2017. Año violeta. Año de Acuario

         Puede resultar facilón decir que este 2017 es un año fundamental, trascendental dentro del proceso de progresión evolutiva que estamos llevando a cabo. En realidad qué año no lo es. ¿Qué peldaño no es fundamental para una escalera? Sin embargo este ya inaugurado 2017, después del pasado 2012 es quizá el que merezca más estos adjetivos o esta especial atención, como a continuación veremos. Pero para ello, hemos de contextualizar.

            Venimos de un largo camino; quién lo duda. Un camino cada vez más marcado y acotado, a medida que las energías Acuario van logrando consolidar huecos. O mejor dicho, un camino cada vez más marcado y acotado precisamente para que las energías Acuario vayan consolidando su puesto. Porque, tal y como expongo en la introducción de mi libro La Llamada del Guerrero (2012-2020) venimos de una Era anterior donde no se pudieron hacer los “deberes”. [A quien le interese algo más de detalle que visite la página del libro en Amazon. Allí podrás leer el prólogo donde me explayo con más detalle al respecto]. De una armónica presencia / convivencia en los reinos de la naturaleza, de la comprensión del hábitat, de la llegada preparatoria de los grandes mensajes “religiosos”… etc que debían ser la previa a la llegada del actual Acuario, resultó un empoderamiento del ego (es lo que ocurre cuando confunde responsabilidad con poder, y sin un atisbo de conciencia) cuyo resultado ha sido el dominio, el arrinconamiento, la destrucción de los reinos, la conquista del entorno, el ensalzamiento de la materia como expresión de poder o la tergiversación de los mensajes espirituales en pro de intereses partidistas. Repito: no me extiendo al respecto. Remito al lector al prólogo de la obra.

La cuestión es que entre semejante panorama la llegada de la Nueva Era (aumento de la conciencia, de la identidad transpersonal, hermanamiento, protagonismo de las partes en la forma de un Todo, alcance de la automaestría, elevación vibracional… etc, etc.) se dio de bruces. Aunque únicamente en sus primeros años. No se tardó en focalizar todos los recursos por reconducir la situación. Y después de los primeros índigo, llegaron los cristal y posteriormente otros tantos (“niños de las estrellas”, “niños de ángel”… aquí no hay una nomenclatura popularizada, tal vez porque, al fin, en realidad poco importa la etiqueta) con capacidades más despiertas y, sobretodo, las lecciones mejor aprendidas, especialmente a partir de los 90.

Sin embargo es desde de la definitiva consolidación de la nueva energía (de la nueva dinámica evolutiva, que al cabo es de lo que estamos hablando), que es necesario realizar un llamado. Una llamada general.

Tras el famoso, y parece que ya olvidado, 2012 donde entre en el período comprendido entre las sincronicidades del 12-12-12 y el 21-12-12 se lleva a cabo el asentamiento definitivo. Un asentamiento que se conjuga con un aumento vibracional del planeta, fruto del trabajo evolutivo colectivo (que la anterior Era no se hubiese llevado a cabo según lo previsto en absoluto implica que no se consiguiese nada), por el cual desciende la densidad de la materia planetaria permitiéndonos permeabilizar, para resumirlo rápido, rasgos que nos son propios en nuestras identidades de cuarta y quinta dimensión con mayor facilidad.

Aprovechando todo ello, desde la Hermandad Blanca se realiza lo que se conoce como la “Llamada del Guerrero” .Se abre un período de conciencia interna por el que se insta a todos los trabajadores de Luz, a todos cuantos estamos encarnados aquí, en la Tierra, a reflexionar sobre nuestra labor, sobre nuestra misión y a ser más militantes que nunca. (El sentido del libro que se instó a divulgar es una herramienta más de la Hermandad para tal fin). Un período que en nuestro plano terrestre alcanza desde el propio año 2012 hasta el año 2020/2021 y en el que debemos trabajar por reconducir la situación.

