¿ERES BUENO O ERES “BUENISTA”?

En este mundo existen las personas buenas y personas que practican el  “buenismo”.

A simple vista no se diferencian en nada. Siempre están dispuestas a echar un cable, a dejar de lado sus necesidades para socorrer en el problema, para ayudarte a resolver un conflicto… Por lo general son atentas, amables, siempre tienen la sonrisa, la palabra adecuada, el consejo… Sin embargo, si rascamos en los mecanismos internos de unas u otras lo que encontraremos será una separación abismal entre ambos comportamientos. Veamos estas  diferencias.

Para empezar, ser una buena persona es un rasgo que pertenece a la condición, a la conciencia, de cada ser humano cuya guarda y guía queda regida por los valores, creencias, actitudes, comportamientos… que le son propios y definitorios. Los “buenistas”, lejos de actuar desde los propios rasgos personales, identifican un modelo de “lo que debe ser” y, cual Frankenstein, generan una imagen prototípica que usarán como molde o como vaso de medidas, tanto para ellos, como para el resto del mundo.

Las consecuencias de ello son bastante amplias. El “buenista” obvía sus propios rasgos personales (quién es, qué quiere, qué necesita…) en pro de encajar en la horma por la que se rige. Lo que siente, lo que hace, lo que quiere… deja de tener valor. Lo importante es cumplir con los cometidos que permitan “ser” como el modelo. Da igual si tiene que obligar a su familia cada domingo a comer con la madre viuda. Eso es lo que debe hacer un buen hijo. Da igual dejar de estudiar para el examen de mañana, si mi amiga ha discutido por enésima vez con el novio. Un/a buen amigo/a debe estar ahí en todo momento. Ya buscaré la excusa de por qué no acabé el informe a tiempo. Sé que me va a repercutir, pero tenía que ayudar al compañero a hacer el suyo. Si no se entretuviera tanto contestando emails… Un “buenista” siempre “tiene que…”, “debe de…” Vive desde la obligación autoimpuesta por alcanzar ese modelo que, como todo modelo ideal (perteneciente al mundo de las ideas), siempre acabará resultando inalcanzable.

No tiene por qué dejar de ser “buena” una persona en contacto con su poder personal. Al contrario. La ayuda siempre pasa por uno mismo. (Egoismo, diría el “buenista”). Pasa por saber si puedo o no ayudar, si estoy en disposición (física, mental, emocional…) de hacerlo, de si va en contra de lo que siento o pienso en este momento, de si me va a causar a mí un perjuicio… Pasa por mi decisión y mi perfecto derecho de decir “no” o “basta”. El “buenista” carece en todo momento de límites. La necesidad ajena o requerida por la situación es lo único que importa. El “buenista” se sacrifica y no duda en tirarse a una piscina llena de tiburones para salvar al que ha caído. En cortarse un brazo para dar de comer carne al necesitado.

Y así se lo presumen frente al resto del mundo, al cual, obviamente juzgará en base a si son capaces de hacer lo que él/ella o no. Cuántos lutos no realizados se critican por aquellas que lo llevaron durante años, porque “es lo que debe ser si uno respeta y quiere de verdad a su marido”. Una crítica virulenta y feroz. El mismo trato a los demás reflejo en realidad de cómo me estoy tratando a mí mismo/a. ¡Para ellos ser buena persona implica un enorme sacrificio! Normalmente el propio.

¿Qué es lo que hay de fondo en este tipo de comportamientos? Bajo el disfraz de la abnegación, la sumisión en beneficio de los demás, la eterna sonrisa, la pose amable, la palabra moderada… lo que se esconde es una necesidad. La necesidad de gustar, de caer bien, la necesidad que los demás nos quieran, la necesidad de que los demás nos reconozcan, la necesidad de sentir que tenemos un hueco en el sistema (familiar, social, laboral…), a veces la necesidad de “ser alguien”. El supuesto altruismo muestra su verdadera cara cuando decimos “con lo que yo he hecho por fulano”, “con lo que he llegado a sacrificarme por mengano”… Todo el sacrificio, toda la autotraición espera su recompensa: no ser abandonado, ser querido, ser cuidado…etc. ¿Por quién, verdaderamente me estoy sacrificando? ¡Por mí! Porque espero recuperar mi inversión. ¿El egoísmo es decir “no”, “no puedo” o invertir con vistas al beneficio que secretamente espero obtener en el futuro? ¿Altruismo o, al cabo, manipulación?

Cuando esto no se da, los “buenistas” reaccionan alteradamente, exageradamente sin comprender nada de lo que ocurre. Es cuando deciden que “no vale la pena ser tan bueno” o que “siendo bueno lo único que consigues es que la gente te pise / se aproveche de ti”. No entienden por qué la gente no les reconoce lo que hacen por los demás. Y la respuesta es sencilla. Básicamente no se les reconoce porque ellos no están ahí. Actúa una pose, una necesidad. No un Yo. Nunca se muestran, nunca se dejan ver. Al esconderse tras el interés las propias acciones, los “enormes sacrificios” (que en demasiadas ocasiones realmente lo son) se despersonalizan. No se dan cuenta de que traspasan la línea. Y aunque bajo su visión distorsionada se consideran personas serviciales, a ojos del resto no se muestran más que como servidumbre. Y a la servidumbre nadie la tiene en cuenta. Simplemente hacen su trabajo.

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