazó a su hijo y les contó toda su historia. En cuanto su esposa preparó la cena se sentaron a comer el último pan juntos. DESPUÉS DE LA ORACIÓN DE AGRADECIMIENTO, CON LÁGRIMAS DE EMOCIÓN, el partió el pan y al abrirlo, se encontró un cheque con todo su dinero, el pago de sus veinte años de dedicación

La conciencia del ahora



La mente siempre está en el pasado o en el futuro. No puede estar en el presente, es absolutamente imposible para la mente estar en el presente. Cuando estás en el presente, la mente ya no está ahí, porque mente equivale a pensar. ¿Cómo puede pensar en el presente? Puedes pensar en el pasado; ya se ha convertido en parte de la memoria y la mente puede trabajar con ello. Puedes pensar en el futuro; todavía no está aquí y la mente puede soñar con ello. La mente puede hacer dos cosas: puede moverse hacia el pasado, donde hay espacio de sobre para moverse, el vasto espacio del pasado, en el que puedes seguir y seguir penetrando; o puede moverse hacia el futuro, donde también hay un espacio infinito, en el que puedes imaginar y soñar sin límites. […] El presente es solo una línea divisoria, nada más. Separa el pasado del futuro, no es más que una línea divisoria. Puedes estar en el presente, pero no puedes pensar en él […]

Vive el momento. Incorpora todo tu ser al momento. No dejes que el pasado interfiera y no dejes que el futuro se entrometa. El pasado ya no existe, está muerto. Y, como dice Jesús: “dejad que los muertos entierren a los muertos”. El pasado ya no existe. ¿Por qué te preocupa? ¿Por qué sigues rumiando una y otra vez? ¿Es que estás loco? Ya no existe; sólo está en tu mente, es solo un recuerdo. El futuro no existe todavía. ¿Qué haces pensando en el futuro? Si todavía no existe, ¿cómo puedes pensar en ello? ¿Qué puedes planear? Hagas lo que hagas no va a ocurrir y entonces te sentirás frustrado, porque la Totalidad tiene su propio plan. ¿Por qué te empeñas en hacer tus propios planes en contra de los suyos?

La existencia tiene sus propios planes, es más sabia que tú. El todo tiene que ser más sabio que la parte. ¿Por qué finges ser tú el todo? El todo tiene su propio destino, su propio cumplimiento. ¿Por qué te molestas con eso? Hagas lo que hagas, será un pecado, porque te perderás el momento, este momento. Y eso se convierte en un hábito – que se convierte-, si empiezas a perderte, se convierte en una forma habitual; y entonces cuando el futuro llegue, te lo perderás también, porque cuando llegue ya no será un futuro, será un presente. Ayer estabas pensando en hoy, porque entonces hoy era mañana; ahora es hoy y tú estás pensando en mañana, y cuando llegue el mañana se habrá convertido en hoy, porque todo existe aquí y ahora; no puede existir de otro modo. Y si tienes un modo fijo de funcionar, de manera que tu mente siempre mira al mañana, ¿cuándo vives? El mañana nunca llega. […]

Se dice en las antiguas escrituras tibetanas que Dios acude muchas veces a ti, pero que nunca te encuentra allí donde estás. Llama a tu puerta, pero el habitante no está; siempre está en algún otro sitio […]

Tú no estás presente. No estás en el presente ni para el mundo ni para ti mismo. Esto es estar dormido […] El dueño de la casa no está. Los ojos miran, los oídos oyen, pero el dueño de la casa no está presente dentro. Los ojos no son más que ventanas; no pueden ver a menos que veas por medio de ellos. ¿Cómo va a ver una ventana? Tienes que ponerte tú en la ventana, y sólo entonces puedes ver. ¿Cómo? Es sólo una ventana, no puede sentir. Si tú estás ahí, entonces la cosa es completamente diferente.

Fragmento de Osho, Conciencia. La clave para vivir en equilibrio