Una llamada a nivel de Yo Superior de cuantos estamos encarnados desde la que se nos insta a asumir nuestras responsabilidades. Las responsabilidades de nuestras vidas (la primera batalla de todo Guerrero de Luz siempre es interna). Una llamada que apela al orden y la conciencia: ¿cuántas veces hemos creído estar hablando o actuando desde la Luz y en realidad se nos había colado el ego, nuestras sombras? (Te remito lector, a mi conferencia Los 10 errores de la espiritualidad, uno de los pasajes más importantes de cuantos se me dieron para el libro). Una llamada a la acción. Debemos ser militantes, activos y proactivos del Bien y para el Bien. Basta de autocomplacencia. Basta de escondernos. Basta de no saber decir “basta” frente a lo injusto, al mal y a la Oscuridad. Recuerda siempre que no estás solo. Recuerda siempre que tú eres un miembro activo de la Hermandad Blanca, trabajando aquí y ahora.

Nos encontramos sin lugar a dudas en el período de mayor vibración de la historia de la Humanidad. Y esto va a seguir in crescendo. Pero de nada servirá sin acción consciente. Siempre pensando desde la mente, a veces creemos que son las dinámicas energéticas las que cambiarán la situación. Es como creer que la fama de un buen equipo de fútbol ganará el partido, con todos los jugadores sentados en el banquillo.

Pues bien, el presente año 2017 es el año central de todo este período descrito. Un año que va a resultar mucho más que simple in pass. Es el año en el que se establece un nexo evolutivo entre la primera etapa del proceso y la etapa siguiente y final que concluirá, como dije hacia 2020/2021. La vuelta definitiva de una rueda que, antes que marcar un fin, continua girando por su propia inercia hacia un nuevo principio. Se señala en su mismo significado numerológico. Si reducimos a un solo dígito la cifra del año (2+0+1+7) obtenemos 10 que, de reducirlo (1+0) daría 1.

El año 2017 es un año de unidad y conexión. Un año en el que descubrir nuestra maestría interior entendiendo que nada ni nadie externos va a poder hacer brillar nuestra luz, salvo nosotros. Es el año donde descubrir todo nuestro potencial, toda nuestra autonomía. De recuperar todo el poder personal disperso por nuestras sombras y de reafirmar nuestro Yo. Mas un Yo que no está aislado. Un Yo que no permanece en ningún momento al margen de cuanto le rodea. Un Yo capaz de crear junto al resto. Así lo hace la unión del 1 y el cero. Es el año para entender definitivamente el protagonismo de nuestra individualidad en el Todo, así como los beneficios del Todo hacia cada uno de nuestras individualidades. “La evolución será global o no será”. ¿Os suena?

Por otro lado, el presente 2017 podemos contemplarlo como un año de concentración. En él se unifican todas las experiencias colectivas y personales trabajadas a lo largo del período que se inició en 2012. Como sabéis, cada año, en Wesack, desde la ciudad etérica de Shambala se ancla el Espíritu Ascendente que regirá el año próximo. Es la energía que marcará la labor de evolución colectiva y que reorienta y apoya también las propias misiones de vida que cada uno lleva a cabo. El espíritu Ascendente se corresponde cada año con uno de los siete Rayos Universales. La Llamada del Guerrero se inició en 2012, dentro de la dinámica del Rayo Amarillo, rayo de la Iluminación a través de la que hubo mucho despertar “repentino”, mucho hermanamiento con los Yo Superior o como mínimo una mayor conciencia de ese “algo más” existente. Le siguió la energía de Rayo Rosa a través de la cual los despertares que seguía produciéndose fueron arropados (suavizados, acompañados…) por el pulso del Amor Divino; o en vano el maestro Saint Germain se refiere a este Rayo como “Sabiduría-Amor”. A partir de aquí las vibraciones fueron en aumento, y nos encaramos hacia el Rayo Blanco: el reconocimiento de quiénes somos en realidad, de quiénes somos Hijos, de a dónde pertenecemos. El maestro Serapis Bey nos dio un toque, recordándonos que “para lo cósmico no hay tiempo”. No hay lugar para la autocomplacencia. La evolución requiere de una labor constante y real. Los velos se rasgaron para muchos. Tras el trabajo de reconocimiento de nuestra Luz, llegamos a 2015 con la vibración de Rayo Verde. Y si con el Rayo Blanco muchas historias que no tocaban ya vieron la luz para ser resueltas, de manera mucho más incipiente ocurrió con la llegada de la energía del rayo de la verdad y la sanación. Este rayo nos invitaba a trabajar sobre nuestra mente, sobre nuestros procesos tramposos que nos impiden avanzar o nos enseñan verdades distorsionadas. Este pasado año, 2016, fue el año del Rayo Rojo, la vibración de lo místico, y de la manifestación de nuestra Luz interior en la realidad exterior donde habitamos. El presente 2017 recoge toda la labor hecha (que cada uno haya llevado a cabo a lo largo de la Llamada) y entra de lleno con las vibraciones de Rayo Violeta.

