La misión de tu vida.

Todos y cada uno de nosotros tiene un propósito en su vida. Un propósito que el alma conoce y del que depende no sólo nuestra evolución, sino también la de los demás. 

Tú no lo recuerdas pero tu existencia aquí en la Tierra se debe a un trabajo evolutivo que tú has decidido llevar a cabo.

Tú no lo recuerdas pero provienes de un largo camino de perfeccionamiento que requiere de tu paso por la corporalidad física para seguir avanzando.

Tú eres un ser de Luz, eterno, multidimensional, creado en el origen de los tiempos que ha decidido, junto con el resto de hermanos de Luz apostar por un trabajo interno que nos permita alcanzar la máxima pureza que nos lleve de vuelta, en pura ley de Atracción, a Casa, a la Fuente Creadora de la que surgimos, donde integrar e integrarnos en una existencia consciente de Todo lo que Es y Será por los siglos de los siglos.

Tú no lo recuerdas pero precisamente de eso se trata: de que no recuerdes. ¿Cuánto hay de verdad en nosotros cuando no disponemos de esas “muletas” a través de las que pretendemos definirnos: familia, títulos, trabajo, ropa, coche…? ¿Quién eres realmente, en estado puro, cuando únicamente te tienes a ti mismo?

La Tierra como otros lugares de este multiverso que habitamos, no es más que un campo de alto rendimiento donde por sus especiales características (la tercerdimensionalidad) venimos a trabajar aquéllos aspectos de nuestro interior que, aún siendo maestros, ángeles, intraterrenos, guías…etc, necesitamos hacer aflorar y trabajar. Olvidemos la vieja idea de un grupo cerrado destinado a reencarnarse continuamente en este planeta al margen de la Hermandad Blanca. Nosotros pertenecemos a ella. Nosotros formamos parte de ella.

Los trabajos evolutivos se llevan a cabo en cualquier dimensión que se adecúe a la necesidad de cada uno. Y la conveniencia de los cuales se decide entre los que se encargan de ello (guías, el tribunal Kármico, nuestros Maestros…) y, obviamente, nosotros que desde la identidad de Luz, consciente del Todo, aceptará y/o propondrá la misión y el objetivo a lograr en la misma, en base a lo cual se buscará el mejor enclave, la dimensión más adecuada, los “compañeros” y/o las situaciones más idóneas (lugar de la Tierra, familia, algunas situaciones predeterminadas…) para que se pueda realizar.

Tú no lo recuerdas pero tú ayudaste a diseñar el examen que ahora te pone a prueba. Y desde un gran ejercicio de humildad, desde el olvido, desde la eliminación de las capacidades y los conocimientos de los que gozabas Arriba, has decidido exponerte.

Realmente has sido muy valiente. El trabajo no siempre es fácil pero recuerda dos cosas: nunca estás solo/a, los Hermanos están ahí para echarte un cable cuando lo necesites y el camino siempre estará plagado de pistas que te indicarán cómo lo estás haciendo, por dónde debes continuar o incluso, dónde erraste. Y para ello no hace falta recordar quién eres; tú decidiste jugar con estas reglas. Sólo hace falta tener ojos para mirar y boca para preguntar. “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” (Mateo 7:7-8).

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