Anteriormente decía que es un año de concentración. Fijaos. El espíritu ascendente coincidiendo con la vibración de la Era: violeta y violeta. Es un año que refleja el proceso que hemos llevado a cabo a lo largo de las distintas eras, con nuestra presencia terrestre, para realizar la culminación. En ambos casos, el logro de permeabilizar nuestras identidades de Luz a través de nuestras identidades terrenas. Va a ser un año más Acuario que cualquiera de los que hayamos vivido. Pero no para finalizar un proceso. Sino para continuar. Este año concentra, recoge y favorece acabar de trabajar, con mayor celeridad si cabe, cuantas coletillas hayamos dejado sueltas (no en vano es el rayo de la Transmutación), para poder dar el salto cuántico que va a suponer el venidero 2018. El maestro Saint Germain lo resume perfectamente: “el que cierra el ciclo, el punto donde todo es transformado; (…) es el Rayo a través del cual actúan las fuerzas mayores y trasmutadoras del universo; es el Rayo que provoca el cambio, el que acelera el movimiento, el que da el impulso final a esos pequeños saltos cuánticos que la materia y la sustancia dan, al pasar de un ciclo al siguiente”. Es por ello que en el presente año tendremos nada menos que dos portales. Uno de inicio, el pasado 1/1/1 donde se focalizarán las energías de concentración y transmutación, y uno final, el 10/10/10 donde se iniciará el paso evolutivo hacia el nuevo ciclo recogiendo y expandiendo el nuevo orden que hayamos podido lograr. Como siempre, de nosotros depende.

Mas esta rapidez, acelerada por la corriente de energía diamantina que entró el año pasado, tal y como os expliqué en la conferencia sobre 2016, no va a provocar cambios traumáticos. Si algo tiene de bueno la vibración violeta es que es una vibración de contundencia amorosa. Seguramente no viviremos los cambios de manera tan brusca como en otros períodos. Todo se irá colocando en su orden necesario pero desde el Amor. Sí. Va a ser un año que acogerá los cambios con cierto arropo cósmico. Fijáos que el Rayo Violeta está formado por la conjugación de las energías de Rayo Azul (el Orden Divino) y Rayo Rosa (Amor divino). De modo que focalizaos en Amor. Vuestras sombras, las que os afecten de los demás, en todas las situaciones y en todos los órdenes del día. Veréis como todo va progresando de la manera más adecuada, sólida y apacible, aunque en alguna ocasión podáis no vivirlo así en primera instancia.

Se nos avecina ya un año intenso, en el que podréis poner en orden vuestras vidas y vuestro interior si os cuadráis con las energías regentes. El único problema para este año será comprobar cómo son capaces de revolverse aquellos aún establecidos en las dinámicas oscuras aún no resueltas de la Era anterior. Pero ocupémonos de nosotros mismos. Mantengámonos vibrando siempre en el Orden del Amor: el Rayo Violeta.

Muy feliz año.

Gabriel Padilla

Puedes ver el video de este post en mi canal de YouTube

 

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